Economías regionales: problemas, desafíos y oportunidades

Cotización del dólar, retenciones, inflación, concentración de mercado y competitividad son los argumentos sobre los que pivotean las respuestas acerca de la actualidad de estos complejos productivos.

Históricamente, se habló de economías regionales como un término para diferenciar la economía pampeana, exportadora, de las que atendían al mercado interno.

Históricamente, se habló de economías regionales como un término para diferenciar la economía pampeana, exportadora, de las que atendían al mercado interno.

El dólar alto, el dólar muy bajo, las retenciones, la inflación. Sobre estos cuatro argumentos pivotean, en general, las respuestas acerca del estado de situación de las economías regionales. La concentración de mercado y la competitividad, agregan quienes conocen más en profundidad los fenómenos que afectan a estos complejos productivos. 

La realidad es que, por un lado, no hay una clara definición acerca de lo que comúnmente se denomina economía regional. Por otro, no todas las economías regionales se rigen por los mismos patrones y, por último, sí hay un problema estructural que ataca a casi todas y se resuelve con la misma receta: estudiando cada cadena productiva en las distintas regiones, formulando un plan de desarrollo estratégico desde la innovación tecnológica y las inversiones, buscando sinergia entre productores, Estado y sector privado. 

Históricamente, se habló de economías regionales en la Argentina como un término para diferenciar la economía pampeana, exportadora, de las que atendían al mercado interno. Entendiéndolas desde este punto de vista, queda más claro que aplicar ciertas políticas, como un tipo de cambio alto, favorecerán a la economía pampeana y, a su vez, perjudicarán a las economías regionales, que se nutrían en gran parte de insumos importados y sin acceso al comercio exterior.

Gabriel Parellada, director del Centro de Investigación en Ciencias Políticas, Económicas y Sociales del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, destaca que esta división se terminó cuando se produjeron dos fenómenos: “Por un lado, la agricultura pampeana extendiéndose a zonas extra pampeanas, como las plantaciones sojeras balanceando la economía de Santiago del Estero o Salta. Por otro, los mismos hitos regionales que cambian su comportamiento, como el caso del limón en Tucumán, o la vitivinicultura en Cuyo, producciones que comienzan a tener un carácter exportador. La tipificación regional se esfuma”. Entonces, las políticas que, se supone, benefician a los cultivos tradicionales también podrían favorecer a algunas economías regionales. 

Raúl Robin, presidente de Economías Regionales de CAME, agrega: “A nuestro sector lo llamamos economías regionales para diferenciar las actividades de las distintas regiones, de la principal región productora del país: la Pampa húmeda, cuyas actividades están bien defendidas por entidades tradicionales”. La intención de agrupar diferentes sectores bajo la denominación de economías regionales sirve para valorizar las economías de cultivos intensivos, tradicionales del país y muy importantes para la región en la que se desarrollan, aunque con representación marginal para el conjunto de la economía argentina. 

Al desagregar el concepto de economías regionales, se caracterizan, en general, a las más importantes: vitivinícolas y olivícolas en Cuyo; manzanas y peras en Patagonia; algodón, arroz, yerba, miel y azúcar en NOA y NEA; y leche y carne (aviar y porcina) en la región Centro.

No todas se rigen por lo mismo

Cada complejo productivo presenta problemas y soluciones distintas. Mientras representantes del sector azucarero en Tucumán acusan al dólar bajo para justificar una crisis y el sector lechero a la inflación, el consenso está en que, gobierne quien gobierne, vienen sucediendo crisis permanentes, por problemas de tipo estructural. Las transformaciones no tienen que ver con una política específica. Sin embargo, estas actúan como auxilios de tal magnitud que, en muchos casos, ni los propios productores logran verlas como tal. 

Sebastián Trossero, el presidente de la Cámara de Productores Lecheros de Córdoba, atribuye los problemas del sector a temas climáticos, concentración de mercado, el tipo de cambio y la inflación. “El sector lechero tiene como base el mercado interno. El tipo de cambio no nos afecta por el lado de las exportaciones, pero sí por la suba de costos. Desde noviembre de 2015, los costos comenzaron a subir. La baja del consumo también afectó los precios y la rentabilidad de los productores”.

Cada complejo productivo presenta problemas y soluciones distintas.

El complejo azucarero tiene un perfil mayoritariamente exportador. Otto Gramajo, presidente del Centro de Agricultores Cañeros de Tucumán (CACTU), atribuye a factores similares la situación del sector: “Hasta 2015, hubo cuatro años malos, por un dólar muy bajo y una caída de los precios internacionales. Producimos y tenemos excedentes que se exportan a pérdida. El año pasado, se dieron factores a favor: se triplicó el precio internacional del azúcar, lo cual fue un gran impulso para el sector que venía golpeado”. 

Los representantes de los entramados productivos nombran, entre las distintas complejidades que enfrentan, causas similares que impactan en mayor o menor medida, y a favor o en contra: factores tributarios, cambiarios, de demanda y precios externos, infraestructura, costos de fletes e infraestructura de transporte, concentración de mercado que lleva a una eterna pelea con los formadores de precio final. También factores institucionales, de actividad interna y políticas públicas. 

Las producciones que más sufren son aquellas que tienen productores pequeños y medianos. Según Robin, “el problema está en el productor que se encuentra al límite de la unidad productiva, la cual varía en cada actividad”. Muchos no pudieron crecer por factores externos o problemas culturales. A medida que se desarrolla tecnología, hay productores que se van quedando afuera. Esto genera una crisis estructural grande en el país, que los gobiernos sucesivos no atendieron con políticas. “La tendencia en la Argentina es al abandono al campo”, refuerza el directivo de CAME. 

Parellada insiste en que “en términos de procesos, hay elementos que, en algunos casos, tienen que ver con alguna medida de política económica específica, como puede ser una quita de retenciones, o un control de precio. Pero en la mayoría de los casos, tiene que ver con la organización de la innovación".

Atacar el problema estructural

Dos ejemplos exitosos en lo que a sinergia, entre Estado-privados-productores se refiere, son el sector limonero de Tucumán y la vitivinicultura, cultivo clásico de Mendoza. 

La Argentina se encuentra entre los mayores productores y exportadores de limones del mundo. El 80% de la producción, se exporta. La producción se concentra un 90% en tierras tucumanas, y el restante se distribuye en Jujuy, Salta y Corrientes. A su vez, existen 12 industrias procesadoras y unas 40 empacadoras. 

El éxito del sector no se puede explicar por una política específica, sino que se trató de un proceso de muchos años, que se inicia con una cooperación con productores de naranjos que, en medio de una crisis, acudieron a la Estación Experimental Obispo Colombres en Tucumán, que aportó conocimientos técnicos para cambiar las plantas de naranjos por limones, con ayuda financiera del gobierno provincial. Comenzaron a buscar mercados y fabricar los cajones para exportar. En esta sinergia entre la Experimental aportando el conocimiento técnico para adaptar los limones a la demanda, del gobierno provincial financiando y de los productores activos, lograron que a Coca-Cola le interese la esencia del limón fabricado en la provincia. Tucumán se convirtió en un caso de éxito en la generación de valor para los productores de limón a través de la tecnificación de la producción y la comercialización en mercados internacionales.

Con la vitivinicultura de Mendoza pasó algo parecido. En una de las tantas crisis por las que atraviesan las economías regionales, se derrumbó la producción de vinos. En un mercado monopólico, algunas bodegas importantes comenzaron a desinteresarse de la producción y la provincia creó  varias cooperativas de bodegueros. El INTA desarrolló una política de apoyo a estas cooperativas, sobre todo en capacitación y conocimientos técnicos. El gobierno provincial dio una serie de beneficios y así se fue armando la estructura actual. Lo curioso es que, en la misma época en San Juan, no ocurrió lo mismo: bajo mismas condiciones, se produjeron procesos distintos. 

“Ninguno de estos éxitos dependen de que suba o baje el dólar. Son herramientas que pueden ayudar al proceso, pero no cambiarlo radicalmente”, refuerza Parellada. La clave del desarrollo de estas economías tiene que ver con entender el proceso de innovación que es necesario introducir y, una vez comprendido, desarrollar políticas de mediano y largo plazo. 

La ley pyme

Raúl Robin, de CAME.

Raúl Robin, de CAME, entiende que la sanción de la Ley Pyme es una buena señal del gobierno para con las economías regionales. Fue bien recibida por el sector y marcó un hito en el fortalecimiento de estas empresas. Sin embargo, insiste en destacar que hay dos artículos que no se instrumentaron, que son aquellos que nombran específicamente a las economías regionales. El problema fue que, al instrumentar la ley, no se pusieron de acuerdo en la definición de economías regionales, y no pudieron reglamentar los artículos que las competen. 

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