De altos ejecutivos a emprendedores por decisión propia

Trayectorias comprobables, posiciones jerárquicas en compañías de renombre, sueldos tentadores, beneficios múltiples y la comodidad de lo ya conocido. Con todo eso contaban tres profesionales que decidieron dejar de lado sus puestos para darle un giro a sus carreras y lanzar sus propios negocios. Las experiencias y las recomendaciones para quienes quieran seguir el mismo camino.

De altos ejecutivos a emprendedores por decisión propia.

De altos ejecutivos a emprendedores por decisión propia.

Para muchos, los puestos jerárquicos en grandes compañías transnacionales lo son todo: la meta para la que trabajan durante años y el lugar en el que quieren retirarse. Pero como solo en la diversidad aparece lo novedoso, también hay quienes optan por el camino inverso. Con la valentía necesaria, dejaron sus cargos en importantes empresas para iniciar sus propios emprendimientos. En esta nota, experiencias, consejos y algunas añoranzas de tres perfiles de ejecutivos que decidieron devenir en emprendedores. 

Animarse a concretar proyectos

Leandro Sabignoso es oriundo de San Nicolás (provincia de Buenos Aires) y desde siempre supo que quería liderar. Ingeniero electrónico egresado del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) y con un MBA de IE Business School de Madrid (España), trabajó nueve años en Telefónica en distintos roles de operación nacional. También lo hizo en sectores regionales y globales, como durante los últimos tres cuando estuvo al frente del desarrollo del área de Seguridad de la Información en trece países de Hispanoamérica, período en que el negocio triplicó su tamaño hasta un volumen cercano a los 60 mil millones de euros.

Pensarlo en ese contexto suena casi irrisorio creer que Sabignoso quisiese arrancar de nuevo. Pero su pasión por la tecnología y su alma de entrepreneur pudieron más. En sus palabras: “Toda mi vida fui emprendedor y quise construir mi propia empresa. En esa búsqueda, confluyeron una situación propicia de madurez personal, el encuentro con dos socios con los que formamos un equipo genial y una sensación interna de que era el momento indicado”. Sin más motivos, se lanzó así a su sueño.  

Hoy, Sabignoso es CEO fundador de Auravant, una empresa de big data para el agro que desarrolla herramientas de tecnología informática que ayudan a los productores a adoptar agricultura de precisión. “Acabamos de lanzar una plataforma gratuita para seguimiento de cultivos, que está teniendo muy buena recepción en el mercado y con la que esperamos cubrir millones de hectáreas en el corto plazo”, sostiene. Y cuenta que ofrecen otras apps que ayudan al productor a usar fertilizantes y herbicidas de manera más eficiente, con las cantidades justas en cada lugar del campo. 

Sabignoso, de Auravant.

A la pregunta de si extraña algo de su anterior rol, responde: “Un poco a las personas, y como era un cargo en el que viajaba mucho, a seres queridos que viven lejos ahora nos los puedo ver seguido”. Por lo demás, agrega: “Fue la mejor decisión que tomé en mi vida. Desde el primer día me resulta fácil salir de la cama. La sensación de alineamiento entre los objetivos profesionales y personales es muy linda, y compensa con creces los sacrificios”. 

Respecto al capital cultural y simbólico que le dejó su paso por una de las empresas de telecomunicaciones más grandes, Sabignoso rescata, además de los contactos, el ambiente de contención. “La corporación suele permitir equivocarse mucho y aprender más”, afirma, mientras destaca que entender cómo funciona una gran compañía es necesario para intentar construir una.

Como consejo a otros que quieren seguir su camino, recomienda armar un buen equipo: “Los socios son lo más importante en cualquier emprendimiento. Es lo único que queda al final y es una condición casi suficiente para emprender. Las ideas cambian y el financiamiento se consigue, pero si no hay un equipo que soporte los vaivenes de una start-up es muy difícil, y más aún cuando se deja lado un puesto en una corporación”. 

Un problema de salud, un disparador

Para Javier López, la necesidad de cambio vino por otro lado. Fue director financiero regional de una multinacional francesa durante 15 años. Antes había trabajado en ese sector dentro de Coca Cola y Burger King, acumulando un total de más de dos décadas en el mercado corporativo. Hasta que en 2013 decidió dar el salto: “Cuando un camino no te da más felicidad, hay que girar y tomar otro rumbo”.

La decisión no fue fácil, pero el cuerpo se expresó. “Cuando dejé la corporación, después de años de muchísimo trabajo, viajes, estrés, haberme diagnosticado en el mismo mes celiaquía e hipotiroidismo y haber sufrido un pico de presión fuerte, comenzó el proceso de transformación que duró casi un año”, confiesa. Lo que hizo López fue convertir su problema, la celiaquía, en una oportunidad de negocio. En 2014 creó junto a Fernando Rivaud Gout Gluten Free, dedicada a la elaboración y venta de productos sin gluten, que hoy cuenta con un centro de producción, un restaurante, una pastelería y su primer franquicia en Rosario (Santa Fe).

López, de Gluten Free.

A la gran pregunta de qué hace que un alto ejecutivo abandone la tranquilidad de su generoso sueldo a fin de mes, además de los múltiples beneficios en concepto de extras que suelen brindar las corporaciones, López contesta: “Cuando un trabajo, proyecto o lo que sea que se haga no da adrenalina, pasión o ganas de hacerlo, en la medida que se tenga la posibilidad, hay que comenzar la migración. “Uno siempre debe preguntarse: ‘¿Esto en lo que estoy me lleva al lugar donde quiero estar?’ Si la respuesta es no, hay que cambiar”, sugiere, y confiesa que lo que más aprovechó  de su estadía en el mundo corporativo es llevar el orden y la formalidad a cada acción. En cuanto a las relaciones, añade: “Siempre van con uno y es importante conservarlas”.

Una decisión que derivó en un cambio

Desde sus épocas de estudiante universitario, Rodrigo Beistegui trabajó en P&G, una de las empresas de consumo masivo más grandes del mundo. Hizo allí gran parte de su carrera durante 13 años, ocupando diferentes puestos con responsabilidades locales, regionales y globales. “En el último año, estuve unos meses en Cincinnati (los Estados Unidos), donde se encuentra el headquarter de P&G. Tenía un prestigio creado, experiencia en resultados y era considerado dentro de la compañía como uno de los talentos de América latina para seguir escalando posiciones”, cuenta.

No obstante, dar un paso más implicaba mudarse de la Argentina, algo que no quiso hacer. “Soy un enamorado de mi país, mi familia y mis amigos. El hecho de pensar que me alejaría de ellos me obligó a plantearme qué quería hacer en el futuro. Cuando asumí que mi tiempo en P&G había terminado, lo natural habría sido buscar otra empresa en la cual trabajar, pero surgió la posibilidad de emprender y pensé que era el momento exacto para hacerlo”, relata.

Entonces, creó Viaedu, una plataforma de orientación vocacional digital que busca que cualquiera que esté terminando el colegio secundario pase por un proceso de orientación vocacional y encuentre así la carrera e institución que mejor se adapte a su perfil, combinando un test online y otro presencial, y cuyo alcance se estima en 50.000 usuarios para fines de este año. 

Beistegui, de Viaedu.

Aunque Beistegui reconoce que emprender genera muchas preocupaciones a la cabeza, entiende, a la vez, que brinda muchas satisfacciones: “Todas las decisiones que tomás tienen un impacto directo en el negocio, tanto las buenas como las malas y podés verlo y sentirte responsable de ello”. Su recomendación a quienes quieran emprender es que le dediquen el 100% de su tiempo y que no lo hagan como algo extra a su trabajo fijo. La flexibilidad y la agilidad son, para él, necesarias para el emprendedurismo, mucho más que las que requieren las empresas: “No hay que pensarse como ‘dueño de la plata’ que se invierte, sino como un negocio”.

Por último, aconseja que la decisión sea evaluada en todas sus implicancia, ya que hay que prepararse mental y personalmente para el cambio: “En mi caso, tuve que entender qué  responsabilidades iba a tener, cuántos ahorros necesitaba para enfrentarlas y  ser conciente de que había chances de que no funcionara”. Pero... ¿quién puede quitar el sueño del emprendimiento propio?

Micropoderes

Se dice que uno de los libros favoritos de Mark Zuckerberg, el CEO fundador de Facebook que abandonó sus estudios en Harvard para dedicarse al negocio que hoy tiene una valuación que supera los u$s 400.000 millones, es El fin del poder. “De ejércitos disciplinados a caóticas bandas de insurgentes, de gigantescas corporaciones a ágiles emprendedores, de los palacios presidenciales a las plazas públicas", su tesis es que el poder cambia de manos.

Pero también cambia en sí mismo y por eso su autor se dedica a describir la lucha entre los grandes actores antes dominantes y los nuevos micropoderes que ahora los desafían, como la oportunidad que representa para los ejecutivos de corporaciones embarcarse en un emprendimiento. Y convertirse en sus propios jefes, micropoder mediante. 

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