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El ‘golosinero’ que busca reposicionar el chocolate premium

Carlos Stutman fundó en 2006 una empresa que fabrica bombones. Con dos locales y 21 empleados, alcanzó una facturación de $ 10 millones en 2015. Analiza la apertura de un nuevo punto de venta en Zona Norte.

Desde que Larry Page y Sergei Brin crearon Google en un garage, todo el mundo imagina que cualquier emprendimiento puede surgir de ahí. Carlos Stutman, el fundador de Tikal chocolates, también lo creyó, pero rápidamente la realidad le mostró que su saber sobre las golosinas ocupaba mucho más espacio.
De modo que dejó el garage y alquiló un local de unos 30 m2 en Palermo y, desde allí, a los 40 años y tras una extensa actividad profesional en el mundo de las golosinas, empezó a darle forma a un sueño.
Licenciado en Tecnología Industrial de los Alimentos, Stutman había trabajado en la investigación y desarrollo de marcas como las pastillas DRF y Billiken, y golosinas como Mecano, la tuerca de chocolate rellena de dulce de leche de Bonafide. Luego de realizar un master en golosinas y chocolates en Alemania y con experiencia asesorando a heladerías como El Fundador, Volta y Chungo en las formulaciones de sus productos, decidió lanzarse por su cuenta.
En realidad, la idea de fabricar chocolates empezó como un producto anexo a las flores que vendían sus amigos de La Mejor Flor, la tradicional casa de Palermo Viejo. Ellos creían que podía ser un buen combo acompañar las flores con bombones. Si bien la idea de vender ramos con chocolates no prosperó, el negocio de Stutman bajo el nombre Tikal, sí.
Hoy, diez años después de aquellos intentos, la firma abastece con sus productos, hechos a base de chocolate premium, a sus dos locales y a marcas como Café Martínez o Nucha.
Tikal, en homenaje a la ciudad maya donde el cacao se desarrolló como bebida, tiene más de 100 productos: desde una línea de bombonería básica hasta trufas rellenas con lemoncelo y jengibre. También, hace tabletas con ingredientes como pimienta o sal.
"Compramos bloques de 10 kilos de la marca Callebaut, una de las más prestigiosas de Bélgica. Los fundimos y lo procesamos haciendo nuestros blends, rellenos y formatos. No fabricamos chocolates. Hacemos productos con chocolate", aclara Stutman.
Sus bombones están hasta 50% más caros que los de panadería, pero la gente, dice Stutman, "aun así" compra. "No tenemos que estar pendientes del costo. Hay un comprador gourmet que valora la calidad y el placer".
Si bien no cuenta con números sobre cuánto chocolate consume el argentino promedio, asegura que aumentó la compra, no solo por el placer por los nuevos sabores, sino por un cierto revival de los bombones finos como opción de regalo.
En ese sentido, está satisfecho por haber reposicionado en el mercado los bombones de calidad, como los que vendían en los ‘70 negocios como Córcega, Minotti o Lion d’Or: "Apostamos a las lindas cajas, a la mejor calidad en el producto final", sostiene.
En esa vuelta de los bombones, mucho tiene que ver el público, que se hizo más sofisticado. "Hay una exigencia distinta de parte de la gente, como sucede con los vinos. La gente disfruta de probar sabores nuevos. También el hecho de viajar le permite al publico acceder a otras calidades y cuando vuelve ya no quiere una calidad inferior", precisa. Explica que, además, hay una mayor penetración del chocolate frente al baño de repostería.
¿Cuál es su desafío ahora? Entrar en el mercado del helado, extender la marca a ese rubro y lograr desestacionalizar su consumo. "No todos nuestros productos están disponibles todo el año. Como no llevan aditivos ni conservantes, tienen corta vida útil. Por eso, es importante para nuestro negocio generar un producto que mantenga la misma calidad en las épocas en que la madre naturaleza no nos sirve de sus frutos", argumenta.
También piensa crear alguna golosina premium, que podría llamarse Blau (azul en alemán), una marca que ya tiene registrada, "pero eso está en análisis".
Otro proyecto es abrir un tercer local, posiblemente en Zona Norte, que se sumará a los que poseen en la avenida Federico Lacroze, en Belgrano, y en la Galería Güemes, en Microcentro.
Silvina Scheiner

Ficha

- Empleados: 21.
- Locales: 2.
- Facturación 2015: $ 10 millones.
- Crecimiento último año: 20%.
- Publicidad: solo en Facebook.
- Cantidad de artículos de chocolate: más de 100.

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