La incógnita de la “minipymer”

Hace falta preguntarse si se quiere triturar a las pymes o verdaderamente sacarles el jugo, generando un ambiente de cultura de trabajo, seriedad, responsabilidad y profesionalismo.

por  FERNANDO AGLIANO

Agliano & Asoc, consultoría y gestión

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La incógnita de la “minipymer”

¿Cuantos artículos existen diciendo y asegurando que las pymes son grandes generadoras de riquezas y empleo en la Argentina y que representan el mayor porcentaje de participación en la economía?

¿Cuantos estudios, cursos o gurúes hay que nos hablan que los argentinos somos emprendedores por naturaleza y muchas veces somos reconocidos nacional e internacionalmente por su creatividad, profesionalismo y potencialidad?

¿Cuántos libros se escribieron acerca de las empresas familiares, negocios que se van pasando de generación en generación, que forman parte de la cultura argentina, que han sobrevivido a todos los avatares económicos y sociales durante décadas?

¿Cuantas notas y programas de televisión se proyectan dedicados a las economías regionales, a como mejoran la calidad de vida de todo el territorio, empleando a la gente, dándoles un oficio o un propósito?

Entonces, si estamos tan seguros y convencidos de todo esto: ¿por qué no hay reglas claras? ¿Por qué no existen políticas de estado que vayan más allá de un Gobierno para proteger lo que consideramos que es un valor agregado en nuestra economía en donde vemos la máxima expresión de la cultura del trabajo? ¿Por qué convivimos en un ambiente continuamente hostil, en el cual nos desarrollamos con una inflación de las mayores del mundo que no podemos controlar, con una presión tributaria que no da respiro, con impuestos como ingresos brutos e impuestos de sellos que no existen en ningún lugar de la galaxia, con las vedettes “impuesto al cheque” y “SIRCREB” que no son otra cosa que “sacar el dinero ajeno de las cuentas bancarias? ¿Porque nos conformamos con un contexto en que los bancos te prestan a tasas desorbitantes y que en el caso que te califiquen, las solicitudes son de lo más burocráticas que existen, consumiendo tiempos haciéndolos improductivos e innecesarios, sin que los bancos tengan la mayor sensibilidad por lo que deben pasar las pymes. Y ni decir de los excesivos costos laborales alimentados por cuotas sindicales y de conceptos que solo Argentina puede justificarlos. Que una empresa grande despida a 100 empleados nos “pone mal” (con acierto) pero que 100 pymes despidan a 1 empleado no nos moviliza.

Vivimos en un contexto en donde dueños de pymes industriales comentan: mi negocio hoy en día es la bicicleta financiera, no el producto que vendo. En donde muchos empresarios que blanquearon no confían (y con acierto) en nuestra economía y que jamás van a traer el dinero a nuestro país cuando solo demostramos que cambiamos las reglas del juego constantemente.

Un año aceptamos el ajuste por inflación, al otro año lo ponemos en duda; un año derogamos el impuesto a los bienes personales, al otro año decimos que lo dejamos o que “estamos pensando lo que vamos a hacer”. Un año decimos que vamos a bajar la presión tributaria, al otro año lo ponemos en duda y así son muchos ejemplos de los que nos dedicamos a asesorar pymes y que escuchamos en el día a día.

El comercio exterior que juega un papel importante y puede ser un gran motor ante el consumo interno en caída aún no ha despertado o no se siente el efecto derrame.

A este combo explosivo, se le suman los vivos de siempre que aumentan por las dudas y lo único que logran es vender menos y apoyar la escalada de precios.

Por eso me pregunto: ¿queremos triturar a las pymes o verdaderamente sacarles el jugo generando un ambiente de cultura de trabajo, seriedad, responsabilidad, profesionalidad y poder dar vuelta la historia? No nos olvidemos que en la Argentina las pymes somos todos.

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