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Probar hasta obtener la mejor fórmula

Alfonso Bonfiglio es uno de los socios de Anclaflex, firma dedicada a fabricar productos para la construcción, que surgió por necesidad tras la crisis de 2001. Recientemente, adquirió dos hectáreas en el polo industrial de General Rodríguez.

Quedarse sin trabajo a los 55 años y en plena crisis de 2001. ¿Posibilidades de conseguir? Cero. La carrera de Alfonso Bonfiglio había transcurrido en grandes firmas: Fate, Aluar y Durlock. "Haber trabajado tantos años en una multinacional me sirvió para esto", confiesa. Habla de Anclaflex, firma dedicada a la creación de productos para la construcción, como revestimientos, pinturas y masillas, que creó junto a dos socios -también desempleados- 15 años atrás. Ante un contexto adverso, la creatividad salió a la luz: "Yo sabía vender macillas, que eran fáciles de hacer". Con Ricardo Flores, su socio desde el inicio, y Pedro Guida, comenzaron a llamar a los clientes de su anterior trabajo. Así armaron una pequeña base de clientes y empezaron a darle vida a su emprendimiento.
Los primeros tiempos se remontan a un garaje alquilado en Villa Adelina. Solo estaban los socios, el hijo de Alfonso, el primer obrero y un químico. En Anclaflex poseen su propio laboratorio, donde prueban insistentemente hasta dar en la tecla. "Antes, el 50% de la macilla era importada. Hice un análisis de por qué preferían aquella antes que la nuestra y resultó ser un tema de practicidad. Le dije a mi químico que lograra la misma consistencia que la macilla importada y desarrolló 22 fórmulas. La X22 fue nuestro primer producto patentado", recuerda. "Hicimos ese proceso con cada uno de nuestros productos; aprendimos, probamos y probamos hasta conseguir la mejor fórmula".
El primer salto fue venderle a Easy. Ahí inició una etapa de crecimiento que nunca se detuvo. Empezaron su camino creyendo que serían Ancla Adhesivos, pero el negocio fue mutando. Hoy lograron su identidad, plasmada en el slogan ‘Sabemos de construcción’, y ofrecen más productos. "Inventamos el piso cementicio, incorporamos revestimientos plásticos, aprendimos a fabricar pintura", enumera. "Tengo la mejor pintura del mercado y nada de lo que hacemos es contaminante", añade. Actualmente, genera 1.000 toneladas de productos por mes, y 80% de su producción propia se reparte entre revestimientos plásticos, macillas, pinturas y pisos cementicios.
La firma no tiene locales propios, pero cuenta con una red de más de 300 distribuidores en la Argentina, Uruguay y Bolivia. Su fábrica está ubicada en Moreno, pero esperan mudarse el año próximo a su propia planta de dos hectáreas en el Parque Industrial de General Rodríguez. "Elegimos empleados que vivan cerca, para que no pierdan tiempo yendo al trabajo. No quiero que dejen de lado lo que sueñan hacer, quiero que las personas que trabajen conmigo estén felices", relata. Por eso hay una tradición: "Al mediodía, comemos todos en la fábrica y los viernes hay asado. Fue algo que nos propusimos desde el día uno, porque los primeros años sabíamos que quizá ese almuerzo era la única comida del día". En ese entonces, un socio hacía las compras y otro cocinaba. Eran como una pequeña familia. Así lograron un logro inusual en las pymes: rotación cero.
También es poco usual el crecimiento logrado en el último año, que fue de "entre un 20 y un 40%, dependiendo del producto". Además, incorporaron 5 personas, un número significativo en proporción a la cantidad de empleados.

Mirar hacia adelante

La segunda generación de Anclaflex se prepara. Hace unos años, los socios decidieron que Bonfiglio hijo fuera gerente General. "Lo rodeamos de gente con expertise, muy capacitada, para apoyarlo y que aprendiera. No lo lanzamos a los leones por ser ‘el hijo de’, lo educamos para este cargo", revela.
Mirar siempre hacia adelante es una frase que, según Bonfiglio, lo definen a él y a su empresa. "Así como fuimos cambiando hasta llegar a nuestra identidad, el mundo también está cambiando y hoy cuida mucho más la energía". Para él, esta no debe ser barata, como no lo es en los países más desarrollados de Europa. "No hay que subir la estufa en invierno o el aire en verano, sino construir pensando en aislarse de las temperaturas extremas", dice. Bajo esta premisa surgió uno de sus últimos productos, Anclaterm, que contribuye con el uso racional de la energía y genera menor impacto ambiental. Lo que viene es también novedoso: la construcción en seco, algo que "será furor de aquí a unos años".
Quince años después de aquel fatídico 2001 cuando se quedó fuera del mercado laboral, a Bonfiglio aún le cuesta creer a donde llegó. "Yo me sentía un bicho de relación de dependencia y jamás pensé que terminaría así. En algún momento me pregunté por qué no hice esto 10 años antes, pero sin la formación que me dio trabajar tantos años en multinacionales no hubiera podido hacer nada", reconoce.
"Muchas veces, los entrepreneurs nos hacemos por la necesidad", dice. Y no hay secreto. Lo fundamental, añade, "es tener algo para ofrecer o vender, tener vocación, ponerle pasión y ser riguroso con lo que estás haciendo".

ANCLAFLEX

Lanzamiento: 2001
Inversión inicial: u$s 20.OOO
Facturación 2016: $ 132 millones
Facturación (p) 2017: $ 145 millones
Empleados: 75