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El bar que cuida las manos de las ejecutivas

En pleno Puerto Madero, Rita Medina montó The Nails Bar, un local de manicuría, pedicuría y estética para las mujeres -y hombres- de negocios que diariamente trabajan en la zona. Colabora con la ONU, enseñando el oficio a refugiados.

El bar que cuida las manos de las ejecutivas

El primer año fue áspero, asegura Rita Medina, sentada en la vereda de su negocio, a la sombra de uno de los edificios más altos de Buenos Aires y sede de un importante banco de capitales chinos. "Acá no hay tránsito de gente y los primeros dos meses hubo días que no pasaba un alma", recuerda la dueña de The Nails Bar, un pequeño spa que se especializa en hacer las manos y pies. Al poco tiempo de inaugurar, una a una sus tres socias fueron abandonando el emprendimiento por distintos motivos, por lo que Medina, que había vendido su auto para aportar su parte de capital, quedó como única responsable del negocio -y de las deudas que atraía-.

Sin embargo, la empresaria sabía que al barrio más nuevo de la ciudad ingresan, todos los días, 35.000 personas, la gran mayoría, empleados de las compañías más grandes de la Argentina. Y a ese público decidió apuntar. "Nos empezamos a mover un montón, las chicas salieron a volantear, comencé a contactar a todas las empresas cercanas para hacer convenios para los empleados y así fue cómo nos conocieron un poco más", relata.

Tan populares llegaron a ser entre las ejecutivas de Puerto Madero que ellas mismas les insistían a sus compañías para tener descuentos -de hasta un 30%- a la hora de hacerse la manicure. "Buenísimo, las chicas ya me lo estaban pidiendo", cuenta Medina que le dijo uno de los directores del área de Recursos Humanos del ICBC cuando mantuvieron una reunión. Hoy, los empleados de empresas como Dow e YPF tienen beneficios en The Nails Bar.

Al momento de embarcarse en el negocio de hacer las manos, Medina trabajaba en relación de dependencia en Nalco Ecolab, donde se ocupaba de las regulaciones para las actividades en los Estados Unidos y Brasil de la multinacional. "Al principio, mientras abrí el local, hacía las dos cosas a la vez. Pero, ya cuando vi que necesitaba mucha más atención, tuve que renunciar", explica.

Asidua cliente de manicurías, la hoy empresaria vio la oportunidad de negocio gracias a la política de restricción de importaciones del anterior gobierno. "En su momento, uno de mis hermanos importaba cosas para motos y, en pleno kirchnerismo, mis manicuras no conseguían la materia prima", cuenta Medina que, con ayuda de su familiar, comenzó a traer al país los materiales que las profesionales de las uñas precisaban. "Cuando se corrió la bola, todas me pedían y dije ‘Bueno, si hay tanta demanda, es porque hay mucho servicio’".

Sin embargo, la emprendedora no quería que su negocio fuera una más de tantas casas de manicuría que tiene Buenos Aires y decidió darle una impronta innovadora. Todas las clientas de The Nails Bar pueden disfrutar, mientras les emprolijan las cutículas, de algún cocktail que le preparan en la barra de tragos dispuesta en el local. Además, Medina tampoco se conformó con brindar servicio para manos y pies e incorporó un servicio de make up, tratamientos faciales, masajes y todo lo que es aparatología cosmética. "Una experiencia", así define ella su negocio, donde el buen trato al cliente hace la diferencia.

 

Capacitación para refugiados

La estética no siempre fue el principal interés de la hoy empresaria de manos. En algún momento, optó por estudiar Relaciones Internacionales en la Universidad Argentina de la Empresa (UADE), la cual abandonó una vez obtenida la tecnicatura porque al tiempo se dio cuenta de que no le interesaba "ni un poco" la política. "La hice porque quería especializarme para trabajar con refugiados y todo lo que eso implica, pero decidí que ese no era el camino para mí", explica Medina quien, actualmente trabaja codo a codo con el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur), el organismo de la ONU dedicada a proteger a los desplazados de zonas de conflictos, para enseñarles el oficio de manicura a expatriados de distintos países.

"La parte por la cual estaba estudiando la estoy haciendo. Sabía que la iba a lograr de una forma u otra", se enorgullece la empresaria, que espera poder contratar a varios de los refugiados a los que capaciten. "Es gente que tiene empuje, por algo se fue. Queremos hacer una buena selección y los que no se queden con nosotros dejarlos preparados para que puedan trabajar".

Y es que, próximamente, The Nails Bar precisará una gran cantidad de manicuras, ya que la empresa planea expandirse a través del sistema de franquicias, luego de recibir asesoramiento técnico y financiero de Franchaising Company y del Banco Comafi, respectivamente. En un primer momento, la idea era abrir locales en Nordelta y Recoleta, pero, particularmente en este último, "encontrar un alquiler que tenga lógica es difícil", por lo que se decidió trasladarse al barrio de Palermo. "Ahí va a haber mayor competencia y será divertido", advierte Medina.

Ficha

Fundación: 2013.
Inversión inicial: $ 800.000.
Empleados: 7
Facturación anual estimada: $ 2,5 millones.

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