Es francés, vive en la Argentina y busca reinventarse en cuarentena

Johan Cymermann comanda Co-Pain Boulangerie, una panadería de estilo francés, con la que emplea a 11 personas. Tenía lista la renovación de uno de sus dos locales cuando se decretó el aislamiento social. Sin embargo, no se detiene y apuesta al mercado mayorista así como a la venta a través de apps de delivery. 

Es francés, vive en la Argentina y busca reinventarse en cuarentena

Johan Cymermann nació en París y vivió en la capital gala hasta que, en 2006, tentado por un amigo de la facultad, y con una especialización en Finanzas y Comercio Internacional de una b-school bajo el brazo, llegó a la Argentina. Por ese entonces, en Buenos Aires la construcción estaba en pleno auge y Cymermann, que en el bohemio barrio de Montmartre se había destacado como agente inmobiliario (¡Había vendido 30 departamentos en un año!), aterrizó en la Reina del Plata con la idea de desarrollar un emprendimiento vinculado a los alquileres temporarios. Pero la vida, como todo, dio un giro.  

En 2015, tras una inversión inicial de u$s 90.000, compró el fondo de comercio de una panadería que había sido fundada por un compatriota suyo, y ahora, en plena pandemia, busca reinventarse a través del mercado mayorista y de la venta al público con apps de delivery. “Somos una panadería francesa y ofrecemos panes de todo tipo, facturas, pastelería y algunas propuestas saladas”, detalla Cymermann, de 39 años, al frente de Co-Pain Boulangerie, con dos locales y un equipo de 11 personas. 

Johan Cymermann está al frente de Co-Pain Boulangerie.

De agente inmobiliario a panadero 

En los 14 años que Cymermann lleva en la Argentina, probó diferentes tipos de negocios. Se desempeñó durante varios años en el rubro inmobiliario, hasta que el cepo lo impulsó a buscar otros horizontes. 

Fanático del poker, jugó de manera semiprofesional y se propuso desarrollar una comunidad online, que ofreciera clases y seminarios, pero el plan no prosperó. Luego, y dado que tenía familia residiendo en la isla francesa de Martinica y un primo en Miami, Estados Unidos, empezó a capacitarse en comercio exterior con la idea de iniciarse en la exportación de pescado. No obstante, tampoco tuvo buenos resultados y siguió en la búsqueda de otras opciones. 

Quería encontrar algo que funcionara ‘siempre’ y que pudiera atravesar diferentes crisis”, recuerda Cymermann.

A través de un amigo, conoció una panadería en Parque Centenario, sobre la calle Ambrosetti, que llevaba el nombre de su exdueño, el bretón Franck Dauffouis. “Franck quería irse del país. Desde el momento en que me confió su deseo de vender, hasta que me decidí a comprar el fondo, pasaron dos semanas. Fue una apuesta, yo no era del rubro y retomé el negocio con dos empleados que sabían hacer todo lo propio de la panadería. Sin ellos, no hubiera sido viable", agrega el emprendedor, que vio en esta parte del sector gastronómico una alternativa lo suficientemente estable como para poder sortear las crisis que, cada 10 años, la Argentina suele regalar. 

Reconvertirse en pandemia

El negocio anduvo bien, los números acompañaron y las ganas de seguir creciendo no se hicieron esperar. Cymermann quería expandir su empresa y abrir otros puntos de venta. En paralelo, el boom de las hamburgueserías y cervecerías se convirtió en una oportunidad para hacerlo: sin buscarlo, le llegó una propuesta para hacer panes de hamburguesa tipo broche. “Viendo la demanda, decidí armar una planta de elaboración", dice.  

El arduo trabajo dio sus frutos: empezó a crecer en el canal corporativo y sumó más de 30 clientes entre hoteles, restaurantes y firmas de catering. En agosto de 2018, luego de una inversión de u$s 160.000, abrió un segundo local, en Palermo, sobre la Avenida Scalabrini Ortiz.

El último año, por la inflación y la crisis macroeconómica, no fue bueno. Pero, lejos de desalentarse, Cymermann se propuso redoblar la apuesta de negocio: “Decidí reformar el local inicial para poder aumentar las ventas, proponiendo un lugar estilo café parisino-panadería. Íbamos a ofrecer desayunos, almuerzos y meriendas. Me entregaron las llaves el mismo día que el presidente Alberto Fernández decretó la cuarentena". 

El golpe fue duro, pero el emprendedor no bajó los brazos. Hasta este año, Co-Pain Boulangerie, prácticamente, no trabajaba con aplicaciones de delivery. Pero, pandemia mediante y sin ninguna intención de dejarse vencer, Cymermann encontró que las apps podían convertirse en un aliado durante la etapa de aislamiento. “Nos tenemos que reinventar y cambiar totalmente los planes. Los lugares donde concurre gente no van a abrir de forma 'normal' antes de determinado tiempo. Mi idea es seguir con el corazón de nuestra actividad, la venta al público. Recientemente se me ocurrió encontrar otros negocios, en locales amigos, para poder tener más puntos de venta y moverlos a través de las apps", agrega Cymermann, que seguirá con el foco puesto en la venta a particulares así como en el mercado mayorista, y no descarta, a futuro, expandirse, también, a través del sistema de franquicias. 

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