Bodegas sin fronteras: el reto de ganar competitividad

Tras un 2016 con caída de la cosecha por las lluvias, se espera que la uva duplique su precio. Ante este escenario, las pymes vitivinícolas y firmas boutique afrontan un problema conocido: la puja interna de precios. Cuáles son las proyecciones para este año y qué estrategias pondrán en juego para sumar participación en el exterior. 

Tras un 2016 con caída de la cosecha por las lluvias, se espera que la uva duplique su precio.

Tras un 2016 con caída de la cosecha por las lluvias, se espera que la uva duplique su precio.

Las gradas del Frank Romero Day, en la capital mendocina, estuvieron vacías por primera vez en mucho tiempo. La llegada de la tormenta en pleno festejo de la Fiesta Nacional de la Vendimia obligó a los espectadores a abandonar el mítico anfiteatro de la capital mendocina, sede de esta fiesta popular desde 1963. El estadio quedó vacío, y el episodio -ocurrido en la primera semana de marzo- le puso sello a un 2016 difícil para los dueños de las bodegas pymes: por mal clima, la producción de vinos cayó el año pasado un 35% a nivel nacional.  

Así lo informó la Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV, por sus siglas en inglés) que, a través de un estudio realizado en la región cuyana, pone en números lo que muchos jugadores del sector vitivinícolas suponían: la industria local produjo en 2016 un total de 8,8 millones de hectolitros de vino, 4,7 millones menos que en 2015 y casi 7 millones menos que en 2014. Según la OIV, la Argentina experimentó “la cosecha más escasa de los últimos años”, causada en mayor medida por las fuertes lluvias en el período febrero-marzo, que introdujo enfermedades en los viñedos y provocó una caída de la productividad. 

Para dar vuelta la situación económica que dejó 2016, este año las pymes vitivinícolas ponen el foco en distintas variables. Para Alberto Arizu, presidente de Wines of Argentina, la industria necesita aumentar el nivel de competitividad y, para ello, la reducción de los costos de logística es un factor clave. “El Gobierno puso en marcha un plan de infraestructura para el transporte terrestre que tiene un altísimo impacto en el costo total de la importación. Por lo cual, asumimos que la mejora de los caminos y demás vías de transporte podrían mejorar la competitividad de la industria”, destaca Arizu. 

La industria local produjo en 2016 un total de 8,8 millones de hectolitros de vino.

Otra de las variables que afecta la competitividad de algunos de los sectores productivos del país es el atraso del tipo de cambio. Sin embargo, para Arizu, en el caso específico de las vitivinícolas, la presión impositiva y el costo de mano de obra tienen mayor peso en la competencia internacional de precios. “En los últimos años, el costo salarial creció sustancialmente comparado a otros países del mundo y esto impactó en la productividad del sector. La Argentina nunca fue  barata en cuanto al costo de mano de obra pero esa brecha se sigue estirando”, explica el ejecutivo. En este contexto, el tipo de cambio “permite esconder estas ineficiencias productivas”. 

Para tener cierta referencia, cada año se producen alrededor de 260 millones de hectolitros de vino, y el ranking lo encabezaron, en 2016, Italia y Francia, con una producción total de 49 y 38 millones de hectolitros, respectivamente. Detrás se situaron China, Australia, Sudáfrica y Chile. Este último alcanzó los 10 millones de hectolitros el año pasado. 

A su vez, ante un escenario en el cual Brasil muestra signos débiles de recuperación y los Estados Unidos, principal destino de las exportaciones, amenaza con cerrar las fronteras comerciales, según los especialistas, la apuesta de las pymes por ciertos nichos del mercado interno es una buena estrategia comercial para este año. 

Daniel Rada, presidente del Observatorio Vitivinícola Argentino, asegura que la oportunidad de la pequeña y mediana bodega está en la producción de vinos premium, o boutique. Las razones son dos. "El 80% de la producción al mercado interno es de vinos de baja calidad y este producto juega una competencia de precios directa con la cerveza, que es su sustituto natural. Con los precios actuales, la cerveza viene ganando mayor mercado y esto hace que las vitivinícolas estén perdiendo ventas", desarrolla Rada. 

En segundo lugar, apuntar a un público que consume vinos finos da otra ventaja: el productor no depende de los ciclos y contraciclos del salario real o, en términos más amplios, del nivel de consumo de la economía. Es decir, las recesiones tienen menor impacto sobre los bolsillos de los clientes con mayor poder adquisitivo y, por los tanto, sobre las ventas de las bodegas boutique.  “Además, las pymes pueden explotar los nichos de alta calidad ya que existe menos competencia en la oferta, en donde los grandes viñedos no ocupan mercado”, menciona Rada. 

Cada año se producen alrededor de 260 millones de hectolitros, y el ranking lo encabezaron en 2016 Italia y Francia.

El negocio de las boutique

Las circunstancias que favorecen a los pequeños bodegueros que producen vinos premium se acumularon en este 2017. Con el consumo aún caído, el precio de la cerveza bajo -causado también por las marcas que entran entre los productos de Precios Cuidados- y Brasil, uno de los destinos principales de las exportaciones, recuperando el nivel de actividad, la industria vitivinícola de alto vuelo pareciera tener las condiciones dadas para ponerse de pie luego de un 2016 con merma en todos los indicadores del negocio. 

En este sentido, Ezequiel Naumiec, gerente Comercial de Bodega Alto Limay, asegura que este año se le presentaron dos oportunidades atractivas. “Estamos poniendo muchas fichas a Brasil, que es un mercado gigante donde casi no se producen vinos de calidad y el consumidor está buscando nuevos productos”, dice el ejecutivo. El segundo negocio que proyecta Naumiec se origina a partir de la dinámica entre la pyme y la gran bodega. “Las bodegas chicas vendemos vinos en botella, que se exportan en su mayoría, y vinos para las empresas vitivinícolas grandes. Entonces, estas fábricas cortan el vino de ‘pelo’ bajo con nuestros vinos para darle mayor calidad”, explica el bodeguero, y remata: “Ahí se creó un negocio que nos permitió respirar porque fue un año duro en ventas de botella de producto terminado”. 

Este año, Naumiec pronostica superar la barrera de las 100.000 botellas vendidas, meta que no pudo concretar en 2016, y proyecta crecer en facturación un 10% por encima de la inflación, empujado por el crecimiento de Brasil y el consumo interno. No obstante, la pyme está a la espera de lo que pueda suceder con los Estados Unidos, país al que destina el 40% de su producción. “Estamos trabajando con los organismos estadounidenses de certificación y sanidad, y creemos que se va a agilizar el proceso. Pero sigue habiendo incertidumbre: es posible que te frenen el trámite y te retengan un producto por uno o dos años”, cuenta el ejecutivo. Es decir, imponer trabas burocráticas para demorar el ingreso de las importaciones y, así, de forma implícita, cerrar las barreras comerciales. 

Las circunstancias que favorecen a los bodegueros que producen vinos premium se acumularon en este 2017.

En el marco local, la competitividad le afecta en gran medida a Bodega Alto Limay, pero el problema no está ligado al tipo de cambio. “Si el Gobierno me asegura un dólar estable entre $ 15 y $ 16, los números cierran. Pero el problema que nos afecta a los pequeños bodegueros son los costos: la inflación pujante y la carga impositiva", destaca. 

El impacto de la presión impositiva, según Rada, del Observatorio Vitivinícola Argentina, impacta a las bodegas boutique en mayor medida por dos razones. “Las cargas sociales en el país son muy altas y estos viñedos de alta calidad requieren de una mano de obra intensiva”, cuenta. Si bien la estructura de estas pymes es chica, la gran mayoría se encarga de toda la cadena de producción: desde la cosecha hasta la elaboración y embotellado. 

Abrir mercados

El mundo de las bodegas pymes que tienen como principal destino el mercado externo logró atravesar un 2016 complicado. Sin embargo, planean recuperar el volumen de ventas en los próximos doce meses. La estrategia: buscar nuevos mercados por fuera de las fronteras del país y lanzar productos innovadores. 

“Siempre buscamos crear conocimiento de marca y lanzamos alrededor de tres a cuatro productos nuevos por año. En 2016, sacamos un vino especial para China aprovechando el año del mono y, este año, incluimos una edición especial de malbec que brinda tributo a las bandas de rock”, dice Patricio Reich, director Comercial de Bodega Renacer. Y añade: “Con esto, buscamos que el consumidor siga prefiriendo el vino en lugar de otras bebidas alcohólicas como la cerveza y los licores”. 

De este modo, la pyme creció en ventas un 14% en el mercado externo y un 106% al mercado interno durante el 2016. Las proyecciones para este año son menos optimistas: caen al 10% en el mercado externo y un 20% al interno. Los principales socios comerciales son los Estados Unidos, Brasil, Canadá, China y Reino Unido. “Se estima la segunda menor cosecha de los últimos 60 años, que hace aumentar al doble el precio de la uva y no podemos trasladar este precio al exterior”, dice Reich. Con la inflación latente y el tipo de cambio atrasado, los márgenes se achican. 

Por su parte, Bodega Don Cristóbal viene diversificando, hace algunos años, su cartera de clientes. En la actualidad, exporta el 80% de la producción a Bélgica, Reino Unido, Japón, Alemania, Qatar, Brasil, China, Francia, Canadá, Dinamarca, Holanda, y México. “Las proyecciones para 2017 son muy conservadoras. Hay una fuerte competencia mundial de precios, producto de las devaluaciones en las monedas como las del euro y peso chileno que hacen más competitivos sus productos frente a los argentinos, donde lamentablemente seguimos con inflación en dólares”, reconoce Cristóbal Lapania, director de la pyme. 

Ante esta situación, siendo que la marca ya creó una imagen y un status en el exterior, la estrategia de Lapania es continuar en la búsqueda de nuevos negocios. “Vamos a seguir viajando y visitando potenciales clientes”, aclara. Las prioridades para la bodega son: los Estados Unidos, Reino Unido y Brasil. “La cosecha este año será muy baja por el mal clima- en relación a los promedios históricos- y seguramente presionará a los precios hacia arriba”, concluye el empresario.

Créditos: la deuda pendiente

No sería una novedad decir que las pymes siguen teniendo problemas para acceder a financiamiento. Éste es un problema histórico atravesado por el sector. No obstante, las pequeñas y medianas bodegas notan un ligero cambio de tendencia. 

Las pymes siguen teniendo problemas para acceder a financiamiento.

En el caso de Bodega Alto Limay, los trámites en el banco llevaron más de un año en realizarse pero el resultado fue positivo. “Los mecanismos del Banco Nación empezaron a trabajar bien. El crédito cuesta sacarlo: estuvimos un año haciendo papeles”, cuenta Naumiec, y admite: “Es entendible, porque no tenemos una cultura de financiamiento como tiene Estados Unidos, que podés sacar un leasing fácilmente y las empresas ya saben cómo presentar los formularios y qué condiciones deben cumplir”. Del otro lado de la balanza, el bodeguero destaca un punto en contra del sistema financiero: dan créditos productivos, pero no comerciales. 

“Nosotros accedemos a créditos en pesos y dólares, y nos es posible seguir aumentando el financiamiento”, completa Reich, de Bodega Renacer. Sin embargo, el ejecutivo va un paso más adelante y pone sobre la mesa la necesidad de que las entidades financieras lancen productos más específicos para el sector. “Sería interesante tener la posibilidad de recurrir a una línea de crédito subsididad por el Gobierno para poder mitigar el riesgo de heladas”, agrega el ejecutivo. 

La sensación del sector, planteada por alguno de sus actores, es clara. Con variables macro que vienen jugando en contra hace algunos años, las vitivinícolas necesitan de vías de escape: créditos accesibles, rutas pavimentadas para reducir los costos de transporte o desatar impuestos específicos. Con la macro en orden, podrán pensar en el largo plazo. 

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