Un restó que abre con el sol

La pasión por la cocina unió a dos amigos que, sin experiencia en el rubro, se animaron a montar su primer proyecto gastronómico en 2014. Hoy, poseen cuatro locales, planean nuevas aperturas y la expansión por medio de franquicias.

Paulo Barberis, de Adorado Bar.

Paulo Barberis, de Adorado Bar.

Adorado Bar abrió sus puertas en abril de 2014, en la calle Nicaragua, en Palermo. “Es mi barrio desde hace 17 años. Cuando nos instalamos, la zona no era tan conocida ni preciada”, dice Paulo Barberis, dueño del negocio -hoy una franquicia-, el primero de cuatro que ya están en marcha y otros que esperan ser inaugurados. “Encontramos un local en una cuadra que nos encantó: chiquito pero cómodo; tranquilo, pero cerca de todo; fresco en verano, y que se adecuaba a nuestras expectativas”, cuenta. 

Barberis nació en Miramar, pero se siente porteño. Al tiempo de instalarse en Buenos Aires, se graduó de licenciado en Comercio Exterior en la Fundación Banco de Boston y estudió Abogacía, carrera que dejó inconclusa. “Me quedan tres materias y las prácticas”, admite. “Nunca ejercí, salvo por algunas pequeñas incursiones en mi anterior trabajo. Los 11 años previos al surgimiento de Adorado formé parte de una empresa textil. Me desempeñaba en la parte gerencial, administrando y dirigiendo la firma”, dice el emprendedor sobre su experiencia laboral. Y, según relata, siempre sintió la inquietud de crear una pyme gastronómica u hotelera. “Hice el curso de Administración Gastronómica en el Instituto Argentino de Gastronomía (IAG) y, animado por Mauro Coringrato, dermatólogo de la Universidad de Buenos Aires y médico de planta del Hospital Muñiz, me lancé”, se remonta a los orígenes de la apuesta, que requirió u$s 20.000 de capital inicial, al tiempo que define como “óptima” la relación que tiene con su socio: “Él no interviene directamente en lo cotidiano, pero las decisiones importantes las tomamos juntos. Su respuesta más habitual es ‘si para vos es lo correcto, para mí también lo es’”, cuenta.  

El emprendimiento requirió u$s 20.000 de capital inicial y facturó en 2016 $ 2 millones.

El restó funciona con la luz del sol. “En distintos viajes, conocí el concepto de restaurantes de día. Me gustó la idea y me inspiré en diferentes espacios que visité. Bluestonelane, en Nueva York (los Estados Unidos); Café de Oberkampf, en París (Francia), y El Federal, en Madrid (España), son algunos de ellos”, comenta el entrepreneur. La oferta se basa en “una cocina rápida, pero saludable y casera”, con ingredientes de estación y productos frescos. "Toda la carta es elaborada por nosotros, desde los panificados hasta la pastelería. Cuidamos de cerca la calidad de los platos, que se elaboran en el momento. Contamos con dos lemas: no marcar la comida y no usar conservantes de ningún tipo”, sostiene. “Tenemos habitué que nos eligen desde el primer día”, menciona en relación a sus clientes, que aproximadamente llegan a ser 10.000 por mes, en total. 
 
Crecimiento veloz

Así fue como, en un plazo de tres años, los socios pusieron en funcionamiento cuatro sucursales hasta la fecha. Al local de Palermo le siguió, en enero de 2015, una franquicia en el barrio Los Troncos, de Mar del Plata. “Nos encontramos en el área comercial de Güemes, cerca de calles que son muy concurridas, plagadas de comercios y marcas nacionales, además de propuestas gastronómicas variadas y diversos puntos de entretenimientos”, explica Barberis. Al cumplirse un año de su inauguración, ampliaron el sitio y sumaron la opción take away, con toda la carta disponible para llevar a casa. “Próximamente, llegaremos al shopping Aldrey, donde estaba la vieja terminal”, adelanta.

Asimismo, en octubre de 2015, abrieron el tercer local en la calle Honduras -el único propio en la actualidad-, también en Palermo y cerca del de Nicaragua. “Se encuentra en una esquina que nos enamoró la primera vez que la vimos. Antes, operaba allí un viejo almacén de ramos generales. Pusimos énfasis en replicar su espíritu en pequeños detalles: por ejemplo, la barra está hecha íntegramente con muebles reciclados del mismo almacén que se hallaban en muy mal estado, sumado a objetos adquiridos en ferias de antigüedades y remates”, detalla. Adorado Club Social -como denominan sus fundadores a este tercer bar- cuenta con una cocina más amplia que les permite abastecer a las demás tiendas. 

En Mar del Plata, la firma posee una sucursal en el barrio Los Troncos y se encuentra próxima a abrir otra en el shopping Aldrey.

“Por último, en enero pasado, abrimos el cuarto local y franquicia en San Telmo, en el Palacio Ragio, un edificio que fue declarado patrimonio histórico. Es una casa de dos plantas que tuvimos que mantener, así como preservar su estructura, ya que no se puede alterar debido a su valoración. Entonces, armamos el restaurant alrededor de lo que ya estaba construido, respetando la idea original, pero agregándole nuestra impronta”, afirma su dueño.

Nuevos destinos

El deseo de los creadores es expandir la marca en el país a través de franquicias y socios estratégicos. Pero no se limitan a la Argentina: proyectan llevar la pyme a España. “Es una puerta de entrada al mercado europeo. Elegimos Madrid por la similitud que encontramos con nuestro país. Allí, la dinámica será similar a la local, con ingredientes típicos nuestros. Estudiamos en profundidad y confirmamos que la inversión necesaria para un local allá es más o menos la misma que acá, pero con una rentabilidad de alrededor de un 5 % más, debido a que las materias primas son más baratas”, dice Barberis.

Ficha técnica:

Lanzamiento: 2014.

Inversión inicial: u$s 20.000. 

Facturación 2016: $ 2 millones.

Facturación (p) 2017: $ 3 millones.

Empleados: 43.

Clientes mensuales: 10.000 promedio.

Locales: 4 (3 franquicias y 1 propio).

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