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Una familia hecha de acero e innovación

A lo largo de 50 años, esta empresa acompañó los cambios tecnológicos para diversificarse. Con 40 empleados, hoy en día estudia construir estacionamientos automáticos.

Andrés Capria en la fábrica familiar.

Andrés Capria en la fábrica familiar.

Del taller alquilado en Barracas al centro industrial de Garín. Del torno paralelo, la afiladora y la perforadora de banco a la última tecnología disponible en el país. En 50 años, la familia Capria supo acompañar los cambios de la industria metalúrgica y estar al compás de las necesidades del momento.

La firma iniciada por Domingo Capria es, hoy, una pyme reconocida entre los pequeños industriales por su innovación, anclada en personal calificado entre sus 40 empleados y capacidad para colocar la mitad de su producción en casi todo el continente.

Domingo Capria, como figura en los papeles, nació en 1966 con la fabricación de piezas de reposición para la industria alimenticia. Tres años más tarde, su fundador se trasladó a un local más amplio en Avellaneda, donde elevó el plantel de máquinas y comenzó a producir pequeñas piezas para los primeros ascensores multivoltaje que se colocaron en el hotel Sheraton.

En 1977, la compañía construyó una nave industrial de 800 m2 con aire acondicionado central y temperatura regulada constantemente a 20 grados, algo fundamental para la medición de piezas de precisión avanzada. Tres años más tarde, la pyme incorporó el primer torno de control numérico (CNC) llegado al país, de la marca Pontiggia ppl y manejado con una computadora Olivetti, a fin de atender una demanda de piezas cada vez más creciente.

Al inicio de los ‘90, la firma se expandió hasta llegar a los 1.400 m2 de superficie y una potencia instalada de 400 kw para abastecer la nueva maquinaria traída de Europa, como los equipamientos de mecanizado horizontal y vertical. Y, en 2003, los negocios eran lo suficientemente prósperos como para crecer con la adquisición de 10.000 m2 en Garín, donde empezaron a trabajar dos años después, con una potencia instalada de 1.280 kw.

Hoy se dedican al mecanizado de todo tipo de piezas, y producen repuestos y equipos especiales para máquinas viales y de producción. Además, fabrican y reparan equipos y subestaciones de producción, y ofrecen asesoramiento técnico en todo tipo de proyectos.

Andrés Capria, director de la compañía, tomó la gestión de la firma fundada por su padre, quien permanece como presidente. Pese a la crisis que atraviesa el sector, cuenta que esta se mantiene a flote y desarrollando más negocios con una clara estrategia de diversificación.

En un país con cerca de 25.000 empresas metalúrgicas y metalmecánicas, el mercado externo fue vital para el desarrollo de la compañía, su especialización y su destaque. En 1991 comenzaron a exportar indirectamente, y desde 1996 entablaron relación directa con clientes en Chile y México. "Para 2004 teníamos cubierto casi todo el continente americano y un vínculo estable con Indonesia, con una producción controlada y casi el 50% de la facturación proveniente de estos mercados", relata Capria. Hoy, las ventas al exterior representan solo el 8%. "Los precios locales del acero nos restan competitividad y nos sacan afuera de las licitaciones internacionales", justifica.

Diversidad en la estrategia

"En 2009, a pesar de que todavía teníamos mucho trabajo por arrastre, entendimos que se venían tiempos difíciles y decidimos hacer otra cosa", recuerda Capria hijo. Por entonces, se les presentó una oportunidad de negocio y decidieron tomarla. Con años de inversión en ingeniería y desarrollo, empezaron a construir grúas y ascensores de costa para levantar embarcaciones. "La unidad de negocio náutica nos ha dado trabajo en los últimos años en los que la industria petrolera está muy baja", reconoce.

Para Andrés, la situación de Brasil, el alza del precio local del acero y la baja de la actividad petrolera por los precios del barril de crudo han contribuido a generar "una tormenta casi perfecta". Pese a eso, no se achican: "El sector está complicado, deprimido, pero debemos afrontar la situación de frente, diversificando y mejorando". Pese a eso, no son inmunes. "El parate no nos permite expandirnos. Sin esta situación, probablemente tendríamos 50 o 60 personas".

Asociados con empresas italianas, con las que tienen convenios para la transferencia de tecnología, Capria comenzó a trabajar en un estacionamiento automático para vehículos, a pocas cuadras del Hospital Italiano. "Es innovador y lo estamos viendo con proyección nacional, por un tema de urbanización. Lo desarrollamos solos y somos fabricantes", saca a relucir el empresario, orgulloso del diseño de sus ingenieros.

"La crisis internacional de 2008 nos hizo entender que debíamos desarrollar más alternativas aún", resume el director de esta empresa familiar que, desde sus orígenes, no hace otra cosa que innovar. Y con mirada a largo plazo, conscientes de que los recursos técnicos son escasos, ponen una ficha en materia de responsabilidad social. "Ayudamos a escuelas técnicas y comunes desde lo educacional, aportando alimentos y también brindando pasantías", remata Capria. Un modelo de negocios a evaluar.

Ficha

- Fundación: 1966.
- Empleados: 40.
- Inversión inicial: $ 50.000, a pagar en 18 cuotas.
- Facturación 2015: $ 55 millones.
- Inversión: $ 8 millones.