Frazada corta: la industria vitivinícola en alerta por dólar y costos elevados

Alerta amarilla, así están las empresas de este sector. En un principio fue por un dólar retrasado. Hoy podrían ser más competitivas pero las cuentas no les dan. Los problemas del sector y cómo las bodegas se reinventan.

Frazada corta: la industria vitivinícola en alerta por dólar y costos elevados

El dólar alto podría ser un buen incentivo para enfocarse a la exportación y equilibrar así la caída de la facturación causada por el estancamiento del mercado interno. Sin embargo, al vino fraccionado, las cuentas no le dan y sus exportaciones caen. La falta de acuerdos comerciales, los costos atados al dólar y el impuesto a la exportación con su bajo reintegro son algunos de los palos a la rueda de la internacionalización.

Según el Instituto Nacional Vitivinícola (INV), en el mercado interno las ventas de vinos registraron una caída del 6% respecto a 2017. Por el contrario, las exportaciones crecieron un 2% en valor y un 23% en volumen. Sin embargo, fue el vino a granel el que hizo la diferencia y en la actualidad lidera ese crecimiento con un incremento en volumen del 184% y 47% en valor. Por su parte, la exportación del vino fraccionado en botella sufrió una caída del 3% en litros y 1% en facturación.

Razones de la caída

Según Daniel Rada, director del Observatorio Vitivinícola Argentino, la caída de las exportaciones del vino en botella es, en realidad, una tendencia que se viene dando desde 2012, pero que se profundizó en 2015 y, cree el directivo, que las razones son muchas y variadas.

En primer lugar, argumenta Rada, la falta de acuerdos comerciales que pongan a los vinos argentinos en similares condiciones que las de otros países. Entre los principales competidores de las etiquetas locales, destaca Rada, están España, Chile, Australia y, en menor medida, Sudáfrica.

"Estos países lograron acuerdos comerciales que nos llevan una gran ventaja. Por ejemplo, Chile tiene acuerdos de arancel cero en los principales mercados de exportación y Australia está a un paso de lograrlo. Mientras los vinos chilenos no pagan aranceles para exportar a China, nosotros, como país miembro del Mercosur, pagamos un arancel de aproximadamente medio dólar por botella, valor que aunque en términos de porcentaje parece poco, a comparación al cero de Chile, resulta enorme", explica en una entrevista concedida a El Cronista Pyme.

"Tenemos las alarmas en amarillo porque la caída de las ventas nos generó un sobrestock y ahora, estamos empezando una nueva cosecha que a priori es buena, por lo que si no se revierte la situación, ese sobrestock se va a agudizar. La oferta es buena, pero nada hace pensar que la demanda se reactive", lamenta, por su parte, Juan Carlos Muñoz, titular de la bodega Las Perdices.

Respecto al mercado externo, el empresario reconoce que, si bien el precio del dólar es hoy más competitivo, fueron demasiados los años que la Argentina fue perdiendo presencia en las plazas del exterior.

"Desde 2011, vamos en retroceso y ahora no hay clientes. Hay que salir a buscarlos nuevamente. Si el dólar sigue competitivo, en dos años vamos a empezar a ver los resultados positivos, pero de un momento al otro no hay magia. Si este año logramos cerrar con 5 puntos arriba ya sería muy bueno", explica Muñoz, al frente de la bodega que exporta el 30% de su producción a 20 países, produce 2 millones de litros de vino anualmente y factura alrededor de $ 200 millones. Aunque incipiente, Las Perdices está intentando salir a exportar vino a granel que, "si bien es un commodity, ayuda a equilibrar los ingresos en este momento", señala el empresario.

En efecto, el dólar y sus fluctuaciones son, según Rada, otra causa de la caída de las exportaciones, pero también de las ventas en el mercado interno. El alza de la moneda estadounidense impacta de manera directa en la composición de los costos de producción. De hecho, remarca Rada, esto explica la ventaja que en 2018 tuvo la exportación del vino a granel respecto al fraccionado.

"Es que tanto insumos como etiquetas, corchos y botellas –que el vino a granel no utiliza-, fueron aumentando al ritmo de la suba del dólar. Durante un tiempo, los incrementos se fueron trasladando al precio final del producto, pero ya se llegó a un tope; seguir aumentando es profundizar la caída del consumo", explica el directivo.

"Nosotros establecimos que, por política de la compañía, los precios no se cambian. Hemos visto colegas que aumentaron los precios y se les volvió en contra con una pronunciada caída de las ventas e incluso a quienes importadores los han dejado de lado", dice Marcelo Burgos, CEO de Andeluna, una bodega basada en Tupungato, en Mendoza, que exporta el 80% de su producción a 30 países.

Según registros del Observatorio Vitivinícola Argentino, aproximadamente el 50% de los costos que un empresario bodeguero tiene se encuentra atado a las fluctuaciones de dólar.

"Es lamentable que tengamos que preocuparnos por el tipo de cambio. Yo preferiría que los esfuerzos se concentren en lograr mejores acuerdos comerciales. Necesitamos medidas más a largo plazo que aseguren cierta previsibilidad y que nos permitan no quedar sujetos a variables coyunturales como lo es quizás hoy el dólar", opina.

A Miami

En 2015 la bodega mendocina Domaine Bousquet abrió su propia importadora de vinos en Miami, Estados Unidos, como respuesta para no quedar atados a los caprichos de dólar, que en 2012, cuando tomaron esta decisión, estaba retrasado y les achicaba los márgenes de facturación.

Eligieron el país del norte porque, según sus cálculos, allí podían llegar a canalizar el 40% de sus ventas, pero tenían un importador que, con suerte, llegaba al 10%, por lo que decidieron tomar ellos el control de la operación.

"Los Estados Unidos es el mercado más beneficioso. Aquí los vinos argentinos se venden con un precio entre un 10% y un 20% más que en Europa, donde la competencia es mayor", dice Labid Ameri, CEO bodega en una call en conferencia con su esposa y socia, Anne Bousquet, desde Miami.

Los resultados, agrega, no se hicieron esperar: aumentaron sus ventas en un 25% y pasaron de exportar 10.000 cajas a 80.000 cajas el año pasado a los Estados Unidos.   

Desde Domaine Busquet, una bodega que cuenta con certificación orgánica, exportan el 95% de su producción a más de 60 países.

Un objetivo del matrimonio, según compartió con este medio, fue ampliar sus ventas en el mercado local, pero, admite Bousquet durante la entrevista, el contexto económico de la Argentina los han hecho, por ahora, retroceder y seguir enfocándose a las exportaciones. "La devaluación, a pesar de que muchos piensen que fue buena para los exportadores, fue tan brusca que, sumadas a las altas tasas de interés y las retenciones a las exportaciones, ha sido muy perjudicial. Nosotros hemos tenido que suspender inversiones que teníamos previstas", lamenta la empresaria francesa, que emplea a 100 personas y factura alrededor de u$s 11 millones al año.   

Impuestos y reinvención

Por último, comparte Rada, a todo este contexto hay que sumar, por un lado, el pago al Derecho a exportación. Esto es: se abonan alrededor $ 3 por cada dólar (12%) y se reintegra un 3,25% y, por el otro lado, el costo del financiamiento entre que se produce el bien y se liquida la exportación.

Por su parte, Sebastián Barboza, gerente General de Bodegas Lagarde, reconoce que 2018 fue un año muy difícil para el sector. Para ellos, que la apertura de mercados externos fue siempre la clave en tiempos de caída de consumo, esta vez la expansión les llegó no tanto por la apertura a nuevos países sino más bien por el lanzamiento hacia afuera de nuevos productos y un el reordenamiento de la distribución en Brasil y los Estados Unidos.

La empresa, que exporta el 55% de su producción a 40 países del mundo y lleva en la última década un 74% de crecimiento acumulado en exportaciones, durante el último año enfocó su internacionalización al posicionamiento de su nuevo vino rosado orgánico.

"Es decir, con el incremento del mix de productos más una cartera de cliente solventes, diversificamos la marca y la presencia en el exterior con mucho branding y una minuciosa segmentación de mercados", apunta.

Según Lucas Bustos, un chef estudioso de la cocina del vino que desarrolló los restaurantes de bodegas como Trapiche, Ruca Malen y Casarena, el Reino Unido, Brasil, los Estados Unidos y China son los principales destinos del vino argentino. Sin embargo, Bustos recomienda mercados más pequeños como Perú: "Tiene un potencial de crecimiento muy grande, dado que antes la gente no tomaba vino pero ahora, de la mano de la gastronomía, está descubriendo este nuevo mundo de las vides", argumenta Bustos.

Más grande que Perú, pero virgen en consumo de vino, se presenta con todo su potencial China. Un mercado sumamente atractivo, cuentan desde Andeluna, pero que tiene sus particularidades. Hasta hace un tiempo, asegura María Barale, gerente de Comunicaciones e hija del propietario, tenían mucha presencia en los Estados Unidos, Brasil y Canadá, pero, con el dólar retrasado de los últimos años, perdieron posición y, ahora, aunque con dificultades, intentan ganar lugar otra vez.

"Por suerte, lo compensamos bastante con las exportaciones a Europa, donde hemos duplicado el volumen de cajas. Y, en los últimos dos años, estamos entrando muy fuerte en China con una participación bastante más activa. Mi papá estuvo viviendo allá y el gerente general viajó también mucho. Esa presencia, creo que hizo la diferencia", explica a El Cronista Pyme.

Para conquistar al gigante asiático, desde Andeluna se encuentran desarrollando un producto especialmente diseñado para ellos. "Si bien están comprando nuestros vinos, también nos están pidiendo que nos adaptemos un poco a sus preferencias porque más que el líquido valoran más una botella más pesada o una etiqueta más llamativa", remarca.

Andeluna logró en los últimos cinco años un crecimiento del 30%. Sin embargo, Burgos reconoce que el crecimiento pudo haber sido mayor si las variables económicas del país hubiesen acompañado. "Para crecer, lo primero que nosotros cambiamos fue la visión. Hoy tratamos de atender lo que el mercado necesita", asegura Burgos.

Por eso, vinos especiales para China, pero también para Australia, para Europa y para clientes puntuales; las adaptaciones fueron el diferencial que Andeluna incorporó a su portafolio de productos; eso sí, aclaran, siempre hablando en términos de vinos de alta gama. Andeluna factura entre $ 110 y 130 millones al año y para este año tienen proyectado un crecimiento del 10%.

Más que países, para el gerente de Lagarde, es necesario también atender el comportamiento de productos como la cerveza artesanal que en los últimos años se convirtió en una amenaza para el sector vitivinícola.

"Nunca hay que depender de una sola variable, hay que abrir el juego, todo el tiempo reinvertarse y trabajar muchísimo con la innovación, una variable para nosotros fundamental de cara a la competitividad. Aunque el malbec todavía es el gran protagonista argentino, hay que considerar que hay muchísima demanda y competidores, por lo que siempre los nuevos lanzamientos que hacen a la diferenciación suman", recomienda el ejecutivo. La bodega Lagarde, fundada en 1897 y adquirida en 1969 por la familia Pescarmona, emplea a 50 empleados fijos y factura alrededor de u$s 4 millones.   

Los desembarcos a 40 países de Lagarde, los 20 de Las Perdices, los 60 de Domaine Busquet y los 30 de Andeluna son el resultado de muchos años de trabajo, viajes, negociaciones, inversiones y adaptaciones de producto.

El mercado externo, asegura Bustos, no se construye en un día y, si bien opina que un dólar alto es, sin lugar a dudas, una gran posibilidad para exporta, lo es fundamentalmente para quienes ya lo venían haciendo.

"Los mercados tienen un tiempo largo de aceptación de marcas y llegada a los consumidores. El negocio del vino siempre ha sido de mediano y largo plazo y es por eso el encanto y atractivo de sus marcas", concluye.   

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