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Una forma de inversión que permite testear las ideas

De la producción de zapatos de diseño a la venta de artículos de esoterismo, cada vez más emprendedores financian sus proyectos por el crowdfunding. Esto es, pequeños montos aportados por muchos inversores que obtienen un beneficio a cambio de su participación. Las claves.

Juana Isola estudió comunicación y actuación, escribe cuentos, hace un programa de radio, y un día, a comienzos de este año, se volvió a calzar los zapatos del colegio, causando sensación. “Muchas personas me los ponderaban. Entonces, detecté una buena oportunidad para hacer ese mismo modelo en distintos colores. Nunca había hecho nada relacionado con el diseño y la moda, no conocía talleres ni proveedores, pero de pronto me ví diseñando zapatos divertidos”, cuenta la creadora de Banana Fish Zapatos.
La inversión inicial prevista fue de $ 4.000 y Juana la obtuvo a partir de publicar su proyecto en Idea.me, la plataforma online de crowdfunding (financiamiento colectivo) creada en 2011 por Sebastián Uchitel, Mariano Suárez Battán y Eduardo Constantini (h.). En 55 días (plazo máximo establecido por los creadores de la plataforma), Juana recaudó más de $ 6.000, con los que solventó los moldes y la producción de los primeros 15 pares. Hoy, produce, en forma tercerizada y generalmente bajo pedido, unos 25 pares al mes y proyecta facturar $ 48.000 anuales.
“Un gran beneficio del crowdfunding es que desaparece el riesgo de inversión. Podés testear el producto, antes de lanzarlo, recibir comentarios de la gente, ver quién lo compra o cómo lo prefieren”, asegura la emprendedora. “Además, el alcance de esta plataforma de Internet es mucho mayor al que tiene uno como emprendedor. En mi caso, yo difundía el proyecto a través de las redes sociales y mis contactos pero estar en Idea.me dio a conocer mi proyecto a muchas personas de diferentes lugares, cosa que no podría haber logrado sola", admite.
La financiación de nuevos proyectos a través de pequeñas contribuciones de muchos inversores permite cubrir la brecha entre la inversión con fondos propios y de familiares y amigos, y la llegada de inversores ángeles o fondos de capital de riesgo. La modalidad más difundida del crowdfunding es la que otorga a los aportantes una “recompensa” que puede ser un producto o servicio, o ser mencionados como participantes del proyecto. De este modo, la efectividad del modelo descansa no sólo en el incentivo económico, sino en la motivación social de apoyar un emprendimiento.

Grandes beneficios
En 2008, Florencia Mayer creó Cenizas Azules, una marca de joyas y accesorios que, hoy, se venden en museos como el Thyssen Bornemisza, de Madrid y el Museo Nacional de Arte Decorativo, de Buenos Aires. Este año, gracias a la financiación colectiva, recaudó $ 10.000 para lanzar una línea de joyería contemporánea, llamada “Belleza Nacional”. Puntualmente, utilizó los fondos para viajar al noroeste argentino, donde hizo pruebas de diseños y testeó los
materiales.
En este caso, el crowdfunding sirvió para desarrollar un proyecto nuevo en una empresa existente. Además del aporte de dinero, el financiamiento colectivo permitió a la emprendedora “conocer gente y que más gente conozca lo que hago y plantearme un objetivo y cumplirlo a tiempo”, destaca la diseñadora.
Para los emprendedores, la principal ventaja es acceder a capital semilla a un costo relativamente bajo (la “recompoensa”). Y para los inversores, la gratificación de ser parte de emprendimientos novedosos, y la posibilidad de diversificar sus aportes entre varios proyectos. Se trata de una práctica difundida a nivel mundial, aunque, en América latina, su desarrollo es incipiente. Uno de los sitios pioneros de crowdfunding en la región es, justamente, Idea.me, fundada con una inversión de u$s 1 millón el año pasado. A la fecha lleva financiados 68 proyectos y está presente en México, Uruguay, Brasil y el mercado latino de los Estados Unidos, además de la Argentina.
No hay un tope mínimo ni máximo para aportar, y “el crowdfunding puede ser tanto un complemento, como la única fuente de financiamiento", cuenta Pía Giudice, responsable de Comunicación de Idea.me. Según Giudice, entre el 12 y el 21% de los proyectos que se presentan logran reunir los fondos requeridos en tiempo y forma. El aporte puede hacerse tanto online (a través del sistema de transferencias electrónicas Paypal) como offline (se imprime de un cupón que se abona en Pagofacil o Rapipago) y el sistema de recaudación es "a todo o nada". Si el proyecto no llega a reunir la suma requerida en el plazo pautado, se les devuelve el dinero a las personas que aportaron. En la plataforma hay 18 categorías de proyectos presentados, en áreas tan diversas como artes visuales, música, editorial, moda, diseño, tecnología y educación.

Vidriera de proyectos
Por más insólito que parezca un proyecto, siempre habrá gente dispuesta a ser parte de él. Esa justamente la premisa del crowdfunding: ofrecer a inversores alternativas divertidas y poco convencionales donde apostar su dinero. ¿Y quién no se sintió atraído alguna vez por la magia, el esoterismo y la adivinación del futuro? A Isabel Di Campello y Dalia Walker estos temas las apasionan. Tanto, que crearon juntas Fe, un emprendimiento dedicado a las ciencias ocultas: confección de cartas natales, lectura de manos, tarot, venta de libros, objetos mágicos y artículos esotéricos.
“Armamos el proyecto en marzo de este año. Un mes más tarde nos instalamos en un espacio propio”, cuenta Dalia, quien es tarotista y productora de cine y TV. Junto a su socia Isabel, que es música y también tarotista, decidieron “arrancar aunque no teníamos el dinero porque si no, perdíamos el local”. Así, las emprendedoras subieron un video con su proyecto a Ideame. Habían calculado que necesitaban unos $ 4.000 o $ 5.000 de inversión, y terminaron recaudando más de $ 8.000. “Si bien, en un momento, nos pareció un proceso largo, pudimos pagar deudas y reinvertir lo recaudado", cuenta Dalia. ¿Magia? Sólo un poco. El resto lo generó la convocatoria de la plataforma, que les permitió dar a conocer su proyecto entre miles de personas.
María Gabriela Ensinck