Día de la madre: cinco emprendedoras cuentan cómo la maternidad transformó sus negocios

Trabajan todos los días y crían a sus hijos. La cuarentena dificultó la situación, pero sirvió para que todos en la familia pudieran entender más su trabajo y, en muchos casos, hasta involucrarse, sembrando la génesis de una empresa familiar.

Día de la madre: cinco emprendedoras cuentan cómo la maternidad transformó sus negocios

En la Argentina, negocios, padres e hijos están más relacionados de lo que se podría pensar a simple vista. Según datos del Club Argentino de Negocios de Familia (CANF), más del 80% de las empresas nacionales son familiares y generan un 70% del empleo. Y, aunque no existen estadísticas del porcentaje de mujeres que manejan este tipo de organizaciones, cada vez es más común combinar la maternidad con el desarrollo de un negocio. 

Claro que esto no es tarea sencilla porque, tal como explica Alfonsina Ruquet, consultora Senior de CANF, a la hora de combinar trabajo y familia “existe una dimensión emocional que debe ser tomada en cuenta” y el manejo que se haga de esa situación “dependerá del grado de profesionalización de la empresa”. 

Si bien señalan que “es habitual que en una empresa familiar los integrantes de ese núcleo puedan llevar, en algunas ocasiones, a los niños al trabajo”, en la cuarentena las fronteras entre el espacio laboral y el familiar se borraron completamente. El grado de exigencia sobre las mujeres se incrementó.

Sin ir más lejos, recientemente Adecco Argentina realizó una encuesta para conocer cuánto influyó la pandemia en la funcionalidad de las familias, la situación laboral de las mujeres y la igualdad de género. Ante la pregunta acerca de quién se ocupa de las tareas del hogar, el 41% dijo que la mujer, mientras que para el 38% se dividen las tareas y solo el 7% considera que se ocupan los hombres.

Asimismo, respecto a la limpieza y cosas para desinfectar, para el 38% es una tarea que realiza la mujer, mientras que solo el 2% de los hombres se ocupan. El 25% se turnan y trabajan en esta área los dos por igual, o lo resuelven entre todos los integrantes de la familia (20%).

En primera persona
 

A partir de la vida en aislamiento, muchos hijos pudieron conocer qué es lo que hacen sus mamás cuando ellos están en el colegio. Eso fue lo que le pasó a Lucía Vidal, ilustradora, diseñadora gráfica y animadora de dibujos, creadora de Infinicuentos, el proyecto que nació en 2015 con la publicación de su primer libro-juego de papel cartulina para niños. “Milo, mi hijo de ocho años, empezó a estar muy al tanto de mi trabajo. Comenzó a hacer sus actividades en un tablero al lado de mi computadora y se enganchó con la producción de libros, hizo dos él mismo y los pone en la biblioteca al lado de los que yo hice”, cuenta esta emprendedora.

Lucía Vidal, creadora de Infinicuentos.

Juntos realizan las tareas del colegio, leen libros, juegan y, además, trabajan. Sí, porque Milo la ayudó a Vidal cuando hizo unas transmisiones en vivo por la red social Instagram  para promocionar Infinicuentos. Y es que en el fondo, se trata de jugar, algo que todo niño de ocho años sabe hacer. “Él quiso participar y la gente estaba del otro lado nos decía qué queríamos que dibujemos en el libro. Si bien es algo tímido, ayudó el hecho de que no viera a la gente que estaba conectada, que era mucha. Le encantó, se enganchó mucho y era lindo ver cómo interactuaba”, cuenta Vidal. 
La emprendedora asegura que “es lindo compartir con él las actividades laborales y que a él le guste participar del trabajo”. Tal es así que hoy Milo dice que quiere ser diseñador de juegos cuando sea grande y también decidió que va a escribir libros y dibujarlos para venderlo. 
Valeria Cis también es ilustradora de literatura infantil desde hace 20 años y en 2001 creó La Casuni, la marca que eligió para crear objetos decorativos ilustrados que comercializa a través de Facebook e Instagram. Gracias a las herramientas digitales siempre trabajó desde su casa, donde tiene un taller. Está acostumbrada a mandar un mail a un cliente y al instante revisar la tarea de los chicos. “Fui entrelazando estas actividades, maternidad- producción, desde siempre. Y, aunque mis hijos ya son adolescentes y tienen más independencia, en esta cuarentena tuvimos que convivir y compartir los espacios de la casa todo el día”, cuenta. 

Valeria Cis, fundadora de La Casuni.

Eso hizo que todos los integrantes de la casa fueran involucrándose en distintos aspectos de su emprendimiento. Su marido e hijos descubrieron que podían colaborar con una entrega de pedidos al correo o llevar trasladar objetos pesados de trabajo. “Son detalles que permitieron que mis hijos puedan ver que no es fácil, que hay que seguir adelante y buscar la manera”, dice Cis. 

Paralelamente, durante estos meses de encierro, estuvo haciendo una investigación de posibles clientes en el exterior y la proyección de La Casuni es llegar a nuevos mercados en otros países. Para ello, está adaptando su tienda online e investigando los requerimientos para poder llevarlo a cabo ni bien se normalice la situación actual. Y, sin dudas, el apoyo familiar ha sido clave para proyectar esa perspectiva. 

Un socio inesperado

Una experiencia parecida tuvo Gabriela Giordano, quien produce y vende piezas de cerámicas junto a su hijo Juan Ignacio, de 16 años. Lo novedoso de su historia es que este proyecto, que se llama Venerdi, nació durante la cuarentena. “Yo hacía cerámica  como un hobby, fabricaba piezas para regalar o para mí, pero al estar en mi casa todo el tiempo, empecé a producir y a publicar en las redes, como Instagram, con muy buen resultado de ventas”, relata. 

Un día, su hijo le preguntó si quería que le ayudara y ella aceptó. Él también sufría la inactividad ya que estaba acostumbrado una vida muy movida. “Me sorprendió su capacidad para realizar este trabajo y empezó a tener su dinero. Yo no le exijo que trabaje todos los días porque es chico, pero mientras tenga ganas y disfrute de hacer las piezas, sí”, cuenta Giordano. Además, Lucía, su hija de 12 años, los ayuda con el manejo de las redes sociales, que son clave para ellos, ya que el 95% de las ventas se realizan por ese canal. 

Gabriela Giordano y su hijo, al frente de Venerdi.

Así, tomó vuelo este emprendimiento familiar que ya tiene planes para construir un taller más cómodo y un showroom.  “Arrancamos en mayo y crecimos de manera sorprendente. Es maravilloso trabajar con ellos, ver la responsabilidad que tienen a pesar de ser chicos, descubrir sus talentos”, resalta Giordano, quien nunca había pensado en fabricar cerámica con sus hijos.

En el nombre del hijo 

Vann Schaab es la dueña de Ungui, un emprendimiento familiar que desde 2018 produce objetos seleccionados para primera infancia y juegos y juguetes con inspiración Montessori. Su hijo, nacido el mismo año, fue quien le puso nombre a la marca. “El origen del nombre es en sí mismo una anécdota de maternidad porque surgió jugando con los balbuceos de él. De repente él dijo 'ungui'. Nos miramos con mi hermana -mi fiel mano derecha, diseñadora y mi parte racional de todo este asunto- y dijimos ¡Eso es!”, recuerda sobre cómo eligieron la marca.

Vann Schaab, dueña de Ungui.

Su hijo también fue la musa inspiradora para el nacimiento de la propuesta. Crecieron mucho en estos dos años, aunque en la cuarentena “todo comenzó a costar un poquito más” y, en medio de este caos, nació su segundo hijo. “Así fue como los límites entre la madre y la emprendedora se desdibujaron y este año se nos presentó muy tempranamente con un panorama distinto”, cuenta Schaab.
Gracias al universo digital lograron readaptar las modalidades de venta y envío de productos de Ungui, aunque tuvieron que dejar de lado por un tiempo la producción mayorista, en parte porque conseguir la mayoría de los insumos empezó a costar el triple y también por la falta de asistencia. “Tanto para ser mamá como emprendedora, necesitamos apoyarnos en el entorno y este contexto rompió con todas las normalidades que conocíamos”, señala Schaab.
No obstante, no se detuvieron y después de agosto pudieron sumar algunas máquinas que necesitaban para comenzar a producir modelos propios de los juguetes de madera. “Estamos trabajando ya en algunos prototipos para llegar a la temporada de Navidad con propuestas 100% propias”, anticipa la emprendendora. Y, si bien reconoce que es difícil coordinar todo junto en un mismo lugar, la casa, señala que no dejan de proyectar. 
Rocío Belén López, dueña de Tatetí Dulces, también recuerda que su hija fue quien bautizó su empresa. “Muchos relacionan el nombre con el famoso juego,  pero en realidad fueron las primeras palabras de Sofía”, rememora la pastelera y panadera artesanal. Ella también creó su marca en 2018, en enero de ese año, cuando se recibió de pastelera profesional
Recuerda que cuando comenzó su meta era llegar a la gente y regalarles un momento de placer y alegría. “Jamás pensé que iba tener el alcance que hoy en día tengo”, confiesa.

El camino no fue fácil, trabajaba por las madrugadas para pasar la mitad del día con su hija ella y luego con los pedidos. “Tuve muchos días de culpa por no poder estar lo suficiente con ella aunque estábamos todo el día juntas y otros días donde la combinación de estrés y falta de paciencia no me ayudaba”, recuerda. Por suerte, Sofi entiende que mamá trabaja para otras personas y que los “pasteles” (como ella llama a las tortas que hace López) son para otros chicos o nenes (como ella los menciona). Mientras, ella se propone seguir innovando y planea tener su propio local.

 Así, estas cinco emprendedoras empiezan a dar vida a lo que, quizás en unos años sea una empresa familiar consolidada. Para ser exitosas en eso, desde CANF recomiendan trabajar preventivamente para desarrollar su inteligencia emocional dado que la complejidad relacional y emotiva que se juega en este tipo de organizaciones es muy particular.

Un emprendimiento es la génesis de lo que puede convertirse en una empresa. Como tal reviste de un grado de organización menor y está bien que así sea en los inicios. Si el emprendimiento logra sostenerse, en algún momento deberá comenzar a organizarse e integrar las recomendaciones que vimos antes para gestionar lo relacional”, advierte Ruquet. Y señala que el rol de estas mujeres no es menor en hacer este desarrollo posible dado que al compartir sus experiencias laborales con sus hijos, les transmiten la pasión por el trabajo, la importancia de la colaboración y el valor del esfuerzo y la creatividad para el desarrollo laboral. 

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