Los nuevos fideicomisos en proyectos productivos

Son una herramienta de inversión no tradicional y permiten financiar todo tipo de emprendimientos productivos. Desde viñedos, olivares, caña de azúcar, cereales y forestación hasta el turismo sustentable en reservas naturales. Aquí, opciones para todos los gustos y bolsillos.

Con la Cordillera de los Andes de fondo, Altos de Tinogasta es un emprendimiento de Real Estate productivo que se dedica al cultivo de vides y olivos. Son 400 hectáreas en Catamarca, de las que 60 se destinaron a viñedos y 340, a olivares. A ello, se suma una bodega propia y una planta productora de aceite.
El proyecto se inició en 2006, impulsado por Horacio Fernández Méndez y Fernando Frisicaro. El negocio se estructuró a través de un fideicomiso, que permite a pequeños y medianos inversores ser parte del emprendimiento y producir vinos y aceite de oliva varietal.
La primera cosecha de vinos llegó este año a las góndolas bajo la marca Venerable, en las variedades Malbec, Tempranillo, Chardonnay, Syrah, Cabernet Sauvignon y Torrontés.
La planta de elaboración tiene 14 tanques de fermentación para los vinos de 15 .000 litros cada uno y seis tanques de almacenaje para el aceite de 50.000 litros cada uno. Su capacidad de producción es de 90.000 litros de vino, destinados, mayoritariamente, al mercado interno, y 600.000 litros de aceite de oliva, de los cuales se exporta el 90%. A mediano plazo, la idea es expandir la producción (la finca tiene 3.000 hectáreas, de las que un 40% permanecen en manos de los socios iniciales) y construir un hotel boutique para uso de los propietarios del fideicomiso y del turismo.
Hoy, el fideicomiso tiene más de 130 suscriptores. “La inversión para parcelas de olivares arranca en $ 168.000 de contado, con una renta asegurada de u$s 1.000 para 2015 y u$s 1.000 para 2016”, destaca Diego Torrea, gerente Comercial de la firma. “También, se puede acceder a las parcelas de forma financiada, con un anticipo de $ 49.900 y 30 cuotas de $ 4.990”, agrega. En el caso de las vides, la inversión de contado es de $ 188.000 y se puede optar por una financiación con un anticipo del 50% ($ 94.000) y 18 cuotas de $ 6.500.
“Recibimos la inversión en pesos y otorgamos rindes al valor de conversión del dólar porque la producción se exporta en gran parte y porque el valor de las parcelas se mantiene y se capitaliza”, dice Torrea. “Se trata de combinar la seguridad de los activos inmobiliarios con los rindes de la agroindustria”, afirma al explicar este modelo de negocio, que fue tomado como caso de estudio en el MBA de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
Los fideicomisos pueden estructurarse como acuerdos entre privados o en oferta pública autorizada por la Comisión Nacional de Valores. “La ventaja para el fiduciante es que se transfieren al fiduciario determinados activos de su propiedad, dejando a salvo el resto de su patrimonio”, dice Rodolfo Papa, autor de Fideicomiso para abogados y contadores. “Permite financiarse a un costo menor que otras alternativas más tradicionales, como los préstamos bancarios o las Obligaciones Negociables Pymes”.
“Las pymes obtienen una calificación crediticia superior”, detalla Eduardo De Bonis, socio de la consultora de asesoramiento financiero First. “Al estar vinculado al flujo de fondos de la firma, como una pyme que vende a supermercados, las cuentas a cobrar que se ceden en fideicomiso pueden tener una mejor calificación a la de la propia pyme, y esto permite acceder a una tasa más conveniente”, explica.
Según De Bonis, “la mayoría de los fideicomisos se destinan a financiar créditos al consumo por parte de cadenas de retail y, cada vez más, se están volcando al agro y firmas de infraestructura”.
En 2013, el mercado de fideicomisos con oferta pública fue de $ 20.000 millones, según First. El 90% estuvo vinculado a créditos de consumo y retail, hubo unos 800 millones para financiar actividades del agro y $ 150 millones para infraestructura.
En 2007, Ignacio Méndez y Joaquín Driollet llevaron un proyecto forestal, de campos de Corrientes, al IAE, la escuela de negocios de la Universidad Austral. Allí, sus tutores les sugirieron armar un fideicomiso para empezar la producción. Así nació Eucaforest, que lleva forestadas más de 1.000 hectáreas de Eucaliptus Grandis, una especie no nativa, cuya madera es usada en la construcción y en muebles.
“Empezamos con una inversión de u$s 20.000 (fondos propios) y sumamos u$s 250.000 de los inversores del fideicomiso”, dice Méndez. “Tenemos más de 60 suscriptores con cuotas-parte desde u$s 20.000. A partir del tercer año comenzamos con los ‘raleos’ (extracción de madera sin talar el árbol completo)”, cuenta Méndez.
“La demanda de madera crece y estas forestaciones son más sustentables, ya que reemplazan la tala de bosques”, destaca. “Es una de las producciones más seguras, ya que no se ve afectada por las heladas”, comenta.
Otro proyecto se encuentra en Finca Patagonia, Río Negro, con la posibilidad de invertir en olivares. “La rentabilidad es del 18% anual en dólares, considerando que, a medida que la plantación gana en edad, la producción y la rentabilidad aumentan, pudiendo alcanzar progresivamente tasas superiores a partir del séptimo año”, sostienen desde Southern Desarrollos, empresa que desarrolla y administra el fideicomiso Olivares Patagónicos. El emprendimiento se comercializa en cinco etapas (las primeras tres, vendidas). El recupero de la inversión se estima en cinco años.

Una dulce inversión
El cultivo de caña de azúcar tiene una proyección de crecimiento del 30% para 2020, según datos del INTA. Para acompañar esta expansión, en 2013, productores de la provincia de Salta crearon Condoazúcar, un fideicomiso para la producción de caña que lleva colocadas 800 hectáreas entre 124 inversores y lanzó una segunda versión para cultivar 400 hectáreas más.
El monto de las cuotas-parte ronda los $ 39.000 (para el segundo fideicomiso) y se trata de “una inversión con alta rentabilidad, ya que la demanda de azúcar crece para su uso en la producción de bioetanol, además del consumo interno”, destaca Alejandro Eckhardt, director del Proyecto. “Recibimos la cuota-parte y la transformamos en Pesos Azucareros ($Az), un mix compuesto por el precio de azúcar de exportación, el de mercado interno, el convenido con el Gobierno y el de la caña para alcohol y biocombustibles”, dice Erkhardt.
Con un fideicomiso “se gana volumen para negociar con los ingenios y con los proveedores de insumos y agroquímicos”, destaca. “T trabajamos en campos arrendados, pero la idea es reinvertir en el negocio y lograr una integración vertical comprando tierras y maquinarias”, adelanta.

Con idea sustentable
“Invertir en producciones agrícolas tiene un riesgo mayor a guardar dólares o alquilar un departamento, pero es más genuino y rentable”, asegura José Demicheli, fundador de Adblick Agro, una compañía dedicada al armado de fideicomisos agropecuarios. Comenzó en 2007, arrendando 250 hectáreas de olivares en Mendoza, y, hoy, administra u$s 40 millones de 800 inversores individuales, con una facturación anual de $ 230 millones.
“Producimos en 35.000 hectáreas en la provincia de Buenos Aires (trigo, soja, girasol, maíz y colza, rotando cultivos) y Entre Ríos (nuez pecán)”, destaca. La compañía evalúa la compra de campos para cría de ganado vacuno en Uruguay y Paraguay y la producción de insumos agrícolas para integrar a la cadena de valor.
“La ventaja de un fideicomiso es que se puede diversificar la inversión, cuya administración corre por cuenta de profesionales con un plan de negocios definido y cada dos meses se recibe un reporte detallado de su rendimiento”, apunta Demicheli.
Las ONG pueden estructurar fideicomisos para financiar actividades de bien público. Tal es el caso de la creación del Parque Nacional La Fidelidad, en 250.000 hectáreas en Chaco y Formosa, que requiere para su concreción expropiar las tierras que pertenecían a dos hermanos italianos que fallecieron sin herederos.
Para afrontar el pago de la expropiación, 18 ONGs hicieron un fideicomiso por $ 64 millones, al que están aportando empresas y ciudadanos. Se recaudaron $ 10 millones para dejar como garantía ante el juzgado que lleva la expropiación, como lo dictaminó por Ley el parlamento de la provincia del Chaco (en Formosa el proyecto no fue tratado aún).
“Se trata de preservar para las futuras generaciones una región con diversidad biológica, en la que se puede hacer investigación y turismo sustentable”, comenta Marian Labourt, de The Conservation Landtrust, una de las ONG promotoras de la creación del Parque Nacional. A tal efecto, la fundación creada por el filántropo Douglas Thomkins financió la instalación de un campamento científico y otro en el que se capacita a los pobladores para la producción de artesanías y acondicionamiento de las instalaciones para recibir turismo.
El fideicomiso se muestra como una herramienta con ventajas para emprendedores e inversores. Es hora de sumarlo a las clásicas opciones de comprar ladrillos o billetes verdes.

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