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Pymes: Los negocios del verano

Pese a que esta estación crea baches en los balances de la gran mayoría de las empresas, otras lograron adaptar su oferta y ven a esta época como una oportunidad de crecimiento. Quiénes son y cómo mantienen la actividad a flote en lo que resta del año.

Pymes: Los negocios del verano

En algunos negocios, la temporalidad juega un papel importante. Para la mayoría de las pymes, la llegada del verano viene de la mano de una caída de las ventas y sus dueños saben que, en los meses previos, deben generar ingresos suficientes para cubrir el bache de un primer trimestre que es conocido por la caída del nivel de actividad y consumo. En cambio, para otros negocios esta época se presenta como una oportunidad y la dinámica corre a la inversa: estos emprendimientos se preparan todo el año para llegar al verano bien parados y, con lo que facturan en esta temporada, mantienen a flote sus balances durante los nueve meses restantes.

Los primeros datos de 2017 muestran números poco alentadores para el pequeño comercio. Según un informe de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), las ventas minoristas cayeron, durante la semana de "la llegada de Reyes", un 3,1% con respecto al mismo período del 2015, pese a "las ofertas y liquidaciones agresivas que ofrecieron las empresas". Los rubros que sufrieron un mayor impacto fueron Indumentaria y Calzado, y Juguetería. No obstante, algunas pymes están preparadas para esquivar la recesión e incluso buscan dar un pasó más: alcanzar ventas récord.

El target preciso

"Siempre vendemos el doble de la temporada anterior", asegura Diego Ahumada, uno de los dos fundadores de Crouch, una pyme que fabrica indumentaria de verano. Los números que presenta el emprendedor lo confirman: arrancaron en 2011 vendiendo 600 trajes de baño, su producto estrella, y esta temporada planean llegar a las 23.000 prendas.
De esta forma, en tan solo tres meses, los socios tienen proyectado alcanzar los $ 15 millones de facturación. "Nosotros vivimos del verano y el negocio depende del volumen que logremos en esta época", admite Ahumada, aunque los últimos pasos de la empresa fueron abrir un local en Unicenter, y diversificar la oferta de productos incluyendo remeras y buzos.

En los primeros años de la marca, cuenta Ahumada, el envión tuvo lugar a partir de la adaptación de los trajes de baño a la necesidad del público al que apuntan. Y, en esta línea, el éxito estuvo ligado a dos sellos que lograron incorporar en estas prendas: la funcionalidad y el diseño. "Los trajes de baño son prácticos, sencillos y ponemos mucha dedicación a encontrar buenos diseños. Son fáciles de trasladar e inclusive se pueden guardar en una bolsa pequeña", explica el dueño. Esto no es casualidad: el target que busca acaparar Crouch son millennials, jóvenes que centran sus ahorros en viajar. En una experiencia de mochilero, el espacio importa y la marca supo adaptarse a este concepto.
Los esfuerzos están concentrados en el verano, y la principal arma para dar con los clientes e ir preparando el terreno para las ventas son las redes sociales. "Donde más invertimos en los meses previos es en la estrategia digital, sobre todo en Facebook e Instagram", dice Ahumada, y agrega: "Ahora también buscamos estar en diferentes eventos, y así ir posicionando la marca".

De cara al futuro, si bien la marca ya se estableció en otros países como Chile y Uruguay, los emprendedores ven en el e-commerce una oportunidad para penetrar en los mercados del hemisferio norte y, así, explotar la estacionalidad de sus productos durante el año completo. "Siempre, en algún lugar del planeta, está por llegar el verano y ahí es donde nosotros queremos estar", afirma Ahumada. En este sentido, el objetivo es ingresar en el mercado de los Estados Unidos.

Servicios bajo el sol

La llegada del calor al país también enciende un amplio sector de empresas y microemprendimientos que están atados a esta estación del año.

Entre ellos, se encuentran las pymes ligadas a la jardinería, que localizan el negocio en el conurbano bonoaerense. "Por cuestiones climáticas, es muy común que no se encarguen en los meses de más frío. No porque no se pueda trabajar, sino porque hay más probabilidad de precipitaciones y esto prolonga el trabajo", explica Martha Pizzi, fundadora de Sabor a Hogar, una empresa de paisajismo. Si bien, cuenta, reciben un 50% más de jardines entre fines de primavera y comienzo del verano, la empresa encontró una estrategia para que los números cierres durante el resto del año: abonos de mantenimiento. "El paisajismo no suele ser algo que quede estático: es preciso renovar especies, cuidar las que existen, podar, mantener, reponer, cambiar las piezas de temporada", dice Pizzi, y añade: "Nuestros clientes son, en su mayoría, particulares de zonas residenciales, en estos casos llevamos el mantenimiento anual con trabajos de acuerdo a la estación".

En la ciudad, los servicios también se adaptan al verano. Este es el caso de Oiga Doña Laura, una pyme que ofrece barras de tragos móviles para fiestas y recientemente incorporó al negocio un food truck. A partir de septiembre, con el aumento de demanda por las fiestas empresariales y casamientos, Laura Marenzi y Roberto Romano, fundadores del microemprendimiento, aseguran que "el negocio no descansa". Los números lo comprueban: de los $500.000 que facturan al año, $350.000 ingresan en épocas de calor. Este año la start-up tiene como objetivo cubrir la brecha entre invierno y verano; para ello, se asociaron a un sommelier reconocido. "Estamos apostando fuerte al desarrollo de la empresa", cuenta Marenzi.

Atado a una estación

La hotelería es otro clásico ejemplo de un modelo de negocio sujeto a la temporalidad. Pero El Aura Lodge, hotel ubicado en el Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, es un caso aún más particular.

Alfredo Zubiri, su director, lo supo desde el principio. Cuando se la jugó por invertir u$s 2 millones, sabía que, una vez puesta en marcha la posada, el negocio dependería de los ingresos generados entre diciembre y abril. Es que, por cuestiones climáticas, el parque cierra desde mayo a noviembre. "En invierno trabajamos para que haya trabajo en el verano", asegura Zubiri. En este sentido, las ventajas que ofrece el parque para los visitantes (actividades diversas como cabalgatas, pesca y caminatas) se contraponen con la desventaja lógica de la temporalidad: durante los meses de actividad alcanzan a facturar u$s 250.000 y, con este monto, deben cubrir los costos de mantenimiento y sacar ganancias. No obstante, Zubiri asegura que tiene ingresos complementarios gracias a la pesca y que el hotel suele tener ocupación plena. "Me enamoré del lugar", sostiene, dando a entender que la pasión supera las expectativas de beneficios.