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El factor socio ¿de la empresa, del negocio o del proyecto?

Una sociedad dura 99 años. Una incógnita que siempre surge es cómo pensarla, sobre qué bases armarse. ¿amigos, pares, complementarios? Los ingredientes para que un matrimonio pueda ser casi eterno.

A fines de 2004, Diego Kirschenbaum, un profesional del mundo de los Recursos Humanos, estaba dejando Paradigma, la consultora de procesos y tecnología donde trabajaba, con la idea de levantar su propia empresa. Intentó asociarse con una ex jefa de Telecom, pero no resultó: él quería hacer las cosas a su manera y tener un socio implicaba condicionamientos. Además, si lo que la potencial socia aportaba eran clientes, mejor sería contratarla como ejecutiva de Ventas, evaluó.

Al tiempo, la idea de tener un socio volvió a rondar su cabeza. Cuando la nueva candidata instaló su computadora y algunos portarretratos en el escritorio al lado del suyo todo era perfecto. En la segunda reunión, con los contadores, los papeles y los biblioratos sobre la mesa, la magia y el romance se habían esfumado. Hoy su firma, Capital Humano, tiene 11 años de vida y sigue sin socios. Kirschenbaum optó por tener una mano derecha, en quién se apoya para tomar las decisiones importantes.

Su ejemplo muestra que ecidir una sociedad implica responderse algunas preguntas. ¿Estoy preparado para tener un socio? ¿Es necesario? ¿Qué va a aportar? ¿Quién se ocupa de la gestión?

"Cuando no hay nada para repartir es muy fácil dividir y decir cuánto ganará cada uno; justamente porque no hay nada. Uno está muy apasionado con la idea y no ve el tema pesos, pero el primer día ya hay que ver qué tipo de acuerdo se hace, conversar todo, aunque sea incómodo", recomienda Laura García de Globalnews. "Es mas fácil hacer participar a alguien en los resultados y no en acciones", describe. "Cuando se inicia algo, el emprendedor está lleno de temores y suele buscar a otro. Entrega cualquier cosa para calmar ese miedo, pero poner a alguien de socio es como casarse y un sociedad anónima dura 99 años", advierte.

Con ese fin, uno suele buscar primero entre familiares y amigos por que tienen tiempo libre, empuje o recursos económicos "creyendo que estos son los ingredientes adecuados para constituir una sociedad perfecta y no es así", agrega Adriana Canga, de AGC Consultora. La especialista entiende que hay un momento inicial donde coincidir y ser parecido acerca al otro, pero con el tiempo sale a la luz que la sinergia funciona de otra forma. "Está bueno pensar distinto, para poder aprovechar mejor el ser dos. Pero, ¿qué pasa si ambos quieren dedicarse a la empresa de forma diferente, con distintos tiempos y esfuerzo?", resalta Kirschenbaum.

Un socio es un profesional con quién compartir la dirección estratégica de la empresa. Si se tiene la oportunidad de elegirlo, debería tratarse de un "opuesto complementario", donde las debilidades de uno sean las fortalezas del otro. Así se genera para la empresa una sinergia positiva e interdisciplinaria.

"Si bien parece obvio, no lo es tanto ya que la tendencia es buscar ‘alguien que sea igual a mí y lo adecuado es asociarse con un profesional que se complemente con mi experiencia", comenta Pablo Sartan, de Humanbrand.
Claro está, todas las teorías tienen realidades que las refutan, aunque sea en parte. Cecilia Gomez Nale y Sandra De Raedamaeker son dos amigas y vecinas que se asociaron para crear Wind bloW, una marca que fabrica velas de cera de soja aromatizadas, difusores ambientales de varillas, y esencias aromáticas.
Si bien el hecho de ser mejores amigas influyó en el inicio del emprendimiento, no comprometen su vínculo amistoso en la sociedad, en la que se comportan "estrictamente como socias", dicen.

El emprendimiento se empezó a gestar en 2014. Salieron a comercializar el producto en diciembre de ese año. "Tenemos la SRL y nos inscribiremos como monotributistas cuando lleguemos a un punto de facturación que amerite el cambio", considera De Raedamaeker.

Son socias y toman las decisiones en conjunto. "Solo se ejecutan si ambas estamos de acuerdo. Aquello que no nos convence no es dejado de lado, sino postergado a un momento en el que creamos que se puede llevar a cabo o descartar definitivamente", señala. "Cualquiera puede sustituir a la otra en caso de ausencia y eso es una fortaleza", completa. Gómez Nale agrega: "Siempre planteamos una sociedad equitativa, tanto en aporte de capital como de trabajo. Las utilidades se reparten por partes iguales. En todo somos 50-50".

La inversión inicial la hicieron con sus ahorros. El crecimiento que tuvieron este primer año les permitió que, gradualmente, fuera Wind bloW quien invirtiera junto a ellas. Y si bien cada una tiene su personalidad, la dinámica que se genera cuando van juntas a algún negocio o reunión por tema de ventas, es muy singular, reconocen. "Supongo que está dada por un montón de vivencias juntas: la música, la escritura. Somos como dos actores que se conocen mucho, que conocen de lo que van a hablar, e improvisan como si, en realidad, tuvieran un guión para hacerlo", describe Gómez Nale.

"Si bien yo vengo de un segmento comercial, donde me ocupé de la capacitación, nunca vi que alguien -sin ninguna capacitación previa- como Sandra, tuviera tal capacidad de llegada a la gente", agrega.

Otro consejo que dan los expertos es decidir si lo que uno busca es un socio, un empleado o un contador. Muchas veces, los profesionales intrapreneurs quieren iniciar un proyecto y, como no desean hacerlo solos, piensan en buscar un socio, cuando en realidad lo que necesitan es otra cosa. "A un empleado, se le indica y solicita lo que debe hacer. Se le asignan tareas y salario, y por lo general, si bien se lo involucra en el proceso de dirección, la responsabilidad final es de los socios", dice Sartán.

El empleado no piensa en la trascendencia de la empresa, puede estar un tiempo, y después irse a otro trabajo o, por el contrario, darse cuenta de que no necesita a ese jefe, y hacer su propio emprendimiento.

"En una oportunidad -cuenta Kirschenbaum- encontramos para un cliente un ejecutivo de ventas tan bueno que después de dos años, el dueño nos llamó para consultarnos porque el empleado quería asociarse. La mayoría de los clientes de la empresa los había generado él: si no lo asociaba corría el riesgo de que sea un nuevo competidor. Finalmente lo asoció".

Ahí entra el otro ribete de la cuestión: hasta dónde puede escalar un buen empleado sin convertirse en socio. Un colaborador de mucha jerarquía debería ser alguien muy confiable porque maneja infromación confidencial que podría serle muy útil a la competencia.

Otro modelo, otro vehículo

Una cosa es compartir un proyecto, otra hacer un negocio y otra una compañía. Uno puede tener socios por proyecto, es decir, no para todo el negocio, sino para algunas cuestiones puntuales. En este tipo de iniciativa, no importa manejar los mismos valores, sino ver el negocio, recuerdan los expertos.

En una empresa, en cambio, los socios, juntos, están construyendo algo que los va a trascender y que debe tener cimientos sólidos y compartidos porque de esa base depende cómo trataran a los empleados, a qué velocidad piensan crecer, o cómo repartirán las acciones, sostiene García.

Los tipos de relaciones societarias son variadas: depende de lo que se busque y el estadío en que se encuentre el emprendimiento Un modelo que crece en el país es el de las incubadora o aceleradora. En general, es capital contra equity (participación) y el porcentaje depende de la valuación en la cual la aceleradora y el startup se ponen de acuerdo.

En la Argentina, el rango estándar es entre u$s 25.000 y u$s 50.000 por el entre 2 y 10% del equity. "También puede haber préstamos convertibles, subsidios, matching founds. Pero plata por equity es el mas utilizado, explica Bruno Rovagnati, Managing Director, de R/GA LATAM y mentor del programa R/GA Accelerator, que impulsa startups a nivel global.

En general, se celebra una acuerdo entre las partes en donde se plasman las condiciones y los términos. El documento respaldatorio es, en general, una Nota Convertible o SAFE. Estos documentos, si bien tienen similares características a los que utilizan las aceleradoras a nivel internacional, incluye algunos puntos que son propios de cada acuerdo.

La relación de conversión de estos instrumentos de inversión en equity se suele establecer mediante una fórmula que fija un valor, que define un precio máximo que se pagará en caso de que la valuación de la ronda de inversión lo supere y un discount (descuento), que es aplicable en caso que la valuación resulte inferior al precio máximo, resaltan en el mercado. Por otra parte, las aceleradoras no solo dan capital, sino que otorgan un espacio físico durante un tiempo, con una estructura de soporte administrativo, contable, de tecnología. "También se los expone a una red de mentores que, con una serie de reuniones, puede ayudarlos a resolver problemáticas particulares evitando tiempo de investigación o prueba/error que puede ser muy caras en estas etapas", afirma Rovagnati.

Entre los aportes figura la exposición a una red de potenciales clientes y nuevos inversiones para las potenciales rondas de inversión futuras. "Les damos lo que necesitan para entender a sus clientes y para enfocarse en la experiencia, el diseño y la comunicación de sus productos y servicios", sostiene Rovagnati.
Considerando que es una sociedad, ¿qué gana el socio? Obviamente, si el startup es exitoso, será capital. Pero más importante que el dinero es la posibilidad de "estar cerca de un talento que, por sus inquietudes emprendedoras, muchas veces, es imposible tener dentro de una corporación estándar, más burocrática. Acá, ellos son parte y mantienen su libertad. Dentro de las burocracias corporativas, ciertas dinámicas o ciertos riesgos no se darían, y acá si", cierra.

Los distintos modelos confirman la idea de que una sociedad no tiene un modelo. Desde la amiga, hasta un vehículo que responde al extraño título de "incubadora" puede funcionar. El secreto está en saber identificar el más útil para uno.