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Negocios sustentables: el camino empieza por dentro

Cada vez son más las pequeñas y medianas firmas que apuestan a incluir objetivos sociales y ambientales a su misión. Cómo es la transición y cómo impacta esto en el mercado. Los casos.

Para algunas, la transición se dio de forma orgánica, siendo la incorporación de criterios de sustentabilidad en los procesos productivos casi un paso obligado en su evolución como empresa. Tonka es una de ellas. "Lo que nosotros descubrimos es que, conforme van pasando los años, vamos entendiendo la forma de hacer negocios de una manera distinta de la media. Nuestras decisiones cada vez toman más en cuenta el impacto social y ambiental", describe Federico Chevallier, segunda generación de esta pyme metalúrgica familiar que comenzó a operar en 1970. Tal es así que incluso la decisión de certificarse como Empresa B, en 2012, se dio "como algo natural".


De todos formas, llegar hasta allí no sucedió de un día para el otro, sino que fue la culminación de 15 años de trabajo continuo, y el compromiso de seguir en ese camino (la certificación debe renovarse cada dos años y está sujeta a auditorías). Los inicios en el camino de la sustentabilidad para Tonka fueron con acciones no solo externas, de la mano de diversas organizaciones sociales, sino también internas, abocadas a la calidad vida y condiciones laborales de sus colaboradores.


En relación a las últimas, Chevallier afirma que "las decisiones con el personal no son temas de costos" o que, si lo son, estos "son irrelevantes cuando se ve el retorno en términos de productividad o lealtad". Por otra parte, acota, "en el 90% de los casos lo que el empleado pide no es descabellado, sino lo que cualquiera pediría en una oficina: buenas condiciones, diálogo, respeto".


Con sus palabras, trasmisoras de una experiencia que parece repetirse con creciente frecuencia en pymes de la Argentina, parece echar por tierra uno de los mitos asociados a la sustentabilidad empresaria: el requerimiento de un presupuesto para ello.


"El primer concepto que hay que derribar es que hay que tener un gran presupuesto para poder gestionar sustentablemente. Cada empresa gestiona a su nivel. No se puede pedir lo mismo de una pyme que de una gran empresa. La primera tendrá que diseñar acciones que sean a su tamaño, escala y realidad. Deben enfocarse en aquello que es material para ellas", señala Alejandro Roca, director Ejecutivo del Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (IARSE). Y completa: "Es probable que la pyme, si es de mano de obra intensiva, tenga que volcarse más a sus empleados. Pequeñas acciones, que, puestas dentro del marco de un programa y escaladas en el tiempo, no necesitan gran presupuesto, sino modificar la mirada que tenemos sobre el día a día de la organización".


Y, como todo proceso, el paso inicial puede ser pequeño -quizás solo un gesto en la dirección correcta-, pero el camino a recorrer puede llevar a resultados que sorprendan, incluso, a sus propios protagonistas.
En el caso de Tonka, lo que empezó con asociaciones, y un trabajo para reforzar y mejorar las condiciones de vida y trabajo de sus colaboradores, la llevó, en términos de sustentabilidad, a expandir su negocio, pasando de elaborar componentes de artefactos de gas a incluir otros destinados a fuentes limpias. "Hace un año, tomamos la decisión de abrir una división de negocios, que es de energías renovables. Ahora, en I+D, tenemos componentes y accesorios para instalaciones con energías renovables. En la actualidad, tenemos dos grandes líneas fundamentalmente: fotovoltaica y bombeo solar", explica Chevallier, al tiempo que cuenta que también sumaron un ingeniero senior para las cuestiones sociales y ambientales, que "dinamizó mucho estos temas". Paralelamente, la empresa acaba de finalizar la medición de la huella de carbono de las válvulas para calefones -"su producto estrella", en palabras de Chevallier- con el INTI, y está trabajando no solo en mecanismos para su mitigación, sino también para "llegar a la carbono neutralidad o a ser carbono negativos", para lo cual hará una inversión directa con una organización (a definir) que esté destinando fondos a tierras protegidas.

Encontrando la ruta

En este camino hacia la sustentabilidad, Tonka no está sola. Entre otras pymes, en él también se encuentra Medoro, empresa argentina dedicada a la producción y distribución de sobres, que el año próximo cumplirá 80 años en el mercado. Federico Tenconi es cuarta generación y actual jefe de legales y responsable de RSE de esta firma familiar que, hoy, cuenta con hitos como haber adherido al Pacto Global de las Naciones Unidas (presentando su primera Comunicación sobre el Progreso -COP- el 9 de mayo de 2013) y haber formado parte del programa Valor, RSE+Competitividad que realiza AMIA, junto al BID y FOMIN (ver página VI).


¿Cómo empezó el recorrido en este caso? "Nos vino con las inquietudes de nuestros clientes. Y lo concretamos cuando Banco Galicia [uno de sus proveedores] nos invitó a una jornada para saber de qué se trata la Responsabilidad Social Empresaria (RSE)", recuerda Tenconi. "Nosotros veníamos viendo desde antes el tema de la sustentabilidad, ya que tenemos un producto -el sobre- que tiene una pata ambiental muy importante. Solo el cliente informado sabe que no solo talando árboles se produce papel", profundiza.


En la actualidad, entre los cambios que ha introducido esta empresa casi centenaria, se incluyen el trabajo con papel de certificación FSC desde hace más de cuatro años y la compra del papel que elabora la jujeña Ledesma, que cuenta con la certificación ProYungas. Asimismo, es proveedora de materia prima (los residuos que resultan de la producción de papel) a recicladoras, que hacen de ello papel reciclado. Y el ciclo no termina allí, ya que Medoro también compra este producto, cerrando el círculo y elaborando con él los sobres marrones que usualmente son usados para documentación o envíos.


Como próximo paso, la compañía está tratando de trabajar con tintas menos contaminantes. Al respecto, Tenconi apunta que "cambió el mix de compras"; mientras "antes predominaban las tintas con alcohol, que contaminan más, ahora lo hacen las tintas al agua, que contaminan menos".


Por otra parte, y en línea con el trabajo interno que realizó Tonka, Medoro también tiene el foco concentrado en sus colaboradores. En este sentido, la pyme recibe en su planta de San Martín a una profesora dos veces por semana que está a disposición de sus empleados para que, en caso de que no lo hayan hecho, puedan terminar sus estudios secundarios a través del Plan Adulto 2000. Para ello se armó un aula, que ya ha visto a tres de sus alumnos recibirse.


La importancia de lo interno también se refleja en lo que, para Tenconi, habla del capital más valioso que tienen como empresa. "Hace tres o cuatro años, fuimos a buscar puestos jerárquicos afuera, porque creíamos que así podríamos evitar determinados vicios internos. Pero, la verdad, nos fue mal. Ante ese resultado, empezamos a trabajar con la gente de acá y a hacerlos crecer. Hoy, nuestro jefe de Fábrica tiene 28 años y se está recibiendo de ingeniero en la UTN. Viene de Fuerte Apache y logró lo que un ingeniero que había venido de una empresa americana no había logrado", relata.

Beneficios

Ahora bien, más allá de las mejoras internas, ¿los cambios realizados en sus operaciones reportan beneficios o oportunidades en el mercado para estas pymes?


"Yo creo que el feedback del mercado es la calidad, sobre todo en el tema del sobre. Pero sí influye en el mercado corporativo, ya que te coloca en una posición de competir. En lo que es librería, yo no creo que el cliente se fije en otro atributo más que el precio a la hora de elegir. Ahora, no dudo que determinadas empresas grandes no me comprarían si yo no tuviera todo esto", reflexiona Tenconi. "Nos da un valor importante y un orgullo. Es orgánico", cierra.


Chevallier, por su parte, con la certificación B en su haber, asegura que ella permite que bajen "las barreras de defensa con proveedores y clientes". En este sentido, señala: "Se generan muchos más acuerdos, ya que la gente te percibe como un aliado que no busca únicamente un beneficio económico. Hay mayor grado de confianza y, con ella, mayor generación de negocios. Permanentemente. Hay un beneficio económico importantísimo con productos y negocios nuevos".


En pocas palabras, parecen decir sus protagonistas, la sustentabilidad tiene un impacto claro en la competitividad de sus empresas. Y no solo de presente se trata, sino también de futuro. "Por todos lados donde se vea, es lo que se viene y lo que va a permitir que una empresa siga siendo empresa en el corto plazo", define Florencia Güenzani, coordinadora de Comunidades B en la Argentina. "El que no quiera quedarse afuera, necesita subirse a la sustentabilidad. Cada vez hay más interés de que esto sea así porque son problemáticas de todos", añade. El estallido que parecen estar experimentando las Empresas B -aquellas que no solo buscan el lucro como resultado de sus operaciones, sino también tener un impacto social y ambiental- ciertamente confirman sus palabras. En solo cuatro años, 42 compañías en la Argentina se certificaron bajo sus parámetros, al tiempo en que 1123 en total ingresaron a la evaluación B. A nivel mundial, a su vez, estas suman 1700 en 50 países.


Una de tales compañías es la mencionada Tonka. Otra, Xinca, que, a diferencia de la anterior, fue concebida desde sus orígenes con un propósito sustentable. Todo comenzó con la iniciativa de tres amigos que, durante algún tiempo, cuando podían, colaboraban en diversas organizaciones sociales y ambientales, CONIN entre ellas. "Los tres éramos de diferentes equipos de rugby y nos juntó Eusebio Guiñazú, un jugador de los Pumas, para aprovechar su exposición. ‘¿Por qué no hacer un negocio con esto?’, nos preguntamos", relata Alejandro Malgor, cofundador y socio en Xinca Eco Shoes.


Lo hicieron. El primer paso fue identificar una problemática: el desecho de más de 100 mil toneladas de neumáticos al año. A partir de ello, la pregunta se convirtió en cómo podrían, al menos en parte, combatirla; qué tipo de producto podría crearse para paliar esta situación. La respuesta fue sencilla: zapatillas, las cuales hacen con el corte de neumáticos reciclado. Más específicamente, en la base de las zapatillas que fabrican, utilizan 50% de caucho reciclado y 50% de caucho virgen, ya que, por estándares de calidad, no puede aumentarse más la proporción del primero.


Y ese primer paso. La identificación de un problema y una potencial solución, poco a poco, comenzó a convertirse en más. "Hace algunos años descubrimos que la industria textil desecha muchos retazos de tela", cuenta el joven mendocino, añadiendo que, a partir de identificar esta segunda problemática, hicieron acuerdos con diversas textiles para recuperar dichos desechos. Así, hoy, algunas de sus líneas cuentan con textiles 100% reutilizados, mientras que, en otras, el porcentaje puede ascender a 70% o 50%.


De un modo similar, esta empresa B -que fue premiada por las Naciones Unidas como una de las diez organizaciones "agentes de cambio de este mundo" y resultó ganadora del programa "El Emprendedor del Millón" que Telefé televisó en 2014- elabora remeras con algodón orgánico y mochilas con retazos textiles.
Paralelamente, en la actualidad, Xinca trabaja con diferentes organizaciones o grupos en situación de vulnerabilidad en el proceso de producción de sus productos. A modo de ejemplo, Malgor cuenta: "Hoy estamos haciendo unos zapatos de trabajo, que tienen suela reciclada, y lo producen en la penitenciaría San Felipe de Mendoza. Nosotros entendemos que la reincidencia es misión de todos. Si tienen un oficio, es probable que quizás, cuando salgan, no vuelvan a caer".


Hoy en día, Xinca vende entre 1000 y 2000 zapatillas por mes. Sobre los planes a futuro, su co-fundador adelanta que continuarán mejorando procesos para que "puedan ser cada vez más limpios", al tiempo que innovan productos e incursionan en proyectos. Siempre, claro está, "con esta lógica".


De todos modos, Malgor no se engaña. "Sabemos que no estamos resolviendo todo el problema, sino que estamos poniendo nuestro granito de arena. Los consumidores tienen que empezar a ser más exigentes a la hora de comprar, ver en qué condiciones están sus empleados, exigir otra cosa, porque solo así van a empezar a cambiar las cosas. Hay que incorporar los costos ambientales y sociales a los productos. Y son cosas que creo que van a ir llegando. Tengo la esperanza de que esto está cambiando", se ilusiona.

Centro de la escena

Lo que es seguro es que, para que esa esperanza se materialice en una forma generalizada de hacer negocios más sustentablemente, las pymes deben colocarse en el centro de la escena. En palabras de Roca, "para que haya un movimiento de sustentabilidad a gran escala, se tienen que incorporar las pymes". El foco, desde su perspectiva, debe ponerse en la creación de valor. "Es decidir mirar las cosas de otra manera, es cambiar la forma en que miramos lo que hacemos todos los días", define.


En una línea de reflexión similar, Güenzani sueña con el día en que la certificación B no necesite existir. "Ojalá que las empresas no tengan que decir ‘yo hago esto’, sino que todos lo tengan que hacer porque, si no, nadie les compra. Eso es un sueño, pero no lo veo tan lejano", comenta. Y quizás uno de los motivos que alimentan su esperanza no sea otro que la propia evolución de las empresas B.


"Empezó siendo un movimiento de empresas más pequeñas y medianas, y hoy lo que nos pasa, tanto en la Argentina como a nivel global, es que las grandes empezaron a mirarlo y se nos acercan. En algún punto, tal vez, se empiezan a acercar a la sustentabilidad a través de pymes que muestran tener impacto social y ambiental. Eso me parece que es espectacular", concluye.

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