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El fast fashion y el derecho a vestir a la moda

por  GABRIEL FARÍAS IRIBARREN

Especialista en aprovisionamiento textil
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El fast fashion y el derecho a vestir a la moda

Cuando mencionamos el concepto fast fashion, inmeditamente, para quienes no pertenecen al sector, les surge la relación con la llamada "comida rápida". Sin embargo, esa fácil asociación nos haría caer en un reduccionismo que nos impediría conocer en profundidad a una de las ramas más productivas y con mayor tasa de crecimiento de la industria textil mundial. Lo que se conoce como fast fashion -cuyas abanderadas son las grandes cadenas de indumentaria de origen europeo y americano- supone la producción de ropa en serie, de manera veloz y con una altísima rotación: 15 colecciones diferentes al año persiguen el "minuto a minuto" de las tendencias de moda mundial pero con precios sustancialmente más bajos respecto de las marcas de súper lujo.

La alta rotación de mercadería en las tiendas genera en los consumidores una vertiginosa necesidad de inmediatez en las compras de ropa, accesorios y calzado. Pero la contrapartida a esa vorágine es la estudiada ingeniería industrial que hay detrás: los productos se clasifican en básicos y de moda. Los básicos, más clásicos o atemporales, se producen a gran escala en países remotos, ya que se puede predecir con mayor precisión la cantidad de ítems que se comercializarán en las tiendas. Los productos de moda, se confeccionan en centros de producción más cercanos y en pequeños lotes ya que no puede predecirse el nivel de ventas que tendrán.

Lo low cost del fast fashion supone también que los márgenes de rentabilidad sean reducidos. Por ello su principal amenaza es el aumento de los costos, tanto de materia prima, como laborales o de logística. Esto representa un enorme desafío para estas empresas, que deben ser rápidas y dinámicas a la hora de responder al cambio de las condiciones. Quienes reaccionan y recalculan tarde se quedan en el camino. Y en aras de redefinirse y recalcular, esta rama de la industria textil va encontrando siempre nuevos destinos de producción.

Países como China, histórico polo de la industria textil por excelencia, ha perdido parte de su competitividad en términos de costos, debido a un aumento sustancial de los gastos laborales y de energía. Esta situación representó una oportunidad para mercados del sudeste asiático, como Vietnam, por ejemplo, cuyos costos de producción son notoriamente menores frente a los del gigante asiático.

El fast fashion tiene a uno de sus más fuertes detractores en el mercado del lujo, que lo señaló históricamente por imitar o copiar a los grandes diseñadores. Para contrarrestar en parte esta situación, las distintas marcas han desarrollado colecciones cápsula junto a importantes exponentes del diseño mundial, con excelente resultados. Del mismo modo, las corporaciones están poniendo énfasis en garantizar las condiciones laborales adecuadas de sus proveedores, así como en respetar las normas de preservación del medio ambiente.

Aunque queda un largo camino por recorrer se han producido importantes avances en la búsqueda por lograr una industria textil responsable, situación que es también requerida por los consumidores. Los clientes de los distintos segmentos y de todo el mundo esperan que las marcas y empresas controlen las condiciones de trabajo y medioambientales de sus cadenas productivas. Para dar respuesta a estas demandas, el fast fashion, dinámico por naturaleza, va buscando nuevas alternativas.

Actualmente, las grandes compañías del sector han comenzado a implicarse en lo que se conoce como moda ética o green, también conocido como eco fashion. El tiempo dirá si podrá adaptarse por completo a este nuevo escenario y seguir por la senda del éxito que viene mostrando en las últimas décadas. Como dice Sarah Jessica Parker, "la moda no es un lujo, es un derecho". Ojalá siga siéndolo.