El reto de volver a la actividad sin perjudicar el ambiente

El freno económico impuesto por la pandemia del Covid-19 obliga a un replanteo de las modalidades de producción y consumo. Y ofrece la posibilidad de implementar prácticas más sustentables

El reto de volver a la actividad sin perjudicar el ambiente

Así como durante la pandemia muchos consumidores incorporaron prácticas de separación de residuos, compostaje o compra de verdura orgánica, un número creciente de pymes están alineando sus modalidades de trabajo, producción y comercialización al cuidado del ambiente.

Animaná es una marca de "moda sustentable", dos conceptos que parecen antagónicos, pero que Adriana Marina, su creadora, supo unir.

"Usamos fibras naturales, generamos oportunidades de trabajo a las comunidades locales y buscamos reducir el impacto ambiental de cada prenda desde su producción hasta el packaging y el envío", detalla.

La firma trabaja con cooperativas y microempresas de artesanos a lo largo de los Andes que se dedican a la cría de camélidos en su hábitat natural. Tanto la selección de las fibras como el tejido se hacen manualmente, por lo que cada prenda es única.

"Solemos envolver las prendas en papel de seda reciclado o en bolsas de algodón orgánico, a lo que ahora, a partir de las medidas sanitarias, sumamos una bolsa plástica con indicaciones para desinfectarla y reutilizarla", apunta Marina.

REPENSAR EL NEGOCIO

El freno en la actividad "puede ser una oportunidad para identificar acciones y materiales que perjudican al ambiente y cambiar estas prácticas", sostiene Elisa Di Pietro, ingeniera ambiental y fundadora junto a su colega Erika Comar, de la consultora Integrar Ambiente.

Las especialistas recomiendan analizar los insumos utilizados y evaluar cuáles de los que son descartables se pueden reemplazar por otros. También analizar a los proveedores y priorizar compras locales; gestionar los residuos bajo las tres R (reducir, reutilizar y reciclar).

Y, finalmente, planificar los envíos en el caso de aquellas empresas que venden online, para minimizar los traslados y utilizar packaging y medios de transporte más sustentables.

En cuanto al uso responsable y cuidado del agua, "es clave en este contexto, ya que la lucha contra las amenazas biológicas también depende de tener acceso a agua limpia", destaca Diego Ortuño, analista de Comunicaciones de la Asociación Latinoamericana de Desalación y Reúso de Agua (Aladyr).

La entidad asesora a empresas en el monitoreo de la huella hídrica y la gestión sostenible del agua.

Entre las medidas aconsejadas están la implementación de sistemas de tratamiento de efluentes y "la correcta disposición de artículos como guantes y mascarillas dado que plásticos y materiales sintéticos llegan a los cursos de agua y liberan microplásticos". También verificar en el lavado de utensilios y prendas que los productos de limpieza utilizados no contengan microplásticos y sean biodegradables.

RECONVERSIÓN TECNOLÓGICA

El correcto lavado de la mantelería y ropa de cama es esencial para la reapertura de hoteles y restaurantes. "Utilizamos agua a más de 60°C y una proporción de cloro de entre 0,1% y 0,5%, suficiente para inactivar el virus", cuenta Lorena Rodriguez, titular del lavadero industrial Abel Ltda.

Esta cooperativa de trabajo se constituyó en 2012, a partir del fallecimiento de su fundador, y el pedido de quiebra por parte de acreedores, por lo que un grupo de empleados, junto a las hijas del exdueño, decidieron seguir adelante con la producción.

"Empezamos con seis socios fundadores y 10 clientes. En estos siete años, sumamos casi 40 clientes y 15 nuevos puestos de trabajo; hoy somos 21 personas", comenta Rodriguez.

La cooperativa presentó un proyecto de reconversión tecnológica ante la Dirección Nacional de Empresas Recuperadas para adquirir nuevas máquinas y generar 10 nuevos puestos de trabajo.

Desde sus inicios, el grupo familiar Broda, que cuenta con siete emprendimientos gastronómicos en Mendoza, buscó unir bienestar con cuidado de la naturaleza. Su restaurante insignia, La Marchigiana, instaló paneles solares, reciclado de insumos y lleva adelante un programa de desarrollo de proveedores sustentables. "Hace 15 años, Pablo Ordoñez, cofundador de la empresa social El Arca, nos propuso plantar tomates junto a mujeres de barrios carenciados en una de nuestras fincas. Les dimos un préstamo y nos lo devolvieron con tomate triturado para nuestras salsas, y luego nos compraron la finca", cuenta Joaquín Barbera, nieto de la fundadora del grupo.

"Nos comprometimos a eliminar los plásticos de un solo uso, y estamos desarrollando alternativas junto a productores de bioplástico", comenta. Y destaca que "implementamos un protocolo de recepción de pedidos, higienización de mercadería, y control de salud del personal, sin perder la calidad ni calidez en la atención. En las mesas de distanciamiento ponemos flores, y ofrecemos a los clientes solución sanitizante en envases de vidrio", describe.

LA NUEVA NORMALIDAD

Fundada en 2012, Dimo Construcciones tiene un modelo de gestión basado en el triple impacto. Su actividad se enfoca en obras que requieren estructuras metálicas, movimiento de suelos y mampostería. Su división servicios se orienta al mantenimiento y puesta en valor de plantas industriales, y cuenta con una división de energías renovables, dedicada a la instalacio de paneles solares.

"Aplicamos el protocolo con la medición de temperatura, suministro de alcohol en gel, barbijos y muda de ropa de trabajo, limpieza diaria, bandejas sanitizantes en todos los accesos, distanciamiento social, trabajo remoto y jornada reducida", detalla Pablo Ostapovich, CEO de Dimo.

"La unidad de servicios trabaja a buen ritmo en la corrección de patologías constructivas y la remodelación de espacios disfuncionales o improductivos, aprovechando para incorporar sistemas de ventilación e iluminación natural y aislamiento termo-acústico que permitan un mayor ahorro energético", destaca Ostapovich.

Shopping