Diseño textil: el reto de generar firmas sustentables

La creatividad y el ingenio son los diferenciales de la industria local, un mercado en el que la mayoría de sus jugadores son pymes. La recesión y la competencia desleal son los principales obstáculos señalados por los emprendedores. Casos exitosos y consejos para sobrevivir al ciclo económico argentino.

Cómo hacer del diseño textil un negocio sustentable: casos de éxito y superviviencia

Cómo hacer del diseño textil un negocio sustentable: casos de éxito y superviviencia

La industria textil es uno de los sectores con mayor concentración de pymes. Según la Fundación ProTejer, más del 90% del negocio de la moda está en manos pequeñas y medianas firmas. La competencia es mucha y el margen de error para no fracasar, muy estrecho. 

El diseño es el gran diferencial argentino. Alejandro Bondone, CEO de la Escuela Argentina de la Moda, habla de una “identidad nacional”, que se hace fuerte aún en épocas de crisis. “El mercado del diseño crece. En la Argentina, durante años dejaron de ingresar marcas internacionales. También se dejó de importar la mayoría de la materia prima, maquinaria y repuestos para poder generar productos de calidad”, explica. Bondone asegura que el ingenio y la creatividad son los diferenciales de los emprendedores textiles locales y sus armas principales frente a un contexto macro cambiante. ¿Cómo dar el salto de “coser para afuera” a ser el dueño de una empresa exitosa?

Lo que no hay que hacer es casi más importante que lo que sí. Ana María Cubeiro, tutora de la Tecnicatura Universitaria en Gestión de Moda de la Universidad Siglo XXI, advierte que, a veces, el exceso de entusiasmo conspira contra la sustentabilidad del negocio. “El principal error es la falta de planificación. A veces, se emprende considerando solo el contexto inmediato, sin establecer estrategias de mediano y largo plazo, tomando medidas que ponen en riesgo la sustentabilidad del negocio”, dice.

Para Daniela Bufczyk, creadora de Urbanito, marca de ropa infantil con 15 años en el mercado, el principal desafío fue crecer a un ritmo seguro. La firma tiene 25 empleados, cuatro locales, una franquicia y una tienda virtual. Con una producción anual de 120.000 prendas por temporada, factura $ 10 millones al año. Todo comenzó con un babero. “En 2002 acababa de ser mamá y no encontraba babero que me gustara; recordé que una profesora decía que podíamos encontrar un nicho mejorando productos existentes”. Bufczyk invirtió el dinero, con el que pensaba comprar un pasaje al exterior, en un muestrario. “A una empresa le encantó y me compró 600 unidades. Me dio 15 días para producirlos. A los dos años abrí mi primer local”. Antes de emprender, Bufczyk era vendedora en un local de indumentaria y estudiaba en la Escuela Superior de la Moda. 

En otros casos, el inicio es más intuitivo. “La creatividad es importante, pero es esencial diseñar un buen plan de negocio, comprender las necesidades de los clientes, sus gustos y las tendencias”, advierte Cubeiro y asegura que la clave del éxito está en armar buenos equipos.

Andrea Alsina, de Anchus.

En 2005, cuando Andrea Alsina lanzó Anchus, su marca de ropa y accesorios para niños, era conciente de que había una gran parte del negocio textil que todavía le era ajena. “Es un rubro con tendencia de tradición familiar. No provenimos de la industria textil y tuvimos que asesorarnos y encontrar profesionales que pudieran colaborar para equiparar experiencias y marcar el camino”, explica. Licenciada en Comercio Internacional, Alsina sumó experiencia administrativa en empresas de primera línea y aprovechó viajes de trabajo para mirar tendencias fuera del país. Aquí se posicionó entre un público que quería comprar ropa de buen diseño, pero que no llegaba a los precios de las grandes marcas. Hoy, tiene seis locales propios y está presente en otros 20 multimarca. Con 19 empleados, su última colección incluyó 500 prendas.

Luces amarillas

“Hay que capacitarse y saber delegar”, recomienda Bondone. Cubeiro coincide que otra debilidad de muchos emprendimientos es la unificación de roles. “Según el INTI y la Fundación ProTejer, en el 68% de las empresas de diseño de indumentaria autor es el propio diseñador quien se hace cargo de la administración y de la comunicación. Solo el 18% delega el seguimiento de costos y ganancias”, apunta.

Soledad y Pilar Abrey Recalde, hermanas y socias en la marca de indumentaria Pilar Bs As, tienen claro el rol de cada una. Pilar estudió Diseño Textil e Indumentaria y Soledad, RR.PP. e Institucionales. Las hermanas aprovecharon la especialización de Soledad en e-commerce y community management y le sumaron un viaje a Roma y Milán. Con ello, abrieron un showroom y un e-shop. 

Su modelo de negocios está basado en seguir el timming de las redes sociales y la demanda. “A priori pensamos en la venta de productos terminados. Pero las clientas nos empezaron a pedir diseños a medida”, dicen.

Otro punto es el trabajo en las redes sociales. “El efecto viral es importante. Los seguidores quieren ver a personas conocidas usando la marca. Ya contamos con el apoyo de algunas modelos”, agrega Soledad.

Nicolás Zaffora encontró su negocio en un target olvidado por la industria: los trajes a medida para hombres. Apuntó al mercado de lujo, rescatando el antiguo oficio del sastre. "Nuestros diseños son únicos, pensados para clientes exigentes, para los que la elegancia es un valor esencial", dice el emprendedor.

Zaffora abrió el atelier de su marca ZafforaBespoke en el Palacio Barolo. Comenzó trabajando con tres ayudantes y hoy tiene ocho empleados. Al mes produce unos 15 a 20 juegos de trajes, más de 50 camisas a medida y piensa duplicar su producción en el mediano plazo. Zaffora tiene un muestrario con más de 200 detalles personalizados para agregar a las prendas. “Cada vez más clientes buscan prendas artesanales, a medida y personalizadas”.

Nicolás Zaffora, de ZafforaBespoke.

La moda es un negocio perecedero, pero a la inmediatez del diseño se le suman los vaivenes económicos. “Si miramos 10 años hacia atrás, el mercado de la moda creció. Fueron años en los que se reindustrializó el sector y se logró un crecimiento en cada eslabón de la cadena de valor. Sin embargo, en 2016 sufrió una fuerte contracción, con una caída del 25% respecto a 2015 si tenemos en cuenta los datos de la Fundación ProTejer”, aclara Cubeiro.

La crisis se cobró víctimas, como Medias Ciudadela. En 2015 la firma fue adquirida por la hilandería T&N Platex. “Haber rescatado a Medias Ciudadela de su cierre definitivo, ratifica el propósito de mantenernos a la vanguardia”, asegura Teddy Karagozian, titular del grupo y uno de los creadores de la Fundación ProTejer.

Cubeiro destaca que el golpe es producto de un combo. "La pérdida del poder adquisitivo impactó en una baja en el consumo de cerca de 20%. La apertura de importaciones generó un crecimiento en la llegada de productos textiles. Y está obligando a mejorar la competitividad de los productos nacionales, en diseño, calidad y precio”, afirma.

“Los consumidores son más exigentes”, dice Pablo Ferraro, dueño de la marca infantil Kom, que abrió su negocio en 2010. Su capital inicial fueron $ 3.000 y unos rollos de tela que había rescatado de su antiguo trabajo. Hoy factura $ 1 millón al año. Kom exporta prendas y estampas a Francia, Brasil y Corea. “Empezamos mostrando los productos en ferias internacionales y tuvimos buena recepción. Agregamos accesorios para adultos y una consultora en interiorismo y decoración”, cuenta Ferraro. Un botón de muestra de una industria nacional que se sostiene a pesar de las crisis.

Pablo Ferraro, de Kom.

Amenaza informal

Según la CAME, la venta ilegal le quita $ 60 millones al comercio regulado en todo el país. “La competencia desleal es perjudicial. La Federación de Industrias Textiles Argentina (FITA) viene denunciando que uno de los problemas del sector se relaciona con la competencia desleal externa, de países asiáticos principalmente”, afirma Ana María Cubeiro. La especialista dice que es difícil defenderse. “El Gobierno debería tomar medidas para  mejorar el control de la entrada al país de los productos de esta procedencia y hacer cumplir la ley. Pero lo más importante sería informar y concientizar a los consumidores”, destaca.

Bondone advierte que el problema es más difícil de resolver para las pymes. “Los productos se pueden registrar en el registro de la propiedad intelectual. Pero, para los emprendedores, pymes y marcas más pequeñas es imposible dedicarle mucho tiempo al tema”.

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