Compró un hotel y en California se inspiró para aggiornar su modelo de negocio: qué hizo

Nelson Valimbri comanda el Ville Saint Germain, un spa de lujo en Cariló. A diciembre, ya tenía 90% de ocupación. Qué ofrece. 

Nelson tiene 8 años y son las nueve de la noche, se ata el moñito al cuello que guardó de una fiesta y confirma que la cena esté bien servida en la mesa de su casa. Sabe que en unos minutos está por llegar Norma Ferreño, su mamá, de trabajar todo el día vendiendo planes de salud del hospital Güemes. Nelson es hijo único, Norma se divorció hace tiempo. “Yo me ponía el moño y el repasador sobre el antebrazo y la recibía como en un restaurant de lujo , recuerda Nelson Valimbri. Hoy, medio siglo más tarde, se prepara para recibir a 80 exclusivos huéspedes en Ville Saint Germain. La temporada enfrenta un desafío de escala mundial. ¿Cómo pasó ese mozo improvisado a construir el apart hotel spa más lujoso de Cariló y lograr, en este verano imprevisible, una ocupación casi completa? “Creo que allí nacen mis raíces por la atención , reflexiona Valimbri “el servicio es apasiónate, a veces, incluso sin saberlo, terminás atravesando la vida de las personas .

Ville Saint Germain, en Cariló, se prepara para recibir 80 huéspedes.

Corrió medio siglo de historia. Al pequeño Nelson le pareció buena idea abandonar la secundaria. Así que al otro día en el desayuno, junto con el café con leche tenía el diario con los clasificados de ofertas laborares. El trabajo le enseñó rápido que era mejor apoyarse con estudio. Así que terminó en la escuela nocturna y luego hizo la carrera de administración hotelera. Pero en ese momento se abocaba a otro trabajo y la vocación de servicio quedó en espera.


Mientras tanto, otra historia corría en paralelo. En 1996 se fundaba en Cariló el hotel Saint Germain para convertirse en un pionero, un clásico del pueblo costero. Poco años después Valimbri empieza a vacacionar en Cariló, hasta ahí cada cual seguía su rumbo. Pero en 2010 decide escuchar ese llamado que lo llevó a los 8 años a servir la mesa para su madre. Compró el hotel y se largó a remodelarlo completo. “Esa fue mi primera experiencia hotelera , reconoce una década después Valimbri y sonríe: “Me faltó la etapa de equivocarme con la plata de otro .

En 2014, se contruyó una pileta cubierta.

Durante 2011 se reconstruyó todo, de la clásica construcción costera de ladrillo a la vista a un diseño moderno, fusionado con el entorno natural. Se retiró la calefacción por salamandra, romántica pero incómoda y se colocaron radiadores.

“Incluso tuvimos que desenterrar un enorme tanque de gasoil que había en el jardín , recuerda Valimbri. La metamorfosis continuó. En 2014 el gerente le sugirió construir una pileta cubierta para incentivar el turismo de invierno. “Me gustó la propuesta, yo quería diferenciarnos en servicio, calidad y diseño , explica Valimbri, “y construimos un spa de 600 metros cuadrados. Eso nos llevó los fines de semana de invierno a una ocupación casi completa .

Saunas secos y húmedos, duchas de todos los tipos, salas de masajes, poltronas calefaccionadas, pileta de cascadas y nado contracorriente y hasta volvió la leña, no ya para las salamandras, pero sí para el hogar. “El fuego le da ese toque único al invierno , reconoce.


De un viaje a California se trajo algo más que un bronceado. En el hotel Loews Santa Mónica, en la pileta ofrecían burritos, pizza, sushi, hamburguesas, a un costo fijo de u$s 80 por persona. “Me gustó mucho como forma de sociabilizar, de descontracturar la estadía , explica Valimbri. El tiempo mínimo de hospedaje en Ville Saint Germain es de una semana, y los recambios son los fines de semana. Por lo que la noche del lunes, puso en práctica “su idea. “Pero para que funcione acá la argentinicé , admite. “No quería que nadie quede afuera, así que debía ser gratis . Y así fue, él mismo junto al chef de complejo realizan una noche de pizzas cada lunes, donde siempre, todos, terminan bailando. “A partir de ahí y para el resto de la semana ya no ves al otro como un desconocido, sino como al que conociste en la noche de pizas .

Nelson Valimbri, al frente del complejo.

Esta temporada les presenta un mes de diciembre con una ocupación del 90% cuando el año pasado fue del 73%. Esto les da confianza, a pesar de todo el contexto, en superar la temporada pasada. “Aunque la comparación con el verano pasado es un poco injusta , explica Valimbri “porque ese fue el mejor de la última década . Así fue que dejó una ocupación de verano del 98% y en invierno del 85%.

Más allá de cualquier comparativa, está claro que estos primeros meses pos cuarentena, en ciertos aspectos, no serán iguales a ningún otro. El complejo sumó cañones de ozono para purificar los ambientes, sensores al ingresar que toman la temperatura corporal, pantallas de rayos UV holandesas para eliminar virus (incluido el que ya todos conocen), bacterias, hongos y cuanto bicho amenace la humanidad. Cabinas de desinfección por ozono en el ingreso al spa, el cual se utiliza por turnos solicitados mediante una app. Y una lista larga de detalles pensados para cuidar al máximo la salud.

“La verdad es que los protocolos por el Covid-19 elevaron los costos de una forma que no se puede trasladar a los precios , confiesa Valimbri, pero también entiende que su clientela pone mucho foco en esa cuestión.

El complejo trabajó en protocolos de seguridad por el Covid-19.

Incluso sumaron esta temporada el servicio de vuelos charter para los visitantes que prefieren llegar rápido y sin pasar por grandes aeropuertos. La encargada es la empresa One World que pone a disposición distinto tipos de aviones que aterrizan a solo 17 kilómetros del hotel. Comentan que es una consulta que creció mucho en esta reapertura para quienes llegan de lejos.


Mirando una década hacia atrás Valimbri reconoce: “Fue mucho más trabajo al principio, cuando estaba todo por hacerse, pero siempre lo disfruté . E incluso dentro de ese disfrute que le ofrece brindar servicio, llega a veces a encontrar placer en situaciones tortuosas. Así lo explica: “La verdad que uno de los desafíos que más me gusta es atender a un cliente que viene muy enojado. Resolver el problema, dar vuelta la situación y que se vaya enamorado.


Para que se vayan enamorados, en Ville Saint Germain trabajan 24 empleados todo el año y 36 en verano, con el objetivo de que los 80 visitantes, distribuidos en 27 unidades, se lleven una experiencia única, de esas que hacen volver. Al final Nelson lo ilustra de una forma muy gráfica: “Nosotros armamos la foto feliz del álbum familiar, nuestro trabajo es dejar buenos recuerdos .

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