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En primera persona

Carolina, quien prefiere mantener su apellido en reserva, cuenta su experiencia en una empresa (del sector de marketing) de 12 personas, donde la partida de una mala jefa cambió el ambiente de trabajo. "Desde que se fue no solo mejoró el clima laboral, sino que se fortalecieron los vínculos y se afianzó el trabajo en equipo. Se pudo conversar la idea de un cambio de estética en la oficina y tenemos más llegada a los directores, que se muestran mucho más flexibles que nuestra antigua jefa", explica. Según ella, la presión que ejercía por buscar imponer su jerarquía se traducía en colaboradores que trabajaban tensionados y sin libertad para expresar ideas o proponer nuevos proyectos. "Prácticamente, desde el día que se fue se pudo establecer mejor el grupo", comenta sorprendida por el abrupto cambio que se dio en su oficina. "En tiempos muertos había que estar trabajando, por más de que no hubiera nada para hacer", continúa su relato en lo que es un error muy común entre los jefes que no consideran que el ocio sea bueno para el trabajo, aunque un tiempo de esparcimiento es útil para aclarar la mente y mejorar la capacidad de concentración.

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