¿Los emprendedores nacen o se hacen?

Desde hace generaciones, conocemos familias emprendedoras que gestionan empresas y negocios, a partir de alguien que fue el pionero de la actividad. Al nacer en estas familias, los ejemplos de los abuelos y los padres influyen desde temprana edad en sus miembros, los que continuarán el linaje y la tarea familiar. En estas situaciones, es frecuente ver que los jóvenes, a medida que crecen y se integran a las tareas en la empresa, “empiezan desde abajo” recorriendo los sectores, aprendiendo los procesos y viviendo los problemas cotidianos. Cuando al paso de los años ocupen cargos directivos, sabrán que pasa en cada rincón de la firma, ante las diversas situaciones que se dan en el contexto empresario. Además de la formación académica en las universidades, donde incorporan lo más nuevo del conocimiento, el trabajo directo en la empresa familiar es su proceso de aprendizaje por excelencia, ya que al preguntar a sus mayores sobre los motivos de las decisiones que toman a diario reciben como respuestas, las experiencias generacionales acumuladas para seguir el rumbo.
Lo que se transmite son secretos y mandatos familiares, acerca de cómo se hacen las cosas. Es un saber hacer. Cuando ellos estén a cargo de la empresa, además de incorporar lo propio a la gestión, ese saber hacer recibido será un reaseguro frente a situaciones que deban atravesar.
En otras circunstancias, hay personas que emprenden nuevos rumbos sin antecedentes familiares en tal sentido. Las necesidades básicas y los deseos ayudan a cobrar impulsos y aprenden a generar ofertas y tener resultados. Dando algunos ejemplos: diseñadores de indumentaria, agencias de viaje online, creación de fuentes de energía sustentables, biotecnologías aplicadas, desarrollos de medicina online, diseñadores web, elaboradores de alimentos, creadores de procesos industriales, estas personas innovadoras en servicios y productos poseen cualidades en común que son adquiridas desde pequeños, en su entorno social. La curiosidad, el “tener mano” para hacer las cosas, el tesón, la capacidad de resistir frustraciones, el liderazgo, la creatividad y la comunicación empática son algunos de los rasgos de estos emprendedores pioneros. Hay quienes pueden imaginar nuevos mundos e innovar, otros mejoran ofertas existentes, y también, muchos son los que realizan aquello que soñaban hacer desde chicos. Tanto los que vienen de “cuna emprendedora” como los que se hacen a sí mismos en ese rol, sienten pasión por ese hacer, ya que su empresa es más que un conjunto de tareas.
Para ser exitosos, deberán aprender a corregir el rumbo de acuerdo a las circunstancias que el mercado depara, muchas veces cometiendo errores y aprendiendo de ellos. También aprender a delegar y confiar en otros, para crecer ellos mismos como empresarios. Las empresas son una parte de la sociedad y necesitamos del otro (clientes, empleados, proveedores) para desarrollarnos y prosperar. Podemos decir, entonces, que los emprendedores nacen y se hacen y las claves de su éxito, para lograr lo que se proponen, tienen mucho que ver con sus capacidades de aprendizaje y adaptación a los cambios, en el entorno de sus negocios y la sociedad.

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