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Ingenio made in Italy

Se reinventaron para competir con el calzado hecho en escala en el sudeste asiático. Por qué los polos salvaron a las marcas italianas.

Ningún conocedor de la moda podría negar que un zapato Made in Italy tiene valor agregado. Se trata del mayor productor de la Unión Europea, el décimo productor del mundo y el séptimo exportador a nivel global. Pero el otrora líder indiscutido debió reconvertirse para que la globalización y la producción en escala de China y otras naciones satélite del sudeste asiático no acabaran con el talento de siglos.
Esta industria cuenta con 5.000 empresas y más de 77.000 puestos de trabajo, de acuerdo con la cámara que nuclea a las instutuciones del sector. Gran parte de ese entramado productivo lo explican las pymes, que han sabido sostenerse y desarrollarse a través de clusters y distritos donde la complementariedad ha sido fundamental para seguir atrayendo por calidad y diseño. Un capital social envidiable desde la perspectiva argentina.

Asociarse para ganar

De acuerdo al Osservatorio Nazionale Distretti Italiani, la península cuenta con al menos diez polos específicos, donde se concentran la mayoría de los fabricantes, proveedores y distribuidores, y otros tantos enclaves compartidos con el sector textil o terminadores de cueros.
El modelo italiano abonado por las pymes del calzado ha sido la cooperación y la especialización para la producción en escala, de manera de poder ser complementarios y no competidores. El resultado es una concentración espacial de las empresas en los distritos, en su mayoría ubicados en siete regiones: Marcas, Toscana, Véneto, Lombardía, Campania, Puglia y Emilia-Romagna. Unas 23 provincias albergan a los fabricantes.
 La asociación entre empresas permite a Italia resguardar su ventaja competitiva, basada en la calidad superior del producto, la capacidad de innovación relevante en los procesos de fabricación tradicionales y la alta capacitación de los trabajadores del calzado, con el apoyo de escuelas de formación en distintas zonas del país. Por caso, en el Distretto Calzature di San Mauro Pascoli, ubicado a 40 minutos de la diminuta república de San Marino, el Centro de Investigación y Escuela Internacional del Calzado fomenta el talento y la artesanía creativa que distingue al área local y al sector. Más de 50 empresas colaboran con el desarrollo de este centro de estudios y de capacitación donde conviven y se forman modelistas, diseñadores, técnicos u operarios del país y del exterior.

Experiencias for export

La trayectoria italiana no les es ajena a los productores nacionales. Para Horacio Moschetto, secretario de la Cámara Argentina del Calzado, Italia "logró una integración que permitió a los productores chicos armar zapatos y calzado de exportación, de alta calidad". Moschetto también recuerda que la industria local hizo un esfuerzo por crear las condiciones en las que trabajan los productores de calzado en Italia o incluso en España. Hace referencia al proyecto trunco de un polo productivo, anunciado en 2007 con la intención de nuclear a las empresas del sector en un predio de 25 hectáreas en Gregorio de Laferrere, por inaugurarse en 2010.
"Pensábamos llevar a las empresas de todo el sector e incluso escuelas de capacitación. La idea era prestar servicios a las industrias, trayendo máquinas de avanzada que sirvan para distintas empresas. En todo estaba la idea de integración para producir, como ocurre en la industria italiana", precisa y remata: "El estudio de factibilidad ya está, al igual que el terreno".
En tanto, el presidente de la cámara del calzado, Alberto Sellaro, revela que en el último trimestre del año vendrá al país algún diseñador italiano que transmita su know how en fábricas de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. "Sellamos un acuerdo marco con la federación italiana para recibir capacitación en modelaje, diseño y desarrollo de producto y de marca", explica. Por eso Italia, además de zapatos, exporta ingenio.
Ezequiel M. Chabay

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