Es ruso, tiene una “sala de escape” en San Telmo y factura $ 3 millones

El ruso Danil Tchapovski, habitante porteño hace 15 años, creó una empresa de salas de escape en un pequeño local en el corazón de San Telmo. Hoy ofrece un propuesta inmersiva de realidad virtual.

Danil Tchapovski, fundador.

Danil Tchapovski, fundador.

Emprender y jugar parecen verbos opuestos, enemigos casi. Tan lejanos como trabajo y placer. Pero hay algo de yin y yang, de complemento entre ambos: azar y reglas, creatividad y razón, éxito y caída La historia del ruso Danil Tchapovski, habitante porteño hace 15 años, es quizás la metáfora perfecta para probar que, combinados, son una mano ganadora.

Tchapovski es el cerebro detrás de Juegos Mentales, una empresa de salas de escape que arrancó en 2015 con un pequeño local en San Telmo, y hoy se erige como la primera en contar con una propuesta inmersiva de realidad virtual. Descubrió el negocio casi por casualidad, cuando en un viaje de trabajo (por ese entonces tenía una fábrica de calzado), se atrevió a pisar una de estas habitaciones misteriosas en Rusia, su tierra natal.

"La idea me parecía estúpida", confiesa sin vueltas. Sin embargo, su olfato emprendedor desafiaba a su lado más racional: "Al volver me quedé con la sensación de que había algo detrás de todo eso". Una scape room lo había atrapado: cuatro paredes esconden un enigma y las pistas para resolverlo. Primero, el aspecto lúdico y desafiante: el entretenimiento tiene un potencial innegable para cautivar a los participantes, que deben resolver un crimen, sobrevivir a un naufragio o evitar una tragedia. Segundo, el límite de tiempo: si bien las salas rompen con la percepción de la temporalidad, es peso del reloj es asfixiante. Y tercero, la competencia: aunque puede haber equipos contrincantes, la más fuerte lucha es contra uno mismo.

"Lo importante es tener una idea y hay que creer ciegamente para contagiarla, porque esa es la única manera de que crean en uno", sentencia el joven de 30 años. Y recuerda: "Junté la plata con ayuda de amigos y conocidos (fueron $ 200.000) y empecé con el localcito en marzo de 2015. El problema fue hacerla funcionar".

Pese a haber sido pioneros en la Argentina, durante tres meses no recibieron una sola visita. El batacazo lo dieron tras una nota en un medio; a partir de ahí, todo explotó: "Se llenaron las reservas", dice Tchapovski.

A partir de entonces, no dudó en jugar todas sus fichas: dejó la fábrica en manos de su socio y se metió de lleno a lidiar con lo que lo apasionaba: "Quería salir de lo fabril. Ahora soy parte de algo donde la gente viene a divertirse, hay buena energía", resume.

Al equipo, conformado por los cuatro socios y 14 empleados, lo describe como "los participantes de un gran juego de escape, en el que, para lograr el objetivo, es necesario respetar las cualidades y capacidades de cada uno más allá del rango".

"Emprender es arriesgado. Hay una racha negativa hasta que el esfuerzo empieza a dar frutos. Y el desgaste que se vivió hasta ahí, vale la pena", reconoce Tchapovski. Sabe de qué habla: Juegos Mentales cuenta con 26 salas, entre propias y franquicias y hay tres más de realidad virtual (VR) en camino. Las estrellas del momento son la sede de Recoleta, donde Juegos Mentales se alió con Google: el gigante tecnológico diseñó una app para participar de los diferentes desafíos con el smartphone. La otra locación es Palermo VR: los escenarios de juego, ahí, son completamente virtuales. Con un visor de RV más unos guantes adaptados para esta tecnología, los participantes se conectan en un mundo que los abstrae del espacio físico.

Como contrapartida, en Uruguay, donde también tienen un local, decidieron probar otra experiencia: nada de participantes conectados a universos irreales e imaginarios; apuntaron a un modelo City Quest, donde el escenario es la vía pública. Parte de una actividad realizada para una empresa, el juego se trasladó a Punta del Este: "Es como una búsqueda de tesoro en la que se arman rutas y hay que buscar pistas y resolver acertijos", resume Tchapovski sobre una modalidad que no descartan implementar en suelo argentino con distintas variantes: para participar durante el día o la noche, para hacerlo de a pie, en bicicleta o hasta en auto.

El emprendedor adelanta que están testeando el formato y que sería bueno lanzarlo para apoyar la iniciativa oficial que busca posicionar a Buenos Aires como la octava metrópoli activa del globo.

Si bien del otro lado del Río la "salida a la calle" de Juegos Mentales fue un éxito y los tientan para cruzar las fronteras y vender el formato a los países vecinos y otros como México y Perú, los planes de expansión apuntan a conquistar el mercado albiceleste, que sigue teniendo mucho potencial: los seducen ciudades como Córdoba, Bariloche y varias de la Costa.

La oferta del negocio se fundó en posicionar a los juegos como un plan en sí mismos. Sin embargo, para seguir creciendo, están mirando otros horizontes y la proyección apunta a ganar terreno en los shoppings, compitiendo con la oferta que brindan los sectores de videojuegos. La intención es tentar a los clientes mientras pasean por el centro comercial para que se dejen llevar por la espontaneidad. "Vamos a avanzar con un formato más corto de cinco o 10 minutos, por oposición al formato original, que es de una hora", señala el emprendedor.

Juegos mentales

Son más de 1200 las compañías que llaman a la puerta de las habitaciones de Juegos Mentales para poner a prueba a jefes y empleados. Según Danil Tchapovski, esta parte del negocio tiene dos caras: eligen a las salas como alternativa a alguna actividad de convivencia o recreativa y llegan en busca de una espacio para alojar iniciativas de team building.

"Recibimos desde pymes hasta grandes firmas, como Accenture, Microsoft, YPF y hasta el GCBA", cuenta. "Lo que ofrecemos mezcla la claustrofobia con la adrenalina, la diversión con la tensión; llevando a los participantes a situaciones interesantes para indagar en las dinámicas de grupo". Para escapar, es indispensable el trabajo colaborativo, pero las salas pueden sacar "lo peor de uno".

"Lo bueno de los juegos es que, además de ser divertidos, desdibujan las barreras de la realidad y de la mano las de los rangos jerárquicos. Puede haber un gerente en un equipo y no ser quien ejerza liderazgo, cualquier otro empleado puede tomar las riendas y dar las directivas para resolver el acertijo", remata.

Inicio: 2015

Cantidad de socios: 4

Empleados: 14

Facturación anual: $ 3 millones

Comentarios1
Augusto Oliva
Augusto Oliva 05/10/2018 05:24:19

Cualquier estupidez que traigas ,esta bien. Es el país indicado para esta clase de distracciones.