Bodegas: entre la preocupación y la esperanza de un repunte en las ventas

Las pequeñas y medianas empresas de la industria vitivinícola expresan su preocupación por la carga impositiva y se debaten entre la mala performance de 2016 y 2017 y la esperanza de un repunte en la actividad. Radiografía del sector.

Radiografía del sector vitivinícola y sus proyecciones para 2018.

Radiografía del sector vitivinícola y sus proyecciones para 2018.

Las pymes vitivinícolas se debaten entre los lamentos por la mala performance de 2016 y 2017 y la esperanza de un repunte. En un país donde las "políticas de Estado" parecen más un deseo que una realidad, la reconversión vitivinícola de los últimos 35 años surge como un ejemplo a destacar. 

El cambio de perfil, apuntando a vinos de alta gama por sobre la producción a granel, trajo cambios. La cantidad perdió terreno ante la calidad y desde 2011 la uva cereza abandonó su primacía en favor de la de malbec. El consumo interno por habitante se redujo a la cuarta parte y desde 2015 se ubica por debajo del de la cerveza. Lo que llevó a concentrarse en la exportación y enfrentar una feroz competencia.

Hubo otro cambio: una gran concentración primaria que contrasta con la aparición de mipymes en la industria, que representan el 52% de la mano de obra del mercado local de vinos. Según el INV, existen 881 bodegas elaboradoras. Y, si bien Mendoza concentra cerca del 75% de la producción, Pyme también consultó a productores de otras provincias para comprobar que los reclamos son generales.

La carga tributaria es un tema insoslayable, a meses de la polémica por el impuesto impulsado en el primer proyecto de reforma que, finalmente, quedó archivado. Para Carlos Fiochetta, gerente General de Coviar, "el impacto de la carga impositiva sobre la cadena vitivinícola es muy alto. En el caso de la producción de uva los impuestos significan cerca del 45% de la ganancia, mientras que en las bodegas el peso es en promedio 65%, según la Universidad Nacional de Cuyo". De haberse sancionado el fallido impuesto, "hubiese empeorado la situación, que ya de por sí es extrema."

Desde el Alto Valle de Río Negro, el presidente de la Bodega Humberto Canale, Guillermo Barzi, dice: "La carga tributaria es excesiva: cuanto más alto es el contenido de mano de obra dentro del costo total, las economías regionales están más complicadas en sus resultados económicos".

Eduardo Garcés, quien con su hermano Miguel está al frente de la compañía iniciada por su abuelo hace 108 años, suma a San Juan a las críticas al decir que "la carga impositiva llega en algunos casos al 60% del valor del producto. Si se hubiese hecho realidad el intento de gravar con un nuevo impuesto al vino del 17%, se le habría dado el certificado de defunción al productor", sostiene.

La carga tributaria es un tema insoslayable.

Fiochetta va más allá: "El modelo impositivo debería tener alguna consideración con las industrias intensivas en mano de obra y de alto valor agregado. La lejanía a los puertos nos hace tributar más en algunos conceptos. Las propuestas se enfocaron en aumentar los reintegros a las exportaciones por el pago de impuestos que realiza la cadena y se insistió en la sanción de una ley de uso de jugos naturales que incentive vía fiscal el uso de jugos, entre ellos el de uva".

Cuestiones climáticas determinaron en 2016 una brusca caída de la producción de uva (-27,2% según el INV) y de elaboración de vino (- 29,3%), de la que la actividad no pudo recuperarse. "Estuvimos dentro de las pautas del mercado, con una leve caída en el volumen de ventas del orden del 6 %", dice Barzi. Para Garcés "no fue un año bueno, ya que veníamos padeciendo sequías, agravadas por las heladas tardías".

Respecto al consumo interno, Garcés dice: "En 2017 se derrumbó 13,1%, debido, posiblemente, al bajo poder adquisitivo de la población y a los altos costos de los productos en góndola, que no llegan al productor". En la exportación "la gravedad es mayor: en vinos fraccionados se redujo 13,6% en botellas y 18,9% en tetra-brik. En el caso de vinos a granel, la exportación cayó 59,2%".

En lo que no hay coincidencia es en el impacto que causa la apertura del mercado. Para Garcés "los precios de nuestros productos debieron ser buenos, pero la importación de vinos a granel desde Chile hizo que los precios locales quedaran muy bajos". Según Barzi "los vinos a granel que se importaron de Chile en 2017 no representaron más del 7% del consumo nacional".

Fiochetta considera que "el efecto de la apertura comercial todavía no se ha hecho sentir en su totalidad. Si bien han ayudado medidas puntuales como la liberación del cepo, la quita de las retenciones y las menores restricciones para la importación de insumos y bienes de capital, el efecto en el sector todavía es tenue, de hecho en 2017 las exportaciones de vino y jugo de uva disminuyeron respecto al año anterior".

"En el mediano plazo esperamos que se acuerde con los principales bloques comerciales del mundo para que el vino y otros productos vitivinícolas puedan acceder a los mercados internacionales sin aranceles de importación", dice.

Para este año "las perspectivas deben ser alentadoras", confía Garcés, "a nivel mundial faltan casi 3000 millones de litros de vino, por la gran merma en Europa y Estados Unidos a causa de las heladas". Un contexto que invitaría a una mejora en los precios que, no obstante, corre el riesgo de no ocurrir. Garcés lo explica: "El precio no lo pone el vendedor sino el comprador. Las grandes bodegas ejercen un oligopsonio por ser tres o cuatro las formadoras de precios".

En 2017 la situación fue otra. "Hubo más demanda que oferta y salieron a comprar vino a granel a Chile, aduciendo que faltaría". Para Garcés, "quedó demostrada otra falacia de estos grandes industriales, porque la existencia vínica, según el INV al 1 de junio, es de 9,3 meses de despacho".

El diálogo con los gobiernos es otra de las facetas a tener en cuenta.

El diálogo con los gobiernos es otra de las facetas a tener en cuenta. Fiochetta destaca la buena relación con ambos, "especialmente con el de Mendoza" reconoce, tras remarcar que "el INV es parte de Coviar".

"Hay que abordar el desarrollo de las pymes con herramientas impositivas, legales, técnicas y financieras adaptadas a su realidad. En el caso de la vitivinicultura, hay que considerar las características de las empresas en función del producto, esto es, una actividad de alto valor agregado y desarrollo territorial", plantea.

Barzi pondera el "cambio en cuanto a la relación con las autoridades" después de diciembre de 2015. "El Ministerio de Agroindustria se involucró convocando a mesas sectoriales tratando de ir solucionando lo que signifique mejorar la competitividad. Lo mismo con el INV, con el que se está trabajando en una nueva ley de vinos", indica.

Vinos y tipo de cambio: 120 años no es nada 

El debate por el tipo de cambio está entre los primeros puntos de la agenda. "Para estas economías se necesitaría un dólar de $ 23", dice Barzi. Quien crea que es demasiado, le conviene compararlo con lo que propone Fiochetta: "Es difícil establecer un valor específico", admite, "pero probablemente debería ser al menos un 20%, 25% más alto que el valor actual". El cálculo lleva a una paridad de entre $ 24 y $ 25 por unidad. Ninguno de los dos puede confrontar con Garcés. "El valor del dólar debería ser de $ 35, provocando que los insumos bajen su precio en dólares".

Para Barzi "la Argentina está cara. Todas las economías regionales lo están sufriendo. En viticultura las exportaciones cayeron un 7,3% en 2017". Garcés agrega que "debido al retraso cambiario se produjo una alta inflación en dólares. Un tractor paralero que en los '90 costaba u$s 20.500; hoy, casi u$s 50.000. Una hora hombre, incluido sueldo, aportes e impuestos en nuestro país casi llega a u$s 18 y en los países vecinos, entre u$s 7 y u$s 8".

Y sigue: "Durante la convertibilidad un obrero en nuestra actividad ganaba entre u$s 6 y u$s 8 por jornal, y vivía mejor que ahora, que gana más de u$s 25 al día. Transportar un contenedor de uvas de San Juan al puerto de Buenos Aires tiene un valor doble que del puerto de Buenos Aires a Rusia. En los '90 la tonelada de mosto concentrado se vendía a EE.UU. en u$s 550, estando los productores económicamente mejor que ahora, que se vende en u$s 1.200 a u$s 1.400 la tonelada".

Los reclamos por el tipo de cambio se remontan a fin del siglo XIX. Al abrirse el debate por la inminente sanción de la ley de Conversión, el 8 de septiembre de 1899 el Centro VitiVinícolo (sic) de Mendoza envió una carta a las autoridades del Congreso Nacional en la que, con la firma de 2804 productores, se proponía cambiar la paridad del papel moneda de 44 centavos por peso oro a 40 centavos.

Comentarios2
Alfredo Federico
Alfredo Federico 22/03/2018 11:30:53

mas facil para todo empresario argentino inutil y vago producir poco y aumentar los precios a moderarlos y producir mas.

amigosdelwhisky De Santis
amigosdelwhisky De Santis 15/03/2018 08:00:01

Dejaron de trapichear comprando vino de las cooperativas. Esa demanda elevó precios. Catena compro vino granel en España y lo fraccionó como propio. Bodegas estan para elaborar y no solo embotellar.