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La competitividad no se gana devaluando

Hay que dejar de mirar el tipo de cambio como medidor de la productividad del país para enfocarse en las cuestiones verdaderamente relevantes.

La competitividad no se gana devaluando

La Argentina es un país curioso. Poco tiempo atrás, la preocupación número uno de los analistas era la suba del valor del dólar. La brecha cambiaria, el dólar blue, el desplome de reservas... todas cuestiones propias de una crisis cambiaria.

Sin embargo, hace menos de 90 días que la preocupación parece ser exactamente la inversa. El dólar viene cayendo y, como la inflación sube, cae con más fuerza el tipo de cambio real, lo que para muchos genera un problema de competitividad en las empresas nacionales.

La situación confirma lo que el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, dijo alguna vez antes de asumir en la entidad: "Me parece que en un gobierno de Mauricio Macri el gran desafío será evitar una fuerte apreciación del peso por la entrada de capitales".

Ahora bien, me permito recordar una cifra relevante en el debate. Si no hubiésemos cambiado de signo monetario, un dólar hoy debería pagarse nada menos que 140 billones de pesos de 1940. El tipo de cambio, como se observa desde esta perspectiva histórica, está "recontra alto". Sin embargo, tras años de depreciaciones y devaluaciones, el desempeño económico del país no ha mejorado.

Es que el tema pasa por otro lado. Según el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), la competitividad de un país descansa sobre 12 pilares. Estos son: las instituciones, la infraestructura, el ambiente macroeconómico, la salud y la educación primaria, la educación superior y el entrenamiento, la eficiencia del mercado de bienes, la eficiencia del mercado laboral, el desarrollo del mercado financiero, la predisposición tecnológica, el tamaño del mercado, la sofisticación de las empresas y, en última instancia, la innovación.

El WEF considera que las instituciones están determinadas por el "marco legal y administrativo en que los individuos, las empresas y el gobierno interactúan para generar riqueza". En este marco, resalta la importancia de los derechos de propiedad como piedra fundamental para atraer inversiones.

Sana competencia

Otra cuestión para destacar es la eficiencia del mercado de bienes. En este punto destaca que "la competencia sana del mercado, tanto doméstica como internacional, es importante a la hora de generar eficiencia y mejorar la productividad de las empresas, al asegurar que las compañías más eficientes y que produzcan los bienes que se demanden sean las que triunfen". El mejor ecosistema para intercambiar bienes, según el WEF, exige "una intervención mínima del gobierno".

Respecto de los mercados de trabajo, afirma que "deben tener la flexibilidad para que los trabajadores puedan migrar desde una actividad económica a la otra rápidamente y a bajo costo". Impedir el movimiento de los trabajadores con leyes de supuesta protección laboral solo empeora las cosas.

En el Índice de Competitividad Global que la organización elabora, los primeros tres lugares son ocupados por Suiza, Singapur y los Estados Unidos. Sobre un total de 140 países analizados, nuestro país se ubica en el puesto 106. Es decir, en el último 25% del ranking total.

Es fácil quejarse porque el tipo de cambio está "atrasado". Después de todo, revertir esa situación solo requeriría que el Banco Central comprara dólares para hacer subir su precio. Sin embargo, esto no trajo buenos resultados en el pasado y es casi seguro que no los traerá en el presente. Además, el sistema cambiario en la actualidad se caracteriza por el tipo de cambio flexible, fijado por la oferta y la demanda del mercado. Si esto se mantuviera así, sería una buena noticia.

Es que por primera vez en mucho tiempo dejaríamos de mirar el tipo de cambio como medidor de la competitividad del país y enfocaríamos la atención en las cuestiones verdaderamente relevantes. Después de todo, si el éxito económico dependiera de la altura del tipo de cambio, Venezuela sería el paraíso. Y Suiza, lo más cercano a la ruina.