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La era de la colaboración gana con el frío

Desde que la tecnología redujo costos, alquilar una habitación de huéspedes en el hogar, hacer cursos e intercambiar tickets de espectáculos es cada vez más sencillo. El boom de la economía colaborativa, basada en operaciones entre consumidores, genera oportunidades para los emprendedores. Las claves.

Hace dos meses, un piquete de taxis inmovilizó el tránsito en las principales ciudades europeas y estadounidenses. El motivo de la protesta fue el aplicativo Uber, que permite a los conductores particulares compartir viajes y les está ‘matando el negocio’a los taxistas. Creado hace un año en California, Uber usa las redes sociales y el GPS para conectar a los conductores con eventuales ‘pasajeros’ que realizan el mismo recorrido, y trasladarlos por una tarifa menor a la que marcaría el taxímetro. Pero los taxistas no son los únicos amenazados por la economía colaborativa. Las cadenas de hoteles están en pie de guerra por otros aplicativos, convertidos en start-ups, como Airbnb, que permiten alquilar cuartos, departamentos y hasta casas.
La movida ya está instalada en la Argentina, desde 2001. Los clubes del Trueque fueron los pilares analógicos de esta vertiente, que derivaron en comunidades de intercambio a través de redes sociales. Mamás recirculando es uno de los grupos iniciadores de la movida a través de Facebook. “Tiene más de 300 integrantes, que ofrecen y toman todo tipo de productos y servicios, desde ropa y juguetes, hasta electrodomésticos y muebles”, cuenta Erika Falazar, una de las fundadoras. Las transacciones no involucran dinero. “Lo hacemos porque, al desprenderse de algo que uno ya no usa, llega lo que estamos necesitando”, dice.
Pero, la tendencia también está generando negocios basados en la compraventa, alquiler y contratación de productos y servicios. “¿Por qué pagar mucho por ropa infantil que los chicos no llegan a usar más que un par de veces? ¿Qué hacer con las prendas que están ‘como nuevas’ que no les entran?”, se preguntaron Juan Pablo González y Diego Hagman cuando lanzaron, en 2013, Ropanroll.com, una tienda online focalizada en la compra-venta de indumentaria infantil seminueva. “Además de resultar conveniente desde el punto de vista económico (las prendas se consiguen al 50% de su precio de lista), Ropanroll se enmarca dentro de las tendencias de consumo responsable y moda sustentable”, destacan.
El sitio compra a los padres las prendas que sus hijos ya no usan. “Hay que solicitar online el envío de una bolsa para mandarnos la ropa limpia y en excelente estado, de modo gratuito. Con un grupo de colaboradoras , las seleccionamos y las que no cumplan con los requisitos se envían de vuelta con un cargo de $ 28 para el vendedor, o también pueden disponerlas para donar a instituciones”, explica González.
“Esos padres pueden comprar otras prendas para sus hijos y, en lugar de la transferencia de dinero, obtienen de parte nuestra un crédito para comprar con descuento en la plataforma”, agrega.
La inversión inicial para montar la start-up, que resultó finalista de los permios Emprende BA 2013, fue de $ 40.000. Hoy, cuentan con una base de más de 600 clientes, entre compradores, vendedores y suscriptores al newsletter donde aparecen ofertas. El 40% de los clientes vende ropa y un 80% la compra. El ticket promedio por operación es de $ 420. De aquí a fin de año, los socios esperan facturar $ 450.000.
Vender online requiere dedicación: hay que registrarse, subir las fotos de los productos, cotizarlos, contestar preguntas y acordar con el comprador una modalidad de pago y entrega. Telovendo.com, el e-commerce lanzado en 2011, propone “hacerle más fácil las cosas a la gente que no tiene tiempo, desconfía o no sabe cómo vender online”, destaca su fundador, Damián Machabanski.
Funciona así: el vendedor envía un mensaje a través de la plataforma con la descripción del producto (puede adjuntar una foto) y en el día recibe una oferta. “Si está de acuerdo con el precio, lo trae al depósito, se lo compramos y lo revendemos en la plataforma u otros sitios de comercio electrónico”, explica.
“Se me ocurrió porque yo vendía cosas online a pedido de familiares y amigos y decidí transformarlo en negocio”, cuenta. “El único requisito es que el producto tenga un valor de mercado superior a $ 800”. En general, los vendedores son de Capital y Gran Buenos Aires.
La inversión inicial para armar esta plataforma fue de $ 20.000. Hoy, tiene más de 10.000 usuarios activos, cinco empleados y contabiliza unas cinco operaciones diarias por valores que rondan los $ 1.000. “Compramos y vendemos desde una mesa de pool o un piano a una PC”, afirma.

Con un cuarto desocupado

Hace más de 10 años, mientras estudiaba, Valeria Pasmanter vivió un tiempo en México. Alquiló una habitación en una casa de familia, porque era más cómodo y económico. De vuelta en Buenos Aires, en 2008, una colega francesa le comentó que estaba cansada de buscar cuartos para extranjeros y Valeria le ofreció alquilarle una habitación en su departamento. Al indagar el mercado, se dio cuenta de que había una alta demanda pero muy poca oferta. El desconocimiento de una tendencia muy común en otros países, sumada a la desconfianza de los porteños de “convivir con un extraño”, frenaban el potencial negocio.
Sin dudarlo, creó un blog dirigido a estudiantes extranjeros y comenzó a contactar a familias que tenían algún cuarto disponible para alquilar. Así surgió Spare- rooms.com, que ofrece alquileres temporarios (el mínimo es un mes) en casas de familia.
“Empecé con una inversión de $ 3.000 y el negocio se fue expandiendo con el boca a boca y el contacto con instituciones educativas que reciben estudiantes del exterior”, cuenta Pasmanter, quien trabaja con un asistente y un fotógrafo free lance.
“Tenemos 400 cuartos con y sin baño privado en Palermo, Recoleta y otros barrios de Buenos Aires, para alquilar por un valor que ronda los $ 3.000 mensuales de los que cobramos una comisión fija de $ 500. Previo a ofrecerlos en la página, visitamos el lugar, tomamos las fotos y charlamos con los arrendatarios. Nosotros nos ocupamos del pago de la reserva y del contrato, con cláusulas de sentido común que fuimos puliendo a partir de la experiencia en el rubro”.
En los seis años que lleva el emprendimiento, más de 800 extranjeros han conseguido habitación, con un promedio de estadía de cuatro meses.
Comprar una entrada para un espectáculo al que después no se puede asistir es mucho más frecuente de lo que se piensa. Las únicas alternativas a esta situación eran regalar el ticket u ocuparse de encontrar a alguien que quisiera comprarlo. Hasta que apareció Ticketbis, un portal para reventa de entradas C2C (de un consumidor a otro).
El emprendimiento se lanzó en 2009 en España, con una inversión de 400.000 euros, obtenidos en cuatro rondas de financiación. Como parte de un plan de expansión regional llegó a la Argentina en 2011 y hoy es el tercer país de mayor facturación, luego de México y Brasil.
El mecanismo de reventa a través de Ticketbis es fácil: el poseedor de la entrada postea su oferta y el comprador tiene varias opciones de pago electrónico en moneda local (con tarjeta, Dineromail o imprime un cupón para Rapipago o Pagofácil). El vendedor debe hacerse cargo del envío de la entrada por moto o correo, y se le libera el pago después del evento, para evitar inconvenientes y fraudes.
La plataforma tiene más de 6 millones de usuarios únicos, unas 200.000 entradas vendidas y más de 1 millón ofertadas. En 2013, facturó u$s 38 millones (50% en América latina) y registra un crecimiento de dos dígitos anual. “En lo que va de 2014, el fútbol fue lo más negociado. Pero también funcionan los recitales, especialmente, giras de bandas internacionales”, apunta Ricardo Noryo, regional manager.

Cursos para todos

Ante la abrumadora cantidad de cursos y capacitaciones dispersa en Internet, Daniel Abadi y Damián Janowski vieron la oportunidad de concentrar esa oferta en un solo lugar. En 2012, lanzaron Educabilia, con una inversión de u$s 50.000 (inversores ángeles).
“A partir de haber asistido a miles de cursos, notamos que no existía ningún sitio de referencia donde filtrar toda la información; y, por otro lado, a aquellos que ofrecen cursos se les dificultaba difundirlos y contar con un sistema de reservas sencillo para los interesados”, apunta Abadi.
La publicación de los cursos es gratuita. El modelo de negocios de la plataforma se basa en cobrar una comisión de 15% sobre las reservas online de aquellos que son pagos, y también por avisos destacados de las instituciones educativas.
La plataforma ofrece más de 20.000 cursos clasificados por temas, profesores, modalidad (presencial u online), costo (hay gratuitos), duración y calificación de los usuarios. Tiene presencia en 10 países de América latina y recibe unas 4 millones de visitas diarias. Con un equipo de 11 colaboradores, el portal proyecta facturar u$s 1 millón en 2014.
“La tecnología está impactando en las aulas y en la relación entre profesores y alumnos. Cada vez hay más proyectos que permiten aprender de y entre pares, y nosotros conectamos a los que enseñan y aprenden”, destaca el emprendedor.
De eso se trata la economía colaborativa: de tender puentes entre las personas, una tendencia que llegó para quedarse.

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