Emprender en la Argentina, historias de madres extranjeras

Son mujeres, madres y extranjeras que decidieron apostar por el crecimiento de la economía argentina y eligieron al país para darle forma a sus propios emprendimientos. De diferentes partes del mundo, pero con el mismo propósito, se pusieron la aventura al hombro.

Tres madres de Canadá, Francia y Brasil que incursionaron en el rubro turístico cuentan sus experiencias por el Día de la madre. 

Tres madres de Canadá, Francia y Brasil que incursionaron en el rubro turístico cuentan sus experiencias por el Día de la madre. 

Ellas no solo son mujeres, sino también, madres y extranjeras. Pese a tantos obstáculos, se atrevieron a emprender en la Argentina y lo lograron. Tres madres provenientes de Canadá, Francia y Brasil que incursionaron en el rubro turístico cuentan sus experiencias en la previa de la celebración del Día de la madre. 

Un hotel patagónico en clave nórdica  

Sharilyn Louis Amy es canadiense, madre de dos hijos adolescentes, inversionista, empresaria y consultora. Desde hace cinco años, reside en Buenos Aires. Después de trabajar durante siete años en la Cruz Roja Internacional con situaciones humanitarias complejas en zonas de desastre, en países como China, Suiza y Bangladesh, decidió crear Go-To Group, su propia consultora. Pero en 2015, su vida cambió por completo, cuando fundó Océano Patagonia, un hotel de lujo en el sur del país. 

“Un día visité la Península de Valdés y me enamoré del lugar", cuenta Amy. Hace dos años, junto con su socio Marcelo Battilana, se les presentó la oportunidad de crear algo “único” sobre la playa en Puerto Pirámides. “Sabíamos que teníamos un gran desafío, queríamos construir un sitio amable con el medioambiente, que respetara y priorizara la naturaleza, con un nivel de lujo y servicio inexistente en la zona”, dice al respecto.

Para comenzar el negocio, llevaron a cabo una investigación de mercado profunda. “La Península de Valdés es una joya oculta en la Argentina. Es un lugar único con una gran variedad de animales que eligen tener allí sus crías. Así, nuestros huéspedes pueden experimentar, desde la ventana, su propio documental”.

Por eso, según Amy, el resultado es producto de una inversión de tiempo y dinero. Para hacer realidad Océano Patagonia, ella y su socio invirtieron u$s 2 millones, aunque aclara: “El capital más importante fue el esfuerzo. Fue un proyecto intenso y demandante”. Y es que, de acuerdo a ella, “ser emprendedor significa estar conectado todo el tiempo”. “Es 24x7. Entre mis hijos y el hotel, no me queda mucho tiempo libre”, sostiene. El número de empleados varía según la temporada, pero todos se encuentran entrenados para brindar un servicio de calidad, tal como aseguran desde el hotel, al igual que se encuentran capacitados también en cuestiones referidas a la protección del medioambiente. En cuanto a sus huéspedes, Amy detalla que provienen de todo el mundo, aunque casi el 50% de ellos son argentinos.

Sharilyn Louis Amy, de Océano Patagonia.

Asimismo, el emprendimiento obtuvo el segundo puesto de hoteles responsables en el concurso Hoteles Más Verdes. “Fue uno de los momentos más emotivos que vivimos, además de que hace un mes recibimos el reconocimiento Chubut Innova”, cuenta Amy. “Estoy rodeada de mujeres empresarias que son increíbles, extranjeras y argentinas. El ambiente empresarial acá es muy robusto”, dice la emprendedora, mientras añade: “Para mí, las pymes son el motor que impulsa la economía, crean empleo, trabajo genuino, base tributaria, independencia y un sentido personal. Acá, las microempresas se convierten muy rápido en pymes”.

De igual modo, la entrepreneur revela que, al hablar con colegas masculinos, tomó conciencia de que muchos de ellos estaban poco familiarizados con la cantidad de mujeres que muchas pymes poseen en cargos estratégicos. “Hay abundantes oportunidades para apoyar el crecimiento de la economía, e importantes recursos y conocimientos disponibles para buenas ideas y la formación de líderes mujeres”, cierra.

Turismo slow con un toque brasileño

Tras 20 años de formar parte del mundo corporativo en diferentes firmas multinacionales en áreas de Ventas y Marketing, Lia Barros, con formación en abogacía, psicopedagogía y traducción, comprendió que su misión no era estar detrás de un escritorio. A los 40, se mudó a la Argentina con el padre de su segunda hija y decidió montar un negocio propio. “Vivimos en un mundo que se mueve demasiado y que exige una rapidez que no es saludable para nuestro organismo. Con este timming que llevamos, descuidamos el planeta. Quiero dejarles a mis hijas un lugar mejor, y eso conlleva bajar muchos cambios”, afirma la brasileña acerca de su proyecto. Así nació Slow & Steady, cuyo objetivo es diseñar experiencias a través de viajes que proponen que todo se haga bajo el concepto slow, dando lugar a un viaje hacia el interior.

“Hasta el momento, la inversión más grande fue el tiempo que junto a mi socia le dedicamos. Sin embargo, el crecimiento fue tan importante que llegamos a un punto de madurez que requiere de una inversión económica en la que aún estamos trabajando”, describe Barro, y admite que durante mucho tiempo llevó adelante el proyecto sola hasta que encontró a su colega: “Me costaba confiar en alguien para avanzar y que la empresa se transformara en un concepto de vida”. ¿Por qué turismo? “Hay pocas mujeres que se aventuran a emprender, no sólo en nuestra región, sino también en este sector. Me alegra allanar un camino poco explorado y abrir la puerta para otras mujeres que quieran proyectar un negocio en este ámbito”.

Un Yellow Submarine con sello parisino

Julitte Decré es parisina y porteña de corazón desde 2003. Seis años después de instalarse en la Argentina, puso en marcha su primer emprendimiento: Yellow Submarine. “En esa época, trabajaba como responsable comercial en una empresa que tenía permiso para llevar  gente a navegar con ballenas. En ese entonces, se me ocurrió que mirarlas a los ojos, bajo el agua, podía ser una de las mejores experiencias en la vida,  acompañada de la oferta de una embarcación nunca antes vista en el país. Desde 2013, eso mismo es lo que nos permite hacer Yellow Submarine, explica Decré.

Así fue como junto a su socio construyeron el barco y el tráiler para llevarlo bajo el agua, a partir de una inversión de u$s 850, que estiman recuperar en los próximos dos años. “El Yellow Submarine tiene una capacidad para 50 pasajeros, incluyendo la tripulación, pero se ofrece a un máximo de 40 para que puedan disponer cómodamente de las 40 ventanas de observación submarina”, aclara la emprendedora en referencia a la oferta que brindan desde la pyme.

En cuanto al personal, la firma terciariza todo a la compañía de su socio –Southern Spirit–, que tiene la concesión para el avistaje embarcado de ballenas. En total, emplean a 19 personas que se ocupan de tareas de administración, tripulación y equipo de operaciones. Decré es la única responsable que opera desde Buenos Aires.

Julitte Decré, de Yellow Submarine.

Empezar una vida profesional en un país con una lengua diferente y costumbres distintas dificultan cualquier emprendimiento, según dicen las creadoras de estos negocios. “Empecé mi vida profesional en la Argentina y nunca se me cruzó por la cabeza imponerle a mi familia viajar a Francia. Si bien me considero una mujer moderna, me parece útil trabajar en una ciudad donde mi marido también pueda desarrollarse laboralmente, nos adaptamos juntos”, cuenta Decré sobre su decisión de apostar al país, mientras relata que, a la hora de pensar un negocio propio, la alentó la idea de brindar un servicio turístico que atraiga a europeos.

Cuando uno emprende, se vuelve costumbre seguir apostando. Decré tuvo esa misma sensación e invirtió en una estancia de 1923, ubicada al pie de una colonia de pingüinos en Península de Valdés, donde los turistas pueden alojarse o pasar un día de campo para conocer la zona. Allí, trabajan cinco personas, además de quienes hacen los traslados. "Emprender es apostar y nosotros elegimos hacerlo desde este lado, ofreciendo lo mejor de este país”, dice Decré, y agrega: “Para iniciarse, hay que estar dispuesta a que podés perder. Aún así, la Argentina es un estado que permite recuperarse en poco tiempo. De eso se trata el espíritu emprendedor, lo tenés que tener en la sangre. Si lo tenés, si dominás el idioma, si aprendés a manejar la argentinidad, si sos humilde y si sos agradecida por tener derecho a emprender en un país ajeno, entonces el potencial está, y la oportunidad de crear en este país es tangente”.

Comentarios1
Eugenio Vazquez
Eugenio Vazquez 15/10/2017 11:17:58

les faltaron las madres bolitas perucas paragua chilotas que vienen a la argentina para parir y cobrar subsidios.