Día del amigo: La aventura de emprender juntos

Confianza, compromiso y lealtad; tres valores para crear amistad y emprendimientos. ¿Cómo mantener los límites entre lo laboral y la amistad? Ventajas y desventajas del vínculo a la hora de emprender.

Muchos festejaron el Día del Amigo. Algunos se juntaron a una hora determinada, otros no necesitaron acordar un punto de encuentro porque salieron juntos de sus trabajos. Algunos son compañeros y otros, socios. Sí, socios. 

La confianza y la lealtad son valores que unen a las personas en cualquier aspecto de la vida, por eso no sorprende que los dueños de empresas sean familiares, matrimonios o amigos. Sin embargo, cuando de negocios se trata, los vínculos cobran complejidades que no hay que subestimar, ya que no solo se ponen en riesgo amistades, sino también economías familiares y empleos. “Como en toda relación importante y comprometida, no alcanza con elegir bien a la persona, hay que trabajar en el mantenimiento de la relación. La primera condición que tenemos que tener presente para elegir bien en la vida y, por supuesto, para una sociedad emprendedora, es conocerse a uno mismo”, explica Sonia Abadi, médica y psicoanalista capacitadora en Innovación y Redes Humanas. Es decir, hay que cuestionarse acerca de las propias fortalezas, debilidades, habilidades y mañas. 

Part time o full life

En el sincericidio que Abadi reclama para el vínculo societario se incluye evaluar cuál será la disponibilidad real de tiempo y recursos. “Esto es importante porque puedo alimentar falsas ilusiones y voy a defraudar a mi socio, que va a esperar de mí una dedicación que no tengo. Acá lo que vale es la honestidad para no traicionarse”, explica. 

Claudio Gorgoretti y Santiago Ameal vivieron una situación similar a la que relata Abadi, pero con final feliz. Se conocen hace 20 años, desde que trabajaron juntos en una metalúrgica de Quilmes. Entonces, Ameal tenía 15 años y cursaba el secundario; era pasante y Gorgoretti, jefe de Sistemas. 

“Cuando terminé el colegio, empecé a estudiar Ingeniería Industrial y me pasé al área Comercial de la empresa. Ahí la relación con Claudio se fue profundizando”, recuerda Ameal. Gorgoretti no solo fue su amigo sino también su mentor, a tal punto que dejó su carrera para hacer Sistemas. De todas maneras, sus caminos laborales se abrieron cuando Ameal renunció a la empresa. La amistad siguió y, en 2002, decidieron poner en práctica proyectos en común. 

Así crearon Hostear.com, un emprendimiento de alojamiento de sitios web. Gorgoretti apostó todo a la iniciativa, mientras Ameal seguía sus estudios. El cortocircuito entre ellos llegó. Entre parciales y trabajos prácticos, Ameal no podía seguirle el ritmo a su socio. “Mi prioridad eran los estudios, quería terminarlos para dedicarme a la empresa”, dice. Tuvo suerte, Gorgoretti lo bancó: continuó solo y, cuando Ameal se recibió, en 2006, volvió a sumarse. 

Claudio Gorgoretti y Santiago Ameal, de Adway Solutions.

Crearon Adway Solutions y vendieron Hostear.com. Se enfocaron en el marketing digital y desarrollaron soluciones específicas enfocadas al posicionamiento orgánico. A fines de 2016, lanzaron Wifi Marketing, un servicio que permite saber quién visita, por ejemplo, un restaurante, cuánto hace que no vuelve y cuán seguido regresa a fin de ofrecerle promociones, descuentos y publicidades a medida.  Hoy, vende a todo el país y factura cerca de $ 4 millones por año.  

Amigas para siempre 

Para Abadi, en un vínculo donde hay afecto y, a su vez, un compromiso de negocios, no se puede priorizar uno sobre el otro, sino hacerlos jugar armónicamente. “Una sociedad es como un matrimonio donde existe el amor pero, además, hay un montón de otros compromisos asumidos: cuentas, deudas, un techo en común y, a veces, hijos”, señala. “Una sociedad sana no es un vínculo que no tiene crisis, sino que es capaz de contener y procesar creativamente las crisis”. 

La risa es el ingrediente principal que une al “monstruo de las dos cabezas”, como apodan a Catalina Escobar y Gabriela Bracco, dos amigas que emprendieron, en 2010, con Trim Toys, una marca de disfraces de gabardina de algodón para jugar, cortar, armar y pintar que son lavables y reutilizables.  

Ambas son diseñadoras, Escobar gráfica y Bracco industrial. “Nuestra amistad fue a primera vista. Yo trabajaba en el departamento Industrial de una agencia de publicidad y después entró Cata. Desde el primer día nos pusimos a charlar”, recuerda Bracco. En aquella agencia trabajaron durante un año y medio. Después, cada una hizo su camino laboral, pero la amistad nunca se interrumpió, es más, Escobar fue la testigo del casamiento de Bracco y viceversa.  

“Nos conocimos trabajando, entonces, las pautas siempre fueron muy claras, delimitamos muy bien hasta dónde la amistad y hasta dónde, el trabajo. Si bien compartimos un montón de charlas, cuando trabajamos trabajamos; tratamos de ser lo más profesional posible”, cuenta Bracco. Para la emprendedora, asociarse con un amigo es “lo mejor”, ya que divertirse y llevarse bien son condimentos que considera fundamentales. Además, añade, hay un grado de compromiso mayor con el emprendimiento porque no solo se pone en juego lo que le puede pasar a un socio, sino a un amigo.  

Catalina Escobar y Gabriela Bracco, de Trim Toys.

Para lograr armonía, las socias establecieron dos reglas. La primera tiene que ver con los roles: se dividieron tareas de acuerdo al expertise de cada una, Escobar es la directora de Arte y Bracco, de Productos. “Aunque somos dos, establecimos que semanalmente hay reunión de directorio y nos ponemos al día con lo que está haciendo cada una. si hay que tomar una decisión importante, la charlamos ahí”, cuenta.  La otra regla es que los de afuera, fundamentalmente sus maridos, intervengan lo mínimo posible. Al respecto, Abadi opina que si un padre o marido oficia de mentor hay que escucharlo, pero con una salvedad: “Muchas veces pasa que, cuando no estoy de acuerdo con mi socio invoco a mi marido, mi mentor y la conversación se convierte en ‘mi marido dijo que’.  Hay que dejarse aconsejar, escuchar al mentor, pero para sacar conclusiones propias, sino la relación se contamina de opiniones de terceros”. 

Trim Toys está presente en todo el país a través de una red de mayoristas -este año empezaron a trabajar en la venta minorista-, está exportando a Paraguay y próximamente a Chile y Uruguay. “Para cubrir el volumen de juguetes que nos exige la venta mayorista, trabajamos con talleres y armamos un equipo de trabajo con personas que fuimos capacitando para que trabajen de manera freelance, pero decidimos que solo tenían que ser personas amigas y conocidas. Compramos las herramientas que necesitaban y ahora tienen su mini taller; es gente que necesitaba trabajo”, comenta.  

Amigos, semillero de socios

¿Cuáles son las condiciones que se deben  encontrar para que una persona le aporte a la otra como socio? “Necesito a alguien generoso con sus ideas, que esté abierto a valorar las ideas de los otros; que sea un buen tejedor de redes; que se proyecte a corto plazo, mediano y largo plazo; que sea honesto de su situación presente; muy especialmente necesito que, material y subjetivamente, necesite trabajar como parte de su proyecto de vida; y que sea diferente a uno, pero complementario”, describe Abadi. 

Diego Martínez, uno de los socios fundadores de Bior, una marca cordobesa de barritas de cereal y frutas, se hizo asesorar por un abogado especializado en sociedades. Le explicó que estas fracasan frecuentemente y las que sobreviven son aquellas en que sus integrantes tienen otro vínculo como una amistad o relación de pareja. Por eso, buscó entre sus amigos al tercer socio que le estaba faltando.

La historia de Bior tiene un antecedente. Martínez y su pareja Priscila Luján arrancaron un negocio de caramelos gourmet, pero a los 3 años entendieron que debían reinventarse, ya que la tendencia global iba hacia lo saludable. Se reconvirtieron y crearon Bior en 2014. Luján se encarga del área financiera y administrativa, y Martínez de la comercial, pero les faltaba una pata para que el negocio camine naturalmente, dado que ninguno sabía sobre desarrollo productivo. Buscaron entre amigos, pero no tuvieron suerte. Cuando empezaban a considerar la posibilidad de contratar a un profesional para que ocupe ese espacio como empleado, se encontraron con Gabriel Arias en un asado festejando el Día del Amigo. 

El equipo de Bior.

Martínez y Arias habían sido parte de una barrita de amigos del barrio, pero sus caminos se abrieron y no se habían vuelto a ver hasta ese día. “Nos pusimos a charlar. Me contó que había trabajado para Arcor y Bagley y que se había especializado en automatización. No lo podía creer porque uno busca esos perfiles en reuniones de negocios o networking, jamás imaginé que podría ser en ese contexto”, dice Martínez.  

En ese entonces, Arias tenía su propia firma, asistía a industrias y “de onda”, cada tanto, les daba una mano arreglando alguna máquina. Así fueron construyendo una amistad. Y, en poco tiempo, Luján y Martínez se dieron cuenta que él era la pata que necesitaban para completar la sociedad y lo invitaron a integrarla.  Hace un año y medio Arias es el responsable del área de Producción y Automatización.  De este modo, dice Martínez, lograron lo que él llama “sociedad estratégica”, donde cada uno tiene un valor único e irremplazable. “Creo no siempre las empresas tienen eso en cuenta”, dice.

Con la incorporación, lograron la automatización de la planta de 400 metros cuadrados que tienen en Embalse (Córdoba). “Con la automatización y la incorporación de Presea, un software de gestión integral de Neuralsoft pudimos ir dejando la producción artesanal para hacer un negocio escalable”, destaca. Los productos se distribuyen a todo el país a través de dietéticas, almacenes naturales, centros de estética y gimnasios. 

En 2016, Bior facturó alrededor de $ 3,5 millones, pero el pronóstico de 2017, dice el emprendedor, no es favorable. “El país está raro; con la crisis, las ventas son muy variables. Nuestro objetivo era superar los $ 5 millones, pero ahora no lo vemos tan claro. Así que, para este año, estamos destinando a mejoras para poder crecer cuando las cosas mejoren”, concluye.  

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