Una travesía a bordo de un mágico tren

Inspirado en el Orient Express, J.W. Bradley abrió sus puertas en 2016 y hoy recibe a casi 7.000 clientes por mes, que, atraídos por su creativa propuesta, se suman a la movida de los bares ocultos. El detrás de escena de este original speakeasy y las claves del negocio.

Los socios fundadores de J.W. Bradley.

Los socios fundadores de J.W. Bradley.

Casi en la esquina de Godoy Cruz y El Salvador, en el barrio porteño de Palermo, un letrero luminoso y un portón negro dan la bienvenida a uno de los bares ocultos más originales de la Ciudad de Buenos Aires. Pero J.W. Bradley es mucho más que un speakeasy -así se denominó durante la Ley Seca en los Estados Unidos a los clubes secretos que surgían clandestinamente y vendían a puertas cerradas bebidas alcohólicas, hoy comercios gastronómicos en todo el mundo que brindan una coctelería premium con acceso restringido al público. Basada en el legendario Orient Express, la propuesta apunta a trasladar al visitante al Viejo Continente para viajar en el tiempo a bordo de un espacio que recrea la magia del mítico ferrocarril. 

Los hermanos Valentín y Nicolás Minoyetti y Martín Brenna son los tres socios responsables de la apuesta, que acaba de cumplir un año en el mercado y recibe cerca de 7.000 clientes mensuales. 
“Somos un grupo de amigos que visitamos speakeasys en las grandes capitales. En uno de nuestros viajes, concebimos una idea diferente a lo ya conocido: mayores dimensiones de lo que acostumbra un lugar de este estilo, con una temática que lo cruzara de lleno, sin limitaciones de acceso y que no tuviera que ver con la Ley Seca de los años ’20, ya que nos parecía que todos los bares iban por el mismo lado”, se remonta a los inicios Brenna, licenciado en Marketing y Comunicación Social, quien anteriormente fue gerente de Marketing en Nobleza Piccardo y manager del restaurante del Sheraton de Denver, en los Estados Unidos. 

La entrada de  J.W. Bradley, situado en la esquina de Godoy Cruz y El Salvador, en el barrio porteño de Palermo.

“Así nace J.W Bradley, inspirado en el famoso ferrocarril, al cual se ingresa por un vagón real”, añade el entrepreneur. Es que, como antesala al bar, un “conductor” vestido de época y un viejo vagón de estilo inglés reciben a sus clientes, que se predisponen a escuchar y observar a través de pantallas la historia del tren de lujo y su traza por distintas ciudades.

Para Brenna y sus socios, el fin es entregar la posibilidad de vivir una experiencia completa. “Los consumidores hoy buscan experiencias disruptivas, no basta con un buen cóctel o plato. Nosotros los invitamos a sentirla desde que atraviesan la puerta hasta que se van, ahí es donde radica nuestro diferencial”, sostiene quien además realiza asesoramientos de marketing a empresas y participa en proyectos de start-ups digitales. 

Revivir la historia

Para lograr su cometido, los creadores decidieron conocer en profundidad la historia del Expreso de Oriente. “En Londres, nos interiorizamos sobre los territorios que unió, su elegancia y los personajes que albergó. Sabíamos mucho de él, pero igualmente estuvimos en los sitios que atravesó y hasta nos subimos al convoy que opera en la actualidad. Pensamos que lo mejor era contar en primera persona esa vivencia y replicarla de la forma más fiel posible”, afirma el socio fundador, al tiempo que cuenta que, en el presente, se hallan concentrados en dos nuevos emprendimientos que están en camino, próximos a abrir en septiembre y a finales de este año.

Montar un bar de estas características, según Brenna, “siempre es un desafío”. Con años de trayectoria sobre su espalda, considera que existen dos claves para alcanzar el éxito: “La primera es que todo se resuelve, no importa cuán grande sea el problema. Hay que enfocarse en la solución y no en la dificultad. La segunda, y crucial, es la selección, capacitación y coaching de los recursos humanos. Ocupa la mayor parte del tiempo y es lo que hace que un lugar, por más lindo que sea, otorgue un servicio distinto”. En 2016, facturaron más de $ 1 millón y, de cara a 2018, estiman incrementar el personal de 33 empleados -el número actual- a 90. 

En 2016, facturaron más de $ 1 millón y, de cara a 2018, estiman incrementar el personal de 33 empleados -el número actual- a 90. 

El foco en los detalles

A la hora de planear la ambientación del local -crucial para aportarle realismo y encanto-, no dejaron nada librado al azar. Artefactos modernos que se mezclan con otros antiguos, piezas de hierro e iluminación tenue forman parte de este ambiente, junto con viejos relojes de estaciones ferroviarias, una caja que simula las boleterías de antes y ventanas abovedadas. Cada objeto de decoración fue pensado minuciosamente. 

“Un bar de este tipo requiere que los materiales sean en su mayoría reales, los cuales se consiguen viajando, en remates o en ferias de antigüedades, como lo hicimos nosotros. Así pudimos recopilar muchos de los elementos que conseguimos. Hacen que la ambientación no sea solo un decorado, sino que contribuyen también a transmitir la experiencia”, explica Brenna, y concluye: “Nosotros mismos diseñamos el local. Buscamos los elementos que queríamos y los combinamos con desarrollos modernos para generar esa onda particular que se respira en Bradley”. 

El panorama local

Para Brenna, la Ciudad de Buenos Aires posee una gran oferta de bares secretos, pero falta impulsar su demanda. “Varios de ellos superan ampliamente a muchos de Nueva York, Londres o Berlín, sin nada que envidiarles. Aun así, hay que aumentar a nivel local el público que consume alta coctelería, como ocurre en estas otras capitales”, opina.

A la hora de planear la ambientación del local -crucial para aportarle realismo y encanto-, no dejaron nada librado al azar.

La carta, la protagonista

"La noche del 19 de mayo de 1977, mientras las cerezas florecían y se terminaba la temporada de cítricos en Estambul, una historia también llegaba a su fin: el Expreso de Oriente partía en su último viaje como tal”, relata la descripción de Last Stop, un emblemático drink de J.W. Bradley, junto a otros como Inmigrant Blood, Red Latin, Room for Two, King’s Cross, First Class Fashioned, Monsieur Poirot y Orient Express, que, como no podía ser de otra manera, tampoco falta en la lista.

Más allá del diseño del lugar, la carta es la que se lleva todas las miradas por ser la especialidad de la casa. Los mismos socios la idearon, sumando los conocimientos  y la experiencia del reconocido bartender Federico Sadovsky, y teniendo en cuenta desde los ingredientes y la vajilla, hasta las particulares historias detrás de cada uno de los sofisticados tragos de autor, inspirados en las distintas estaciones donde paraba el tren de lujo en aquellas épocas y sus pasajeros.

El té inglés, el vermut italiano, el whisky escocés y los licores franceses se dan cita entre aromas y sabores que prometen hacerle pasar una estadía grata a aquel que se anime a dejarse llevar por la experiencia. 

Ficha técnica:

Lanzamiento: 2016.

Inversión inicial: u$s 350.000.

Facturación 2016: u$s 1,2 millón. 

Empleados: 33.

Clientes: cerca de 7.000.

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