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Sector textil: la incógnita que viene

Frente a la devaluación, el aumento de costos y ante una posible apertura de las importaciones, los representantes locales afrontan nuevos retos. Cómo será el impacto en las pequeñas y medianas compañías.

Los cambios de gobierno vienen acompañados de cambios económicos. Y, en las decisiones de política económica, algunos sectores se ven más o menos beneficiados. El sector textil, por sus características y su composición, es históricamente sensible a este tipo de vaivenes. Para evaluar cómo afectó la devaluación, así como la postura del sector frente a la administración del comercio, es necesario entender las características de la industria, su evolución y perspectivas a futuro.

El rubro textil es uno de los sectores industriales de más larga tradición en la historia argentina. La llegada de inmigrantes de España e Italia a principios del siglo XX aportó a su conformación: ante la difícil situación en la que se encontraban al arribar al país, muchos eligieron dedicarse a la elaboración de prendas de vestir, contando con el oficio de la costura que habían desarrollado en sus países de origen.

Desde entonces hasta ahora, la industria fue extendiéndose tanto hacia abajo (perfeccionándose en la elaboración de materias primas) y hacia arriba en la cadena de producción.

Actualmente, cuenta con un importante desarrollo tanto longitudinal como transversal. El primer eslabón lo conforma la parte agroindustrial, dedicada a la elaboración de fibras vegetales (como el algodón) o animales (lana) y la petroquímica, que utiliza al petróleo como insumo base. El segundo eslabón se trata de hilanderías que transforman esas fibras en hilos de algodón, acrílico o lana. El tercero son las tejedurías, encargadas del urdido, encolado, tejeduría plana, de punto o rectilínea, cuyo resultado es la tela en crudo. Una vez tejida, esta tela pasa por la tintorería, para hacerle la terminación o estampado. El quinto eslabón es el corte y la confección. Finalmente, se la comercializa. Todo el proceso está atravesado por el diseño.

El total de la cadena productiva, conformada por pequeñas y medianas empresas, requiere insumos importados para producir. A la vez, compiten con bienes finales del exterior.

Uno de los temas más sensibles del sector se trata de las formas de contratación y los salarios de los talleristas que confeccionan la prenda. Marco Meloni, expresidente de la fundación ProTejer, cuenta que existen en el mundo 3.000 millones de personas que trabajan por menos de u$s 100 al mes, para un pequeño grupo de grandes marcas. Al ser una actividad de trabajo intensiva, la competencia con el resto del mundo en el que se desarrolla la actividad con salarios tan bajos es muy difícil. Es por ello que el sector necesita una administración inteligente del comercio para sobrevivir a la invasión de productos elaborados con salarios bajos.

Dólar controlado y entrada de importaciones administrada

Referentes y trabajadores textiles coinciden que entre 2003 y 2015 hubo mucho crecimiento para la industria, en el que se fortalecieron cada uno de los segmentos de la cadena de valor. Esto se debe a dos motivos: la administración del comercio y el fomento al consumo interno. Por un lado, se hizo un trabajo mancomunado entre las empresas y el Gobierno en lo que a la administración de comercio exterior se refiere. Se distinguió entre productos con un criterio de "semáforo", para administrar la entrada de bienes de acuerdo a su producción y capacidad de abastecimiento nacional.

"Para mí, el cepo fue bueno porque pude comprar máquinas a un dólar bajo y entrar insumos sin problemas. Se complicaba cuando quería traer una prenda o alguna tela que se fabrica acá, pero eso nos ayudaba a proteger la industria", cuenta al respecto Fernando Lukach, dueño de la tejeduría Tecmatex, productor de 150.000 metros de lienzos de algodón, gabardinas y gross de poliéster, proveedor de marcas reconocidas en el mercado.
 

Luciano Galfione, dueño de Galfione y Cía, una hilandería fundada en 1947 y que hoy emplea a cerca de 100 personas, reafirma esta política: "Contra un sueldo de u$s 80 en Bangladesh no se puede competir. Necesitamos administración para equiparar estas asimetrías". El fomento al consumo interno también fue un incentivo importante y acompañó el crecimiento del sector, aunque "era insostenible el tema inflacionario", agrega.

Hernán Ebekian, que es dueño de la marca de ropa para bebés Gepetto, explica que, en el último eslabón de la cadena, el aumento de los commodities -como el algodón- se trasladaba a precios. "Todas las materias primas que comprábamos nacionalmente llegaban infladas. En 2011, la curva de crecimiento de la empresa, aunque muy alta, comenzó a amesetarse por el tema inflacionario", precisa.

La situación actual

En los meses previos a la asunción del actual gobierno, se especulaba con respecto a una posible devaluación del peso y a la salida del cepo cambiario. También se hablaba de una posible apertura indiscriminada de las importaciones, a diferencia de la política proteccionista muy criticada por distintos sectores económicos durante el gobierno kirchnerista. Tanto la devaluación como la apertura indiscriminada de productos del exterior eran políticas más que temidas por el sector textil.

Marco Meloni define a la devaluación como la "erosión del poder de compra de los trabajadores", y explica que "las empresas que crecieron y dan trabajo, y que están endeudadas en dólares, posiblemente no asimilen el golpe financiero" de la devaluación. Según Meloni, los u$s 4.000 millones invertidos por la industria aún se están pagando y la depreciación del peso encareció esas deudas.

En términos comerciales e industriales, la devaluación hizo que los precios de los productos manufacturados aumenten, ya que los insumos están dolarizados, sean nacionales o traídos del exterior.

Otra preocupación dentro del sector es el mantenimiento de los niveles de consumo. El aumento en las tarifas de luz y gas suben los costos. "En el último mes estamos viendo un freno fuerte en el consumo, como consecuencia de la caída del poder adquisitivo de la gente. Especialmente de la de menos recursos, que no puede dejar de comer o pagar los servicios, pero sí puede dejar de comprar ropa nueva", advierte al respecto Luciano Galfione. Y agrega que la empresa tenía proyectada una inversión de más de u$s 2 millones, pero "dada la coyuntura", está a la expectativa de que haya definiciones concretas de "resguardo a la industria nacional y el empleo argentino", así como un compromiso del gobierno de administrar el comercio exterior, porque, de lo contrario, "es inviable la inversión".

Expectativas sobre la administración del comercio

Todas las miradas están puestas sobre la entrada indiscriminada de prendas del exterior, otro tema crucial en lo que a la continuidad de la actividad textil se refiere. El panorama es aún incierto.

El 22 de diciembre de 2015, el Gobierno dio de baja el sistema de Declaración Jurada Anticipada de Importación (DJAI), que en la práctica impedían el ingreso de ciertas mercaderías, y dio lugar al Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI). Este sistema fija una serie de posicionaes arancelarias que cuentan con Licencias Automáticas (LA), que aceleran la adquisición de bienes en el exterior, y otras tantas que requieren un análisis más exhaustivo, y se enrolan entre las Licencias No Automáticas (LNA).

Las LA deben ser aprobadas en diez días hábiles, previa presentación de información, mientras que las LNA deben cumplir ciertas normas técnicas relacionadas con temas sanitarios y de calidad que cada país exige. En este caso, los organismos nacionales de aplicación (AFIP, INTI, Senasa) cuentan con un plazo máximo de 60 días para decidir si aprobarlas o no. Esta herramienta se encuentra en un marco de "legitimidad" dentro de los reclamos presentados por la Organización Mundial del Comercio (OMC), que presentó varias objeciones al sistema anterior, ya que el universo completo de posiciones arancelarias actuaba entonces al estilo de las LNA. El SIMI redujo ese universo a 1.440 posiciones arancelarias, y van a la baja. Hoy en día, cerca de un 12% de las 12.000 posiciones registradas en el Nomenclador Común del Mercosur cuentan con una herramienta que permite administrarlas.

El 74% del total de las posiciones arancelarias del sector textil y de la indumentaria se encuentran dentro de las LNA. Esto significa un 90% de las importaciones textiles, teniendo en cuenta lo nacionalizado en 2015. Si bien es en principio una buena señal para los trabajadores del sector, las reglas todavía no están claras. "El importado no pasó aún a ser un problema grave como nosotros creíamos. Si bien hubo un incremento de importaciones de bienes finales de prendas de vestir, sobre todo por parte de los supermercados, as referencias son positivas y no puedo dejar de ser optimista", señala Ebekian, directivo de la Cámara de Bebés y Niños.