Del laboratorio a los negocios: las empresas de base tecnológica ganan terreno

Quiénes son los científicos argentinos que lograron transformar sus investigaciones en pequeñas y medianas compañías rentables y cómo lo hicieron.  

Quiénes son los científicos argentinos que lograron transformar sus investigaciones en pequeñas y medianas compañías rentables y cómo lo hicieron.  

Quiénes son los científicos argentinos que lograron transformar sus investigaciones en pequeñas y medianas compañías rentables y cómo lo hicieron.  

Nacieron en los laboratorios como proyectos de investigación y se convirtieron en pymes, abocadas a productos y servicios en los que, en general, enfrentan una competencia muy limitada y una demanda en aumento.

Se trata de las empresas de base tecnológica (EBT), que surgen a partir de avances científicos y de la mano de universidades, y con el financiamiento de fondos públicos y privados, evolucionan para convertirse en emprendimientos que crean puestos de trabajo de calidad y transfieren conocimientos a la sociedad. Para lograrlo, sus fundadores deben aprender a combinar los roles de científicos y de empresarios.

"Somos una EBT porque comercializamos procesos de potabilización de agua surgidos de proyectos de inversión llevados adelante en un ámbito universitario, que derivaron en tecnología que la universidad patentó y que nosotros explotamos", explica Virginia Pacini, socia fundadora de Idear, una pyme rosarina que comercializa sistemas para el saneamiento de agua.

La firma está integrada por investigadores formados en el Centro de Ingeniería Sanitaria de la UNR y la Fundación Universidad Nacional de Rosario, y surge de sus investigaciones para saneamiento de aguas contaminadas con arsénico, por un lado, y hierro y manganeso por el otro, problemas que afectan a más de 4 millones de personas en la Argentina.

A fin de los '90, estos proyectos de investigación derivaron en la formulación de procesos de saneamiento, que fueron patentados por la universidad. Hoy, el 40% de las acciones de Idear pertenecen a la casa de estudios, a través de su fundación. "Esas dos patentes de origen derivan en plantas en donde proveemos las partes físicas, los filtros, plásticos, elementos muy grandes", explica Pacini.

Rubén Fernández, presidente de la empresa, añade: "Tenemos como clientes a operadores de servicios del agua en sus distintas versiones, pueden ser cooperativas, municipios, cualquiera que se ocupe de la potabilización del agua y tenga problemas con su calidad". Con el tiempo, desarrollaron una nueva unidad de negocios: el asesoramiento de los ingenieros a empresas constructoras que necesitan de ingenieros sanitarios para sus proyectos. "Les damos las recetas de cómo construir plantas", sintetiza Pacini.

La empresa, que tiene 8 empleados, decenas de plantas construidas y factura $ 10 millones anuales, tuvo un comienzo difícil. "Nos costó dejar de ser ingenieros y docentes para pasar a ser empresarios", reflexiona Fernández. Tras quedar seleccionado en el año 2000 en un concurso de incubadoras, el proyecto de los fundadores de Idear estuvo a punto de naufragar por falta de financiamiento, ya que el premio de u$s 30.000 que habían ganado nunca llegó, a raíz del estallido de la crisis de 2001. "Entre 2002 y 2004 hicimos una maratón de reuniones, a partir de una buena base de datos de potenciales clientes. Logramos juntar financiamiento con la ayuda de sponsors y proveedores del sector, sumado al apoyo de la universidad", relata Pacini.

Aunque se creó formalmente en 2013, la historia de Biocódices, firma de genómica y bioinformática que dirige Hernán Dopazo, doctor en Ciencias Biológicas, también tuvo su origen en la crisis de 2001, que forzó a su fundador a emigrar a España. Allí, Dopazo se inspiró para crear una pyme.

Biocódices funciona dentro de la Escuela de Ciencia y Tecnología de la Universidad Nacional de San Martín, desde donde comercializan productos de medicina genómica y bioinformática. La empresa, que emplea a 4 personas, acaba de superar su segunda ronda de inversores y, con la asociación con otras dos firmas nacionales, conforma el Centro de Medicina Genómica, creado para movilizar ventas y servicios en el sector.

"En unas vacaciones en las que volví al país, planteé el proyecto a la incubadora de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA y empezamos a trabajar en esto de 2009 a 2011, cuando decidí volver a vivir a Buenos Aires y volver al Conicet", relata Dopazo. El sector de la salud fue el eje en torno al cual giraba la idea que dio origen a la empresa. "Quisimos dar salida nacional a la cantidad de estudios que se hacen en la Argentina pero luego se envían al exterior. Buscamos hacerlos en el país y dar servicios con una empresa nacional", detalla Dopazo.

Tras el paso por la incubadora de la UBA, el proyecto se pudo convertir en realidad a partir de una combinación de financiamiento público, con fondos de La Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica, y de inversores privados. Aunque asegura que tuvo que aprender nuevas habilidades para moverse en el mundo de empresarios e inversores, Dopazo reniega del mote de emprendedor. "Sigo siendo un científico que hace ciencia", asevera, y aclara que la investigación sigue siendo crucial para el progreso de la firma.

Familia, ciencia y empresa

BioAplicada nació en 2011 como una empresa que provee tratamientos de células madres para la regeneración de tejidos en el área veterinaria, en particular para caballos de competición, y ensayos de control de calidad concentrados en la evaluación de biocompatibilidades para productos médicos y para la salud humana.

Sus clientes, en esta segunda vertiente, son empresas nacionales del ámbito de la salud que quieren vender sus productos en el país o en el exterior y fabricantes extranjeros que necesitan de las evaluaciones para que se autorice la comercialización de su producción en la Argentina.

La oferta de BioAplicada, a partir de estos servicios que le permiten facturar $ 2 millones anuales, deriva de la aplicación de investigación científica previa en el área del cultivo celular, y de la experiencia emprendedora de la familia Cameo. Fredy Cameo, presidente de la firma, explica que el funcionamiento del grupo comenzó en 1991, pero como un laboratorio de fertilización in vitro.

Paula Cameo, su hija, responsable de I+D, cuenta: "Mi mamá, Mónica, bióloga, trabajaba en investigación en el Instituto IByME, y de ahí, con otros investigadores, en los 90 empezaron a hacer transferencia desde la ciencia básica hacia la aplicada en lo relativo a la reproducción. Ella continuó a la par con la investigación básica, en colaboración con universidades".

Paula se formó en Ciencias Biológicas. Al regresar al país tras completar su posdoctorado en la Universidad de Illinois, los Estados Unidos, en 2005, con un grupo de colegas, comenzó a hacer pruebas con células madre, proyecto al que se sumó su mamá. "En la Argentina no había nadie haciendo trabajos de biocompatibilidad de productos médicos. En 2009 empezamos a hacer más pruebas y a tratar de transformar la investigación básica en un servicio".

Madre e hija hicieron un posgrado que les permitió ganar contactos para el avance del proyecto. Luego, obtuvieron financiamiento del programa Empretecno, de la Anpcyt, a través del Fonarsec, lo que, con fondos propios, les permitió hacerse del equipamiento. Sobre el cambio de rol de investigadora a trabajar en su EBT, Paula asegura que para quienes atraviesan por esta transformación,hay un momento en el que hay que elegir entre dos caminos diferentes. "El tipo de trabajo es muy distinto", explica.

"Me gusta ver que lo que estudié tiene una utilidad práctica. Por ejemplo, cuando le doy a un veterinario las células madre para curar las lesiones en un caballo, y a los 30 días me muestra la ecografía del tendón ya curado, sin cicatriz, y luego verlo al año siguiente saltando... Realmente, me encanta", asegura.

Qué hay detrás de una EBT

¿Qué es una empresa de base tecnológica (EBT)?

Es una empresa nacida a partir de procesos de investigación y desarrollo o a partir de la invención de tecnologías nuevas.

¿Qué aportan a la economía?

Permiten la transferencia de conocimientos y tecnologías de la investigación académica al mercado, crean puestos de trabajo de calidad, tienen la capacidad de habilitar la sustitución de importaciones

Los sectores destacados de las EBTs argentinas:

-Biotecnología

-Ingeniería

-Energías renovables

-Software

Comentarios1
piopio
piopio 11/04/2018 10:16:09

habilitar sustitucion de importaciones???? Las EBT tienen la capacidad de exportar!!! Con esa mentalidad dedicate a hacer helados palito asi competis contra melona!