La reconversión de la industria marroquinera local

Los fabricantes argentinos se debaten entre importar y producir a nivel interno, entre costos laborales elevados y un tipo de cambio que los perjudica. Cómo sortean esta coyuntura.

Los fabricantes argentinos se debaten entre importar y producir a nivel interno, entre costos laborales elevados y un tipo de cambio que los perjudica.

Los fabricantes argentinos se debaten entre importar y producir a nivel interno, entre costos laborales elevados y un tipo de cambio que los perjudica.

Las manufacturas de cuero fueron muy afectadas por la apertura económica. La realidad de las firmas marroquineras de los años ´70 y las actuales es contrapuesta: hoy, no queda una con el 100% de producción local. Asimismo, las sucesivas crisis redujeron la presencia de negocios en el mercado externo, llevando a las exportaciones a un nivel marginal.

Tampoco en la Argentina se fabrican valijas ni mochilas: son importadas y el principal país de procedencia es China, de donde también llegan ítems que aún se elaboran aquí, aunque las diferencias de costos son abismales. Una situación que no es exclusiva de la industria ni tampoco el país es el único blanco de la ofensiva comercial asiática.

Luciano Ciambella preside Barontini, la compañía que elabora la marca Albanese. "El costo de una cartera china es de u$s 10 y el de una nacional u$s 65", señala. Si con China no se puede competir por el precio, la compulsa tampoco es equilibrada con Europa en cuanto a calidad y tecnología. La empresa apunta a seguir dando batalla, convencida de que "la diferencia está en el diseño", como sentencia su página Web

Por su parte, Matías Bianchi es el gerente General de Primicia, con ocho décadas de presencia en el mercado. No es un desconocido en la empresa: es el nieto de León Kasitzky, uno de sus fundadores junto a su hermano David a fines de los años '30. Primicia resume la evolución del sector.

Desde un principio, los hermanos se volcaron a la producción y, antes de que los funcionarios de turno acuñaran el concepto de "integración vertical", la llevaron a la práctica fabricando herrajes, telas y plásticos. El crecimiento los llevó a expandirse e instalarse en Brasil en 1952. El panorama era más que favorable, pero el "Rodrigazo" les asestó un golpe.

51,44% aumentaron las unidades importadas en el primer bimestre respecto de igual período de 2017, según CIMA.

En la dictadura, la apertura implementada por el exministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz llevó a Primicia a una convocatoria de acreedores. Durante el alfonsinismo se recuperó, pero no volvió a ser lo que era en su esplendor. Bianchi lo precisa: "Teníamos 800 empleados. Hoy, hay 65".

Esta diferencia requiere de una aclaración: los 65 empleados no se dedican por completo a la producción local, como lo hacían los 800 de hace 40 años. "Nos reconvertimos y, además de producir, importamos. Y estamos hace 30 años", señala.

La Cámara Industrial de las Manufacturas del Cuero y Afines de la República Argentina (CIMA), entidad que agrupa a las empresas del sector, explica la reconversión del rubro: "Convivimos con productos importados. Nunca planteamos un cierre de fronteras, sino una administración que nos permita comercializar esos bienes", señala su presidente, Ariel Aguilar.

Esa convivencia a la que Aguilar se refiere transformó a las firmas en productoras e importadoras a la vez, como en el caso de Primicia. "El gran problema es que no solo están importando quienes producen en la Argentina, sino también quienes son 100% importadores", agrega.

El avance de la importación sobre la producción nacional quedó reflejada en una encuesta en la que se comprobó que "el 70% de los productos que se venden son importados y solo el 30% son fabricación nacional, mientras que hace cinco años, la ecuación era inversa".

Esta realidad se manifestó en la reciente Exposición de la Moda y de las Manufacturas del Cuero y Afines de la República Argentina Cemca 81, en la que 57 empresas presentaron en Costa Salguero (Ciudad de Buenos Aires) lanzamientos de la temporada otoño-invierno. Al respecto, el último informe de la cámara añade: "Las importadoras de marroquinería pasaron de 406 registradas en 2015 a 1420 en 2018. Esto significa 1014 importadoras más en dos años".

La información de CIMA da cuenta de una suba del 51,44% de las unidades importadas en el primer bimestre de 2018 respecto de igual período de 2017: "En enero-febrero de este año, ingresaron al país 10.330.279 unidades, mientras que en el mismo lapso de 2017 se importaron 6.821.567, sinónimo de que en los dos primeros meses del año se importaron 3.508.712 ítems más que en 2017".

Si la comparación es contra el primer bimestre de 2016, el aumento del ingreso de unidades importadas llega al 159,42%. Al contrastar los números actuales con los de enero-febrero de 2015, la cifra llega a 346,75%.

Ciambella da su testimonio en su doble condición de empresario y vicepresidente de CIMA: "En los '90, la peleamos para no importar y nos fundimos". Con 70 años de edad y 38 al frente de la empresa en Villa Crespo (Capital Federal), admite que en otro momento habría asumido mayores riesgos, pero hoy toma sus previsiones, y aclara: "No queremos que nos vuelva a pasar, ahora importamos".

Albanese cuenta con 17 empleados, aunque llegó a tener 25. También tiene un local de venta en Santa Fe al 2200 (Ciudad de Buenos Aires). Ciambella recuerda que hasta 2011 exportaron a Chile, Uruguay, Perú, Bolivia, Venezuela, Francia y los Estados Unidos. "Ahora recuperamos parte del mercado uruguayo", indica.

En este contexto, la conservación de los RR.HH. cobra importancia por partida doble. En primer lugar, porque la capacitación es clave en una actividad con una mano de obra intensiva. Pero hay una segunda razón: si un empleado con antigüedad y contactos es despedido, puede utilizar su indemnización para convertirse en importador. "Solo hace falta tener CUIT para traer un contenedor con carteras de China y ponerlas a la venta", advierte un empresario bajo reserva de identidad.

Rodrigo Arrastía está al frente de Leblú, un negocio familiar con tres locales en Villa del Parque y Villa Crespo (Capital Federal) y Quilmes (Buenos Aires), que ofrecen calzado, carteras y billeteras. Llegó a exportar a 19 países y en 2009 se lanzó a la elaboración de calzado para niños y damas, desde una fábrica en Wilde (Buenos Aires). En la actualidad, cuenta con una dotación de 35 empleados. "Producir es muy difícil y caro. Tuve que importar. Aunque en 2004 producíamos 14.000 carteras mensuales, hoy solamente producimos alrededor de 1000", dice.

En tanto, pueden rescatarse ciertos aspectos. Tanto desde Leblú como desde Albanese, señalan que con la afluencia de bienes importados se incrementó la clientela que, además, adquiere algunos productos de fabricación nacional.

Eso es lo que le permitió a Arrastía registrar un incremento del 25% en la venta de carteras de cuero entre 2015 y 2017. Ciambella acota: "Los productos importados atraen a más clientes y también algunos se llevan productos nacionales", si bien admite que "cayó la producción local porque se vende mucho más lo importado, porque es más barato".

Entre producir e importar: la voz de los protagonistas

Desde su taller de Paternal (Capital Federal), Adrián Peker, titular de EZE Cinturones, rememora: "En los '90, traje maquinaria de Italia y exporté a los Brasil, Chile, los Estados Unidos y Panamá. Mi hijo es economista y me recriminaba: 'papá, ¿justo ahora te ponés a producir cuando todo el mundo importa?'"

En 2004, comenzó su "convivencia" con la importación, aunque no deja de repartir responsabilidades por la situación de la industria en general. "Este país no está preparado para exportar. No hay mentalidad para eso", asevera. "Yo fabrico cinturones, todo el sector es así con pocos empleados", indica, haciéndose eco de un reclamo de varios empresarios pymes que sostienen, como él, que "te cae un juicio laboral y tenés que cerrar la fábrica".

Al respecto, propone "cambiar la legislación laboral, porque con estas leyes nadie va a tomar gente" y remata que "con el costo laboral elevado y el tipo de cambio es difícil lograr productividad y competitividad". Menos enfático, Arrastía comparte su preocupación por el costo laboral e impositivo, postura a la que Bianchi parece reacio a sumarse. "Los impuestos no son determinantes", dice, mientras apunta a lo que denomina "una restricción inteligente de las importaciones".

Primicia es otro de los protagonistas que fabrica e importa. Ya no se producen valijas ni mochilas en la Argentina, pero Bianchi aclara que la empresa, si bien no las elabora, se encarga de las reparaciones. Y agrega que las condiciones del mercado interno constituyen un límite que va más allá de cupos y aranceles: "La avalancha de importaciones fue fuerte en 2016, pero el mercado no daba para un incremento tan grande en la cantidad de valijas".

En otras palabras, si no se importa más es porque no hay más demanda. Un postulado que comparte Ciambella, para quien "ahora es mucho más fácil importar, pero si no se reactiva el consumo interno y no se frenan las importaciones, va a explotar de carteras".

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