En medio de la tormenta: la crisis condiciona la competitividad de pymes

El tipo de cambio, los costos internos y la incertidumbre por la crisis condicionan la competitividad de las pymes locales. Las industrias de los juguetes, la indumentaria, el calzado y los productos electrónicos son algunas de las afectadas.

En medio de la tormenta: la crisis condiciona la competitividad de pymes

inka, la única fábrica de bolitas de vidrio de América del Sur, está ubicada en la Argentina. Cinco personas producen unas 400.000 bolitas por día en las instalaciones ubicadas en San Jorge, provincia de Santa Fe. Hasta hace dos años, la historia de esta empresa creada en 1953 llegaba periódicamente a diarios, revistas y portales interesados en mostrar los entretelones de una producción peculiar.

Pero, en 2016, Tinka comenzó a aparecer en las secciones de economía como uno de los casos de pymes afectadas por los aumentos de tarifas de servicios y de la inflación. Desde entonces, parece una muestra de los vaivenes de la economía argentina: cuando hay un respiro de la crisis, las notas que nombran a la fábrica mencionan su recuperación; en los momentos en los que la producción nacional tiembla, Tinka vuelve a aparecer en las páginas económicas preocupada por las abultadas facturas de gas y el precio de las bolitas que llegan desde Asia, bastante menor al de las propias. No es para menos: según Juguetes B2B, el 73 por ciento de todos los juguetes que se compraron en el mundo entre 2011 y 2015 fueron fabricados en China.

En mayo pasado, la producción de la industria pyme en la Argentina cayó por primera vez después de 10 meses de crecimiento consecutivo. Las malas noticias continuaron en junio, cuando hubo un retroceso del 3,9 por ciento. Todo eso en medio de lo que el Gobierno nacional califica como una tormenta que comenzó con una corrida cambiaria a principios de mayo y que, tras una fuerte devaluación del peso, el aumento de las tasas de referencia y un préstamo pedido al Fondo Monetario Internacional, todavía no termina.

La cotización del dólar suele ser una de las principales preocupaciones del sector. “Por el tipo de cambio atrasado, los altos costos internos y la falta de controles aduaneros, están comprometidas buena parte de las pymes industriales que no pueden competir con los productos que ingresan”, decía el año pasado la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME), al analizar cómo las importaciones estaban afectando a la producción nacional a partir de la apertura comercial. Tras la devaluación, el panorama no es mucho mejor: la incertidumbre gana terreno y apenas el 27 por ciento de las pymes tiene planeadas nuevas inversiones para este segundo semestre.

 

En mayo pasado, la producción de la industria pyme en la Argentina cayó por primera vez después de 10 meses de crecimiento consecutivo.

 

“El ajuste del tipo de cambio mejoró los precios relativos. Dio cierto nivel de mejor competitividad”, dice Pedro Cascales, secretario de Industria de CAME. No obstante, desde la entidad advierten que la apertura sigue siendo un problema debido al “terreno desnivelado” en el que se encuentran los jugadores locales con los productos importados. En ese sentido, Cascales apunta que las pymes aquí enfrentan cargas impositivas, logísticas y financieras que productores en otros países no tienen.

Entre estas se incluyen, por ejemplo, los impuestos nacionales, provinciales y municipales que deben afrontar. “De cada $ 100 que ingresan a una pyme, 46 salen en impuestos o cargas patronales, lo que convierte a esta presión impositiva en una de las más altas del mundo y de la región”, explica Cascales. También cuestiona la tasa de interés en 45 por ciento, un piso que, para el vocero de CAME, saca de la competencia a estas entidades, porque eleva el costo financiero e impide que puedan acceder al crédito. Sumado a los costos de logística, esto configura una situación desigual para las pymes argentinas y es, para Cascales, “correr una maratón con una mochila que otros no tienen o es más reducida”.

 

 

La falta de acceso a financiamiento condiciona fundamentalmente la posibilidad de lograr mejoras tecnológicas que ayuden a nivelar la cancha. El sector tiene dificultades para producir en un entorno que tiene costos en dólares crecientes y un tipo de cambio que todavía no encuentra su lugar. Todo eso complica el panorama actual en términos de competitividad.

La cancha inclinada

Según CAME, las principales industrias que tienen dificultades para competir con los productos que ingresan son, entre otras, la de juguetes, la del calzado, la de muebles y la de electrónicos.

El sector nacional de juguetes está compuesto por más de 200 fábricas, según la Cámara Argentina de la Industria del Juguete (CAIJ), todas micro, pequeñas o medianas firmas, generalmente familiares. Y los principales factores que hoy dificultan su competitividad son los altos costos de la materia prima asociados al aumento del precio del plástico: este material está sujeto a las variaciones del precio del petróleo y los incrementos del tipo de cambio. Además, el alto nivel de la tasa de interés encarece el costo del financiamiento y desalienta la inversión en esta industria. En este marco, el precio del juguete aumentó un 25 por ciento este año, mientras que el plástico subió un 200 por ciento.

 

La cotización del dólar suele ser una de las principales preocupaciones del sector pyme

 

En este sector, la competitividad en el último tiempo estuvo en adquirir ma-quinaria “de última generación”, tecnología para robotizar la producción. El resultado, según el informe de CAIJ: juguetes con precios accesibles. “Sabíamos que las restricciones a las importaciones se iban a terminar y teníamos que hacer frente a la apertura”, dice Matías Furió, presidente de la entidad.

La industria nacional representa más del 50 por ciento del mercado de juguetes en la Argentina. En 2017, facturó US$ 148 millones, una cifra apenas por encima de la del año anterior. Según CAME, hasta julio de 2018, las ventas del rubro venían cayendo un 2 por ciento en los primeros siete meses del año. Respecto de julio de 2017, el retroceso era del 5,2 por ciento. La caída más abrupta se dio en mayo, cuando la economía comenzó a mostrar un indicador negativo tras otro. En ese escenario, los fabricantes enfrentaron una fecha clave para el sector. “No esperábamos un Día del Niño que nos encontrara mal parados”, admite Furió.

El Día del Niño es la fecha más importante de la industria y, según CAIJ, explica el 60 por ciento de las ventas de un año. Este año, el sector se enfrenta, por un lado, con una sobreoferta de productos importados a raíz de la apertura de la economía. En 2018, se incorporaron 43 firmas que empezaron a importar juguetes: inflables, kits y rodados protagonizan estos ingresos. Pero hay otra dificultad, un mercado interno deprimido. La demanda actual no puede absorber toda la mercadería y eso genera grandes excedentes de stock.

Para competir en esa fecha tan importante, el sector lanzó dos iniciativas. La primera, una idea conjunta entre la Subsecretaría de Comercio Interior del Ministerio de Producción y CAIJ: un listado de 11 juguetes y juegos de mesa con precios sugeridos “accesibles”. La canasta incluyó, por caso, un set de dos masas a $ 89 o bloques a $ 105.

Otra de las iniciativas fue la “Noche de las jugueterías”, realizada el 16 de agosto. Para esto, la entidad invitó a los comercios a extender el horario de atención y sumar promociones con tarjetas de crédito para impulsar el consumo.

Evolución constante

Alejandro Macchiavello, gerente de Caupur (Duravit), nota el “decaimiento general de la economía” y asegura que la empresa, que mantiene un nivel de ventas similar al del año pasado, ha estado “en una situación de evolución permanente”. Para él, el estado del sector en términos de competitividad no es uniforme: hay jugadores que han apostado al desarrollo y se encuentran consolidados, y otros que no. “Vienen momentos recesivos”, dice.

 

Según CAME, las principales industrias que tienen dificultades para competir con los productos que ingresan son, entre otras, la de juguetes, la del calzado, la de muebles y la de electrónicos.

 

La Argentina tiene algunas especializaciones y en ellas se han enfocado los fabricantes, para encontrar alguna ventaja en el mercado. Estas están centrada, fundamentalmente, en los juegos de mesa y de ingenio, como Carrera de Mente, las masas y los bloques de construcción, como las conocidas e históricas marcas Mis Ladrillos o Rasti.

El mito de la eficiencia

La apertura también afectó a las economías regionales, la producción de calzado y la textil. “En la opinión pública, está muy marcado que la industria argentina es ineficiente. Se le pega por el precio de la ropa, pero siempre hacemos énfasis en el papel del Estado, de los impuestos, de la infraestructura, de un sistema financiero que permita créditos para el capital de trabajo o inversiones productivas”, señala Julieta Lousteau, economista Jefa de Fundación ProTejer.

En el sector textil, el ingreso de las importaciones ha generado cimbronazos en dos aspectos. El primero, en tejidos o hilados que se utilizan como insumos: como llega el producto terminado, las prendas de vestir ya listas para vender, se afecta toda la cadena de producción. De momento, la industria ve una caída en las ventas, pero no hay casos graves que muestren una crisis. “En este contexto, no se sabe el tipo de cambio. Muchos insumos son importados o tienen contrapartida en dólares”, ejemplifica la economista.

Otras oportunidades

Para Lousteau, una de las estrategias con que las pymes pueden hacerle frente a la apertura de las importaciones es buscar nuevos nichos de mercado para encontrar algunos más activos y reorientar su oferta. “Lo que más afecta es la caída del mercado interno, que es al que están más orientadas las pymes. Ellas no exportan tanto”, dice.

Esto es especialmente cierto en la industria del juguete: según CAIJ, el 99,5 por ciento de la producción argentina se dirige al mercado interno. Solo el resto se exporta, y Bolivia, México y Uruguay son los principales compradores. No solo se venden los productos terminados: también se realizan servicios de diseños y se envían prototipos a mercados como China y Brasil.

 

De cada $ 100 que ingresan a una pyme, 46 salen en impuestos o cargas patronales, lo que convierte a esta presión impositiva en una de las más altas del mundo

 

A pesar de todo, en 2017, la industria del juguete duplicó la cantidad de ventas al exterior. Actualmente, los tres principales compradores representan el 68 por ciento de las exportaciones. Detrás aparecen Chile, los Estados Unidos y Brasil. Ahora, el foco está puesto en el mercado regional y la meta está puesta en llegar a vender el 30 por ciento de la producción a otros países.

El tipo de cambio más alto que surgió tras la devaluación de mayo y junio alienta también al sector en ese sentido: los productos made in la Argentina ya no estarán en tanta desventaja. Pero, en medio de la tormenta económica, eso aún no es suficiente para que el rubro pueda sentirse aliviado en ese frente.

Comentarios5
fornjm Forn
fornjm Forn 02/09/2018 11:47:07

Si con este dolar las PYMES no salen a exportar, merecen su extinción. Es muy cómodo trabajar sólo en el mercado interno y estar protegido por un arancel altísimo. El mundo cambia pero las PYMES no. Así no va.

Graciela Zurieta
Graciela Zurieta 01/09/2018 08:49:54

El problema crónico es el alto costo laboral, en parte para engrosar las cajas sindicales

edueardo popik
edueardo popik 01/09/2018 06:44:30

PERO COMO ES ESTO: NO QUERIAN UN DOLAR ALTO?

trepat ricardo
trepat ricardo 01/09/2018 02:05:29

en este país, "el que no llora no mama"; estos de la industria del juguete parece que no son competitivos ni con dólar regalado ni con dólar recontraalto; me hacen acordar al armado de blackberries en tierra del fuego

Morfeo Matos
Morfeo Matos 01/09/2018 10:28:03

Estas crisis economicas, suceden cada que el peronismo es oposicion...no es casual!!