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De diseñadora a empresaria, con los zapatos bien puestos

Hace casi seis años, Clara Barceló fundó su firma de diseño de calzado. Tiene dos locales propios y tres franquicias. Cada par cuesta entre $ 2.600 y $ 3.200.

Clara Barceló, al frente de su local.

Clara Barceló, al frente de su local.

Margaritas a los chanchos", "Donde manda capitán", "Tacha & go" o "Que noche Teté" no responden a los títulos de ninguna obra de teatro, sino que son algunos de los nombres que Clara Barceló eligió para los zapatos que ella misma diseñó. Una especie de regla mnemotécnica que surgió en broma se convirtió en la esencia de su negocio: bautizar cada uno de los modelos a partir de una cualidad que lo diferencie del resto, siempre con un toque de humor.

Barceló tiene 28 años, una marca que lleva su nombre, siete empleados, dos locales propios, tres franquicias y en 2015 facturó más de $ 8 millones. Si bien su proyecto arrancó en 2010, desde chica mostró un interés particular por la moda. Siempre disfrutó acompañar a su madre, que era dueña de un local de indumentaria para chicos, a los talleres a comprar tela; reciclaba la ropa de su abuela para disfrazarse y transformaba las camisas de su papá en vestidos.

Luego de trabajar dos años como asistente de diseño en una fábrica de zapatos, y cuando le faltaba apenas un año para recibirse de Diseño de Indumentaria en la Universidad de Buenos Aires, lanzó su propia línea de calzado: Clara Barceló.

Entonces, la emprendedora tenía 22 años y le faltaba mucho por aprender, desde lidiar con contadores, abogados y proveedores, hasta tomar decisiones acertadas para que su emprendimiento llegue a buen puerto. Pero, con el paso del tiempo, largas horas de terapia y algunos traspiés, logró dar el salto de diseñadora a empresaria; de asistente a jefa.

Su primer paso fue en 2012, cuando abrió un showroom en San Isidro. En 2013, inauguró su primera tienda en el barrio de Palermo. Pero "estaba fuera del circuito de locales y me costaba mucho que la gente llegue hasta ahí", recuerda. Y luego de que le entraran a robar, decidió cerrarla, hasta que unos meses más tarde abrió otro local en San Isidrio.

Al poco tiempo llegó el primer pedido de franquicia, junto con la apertura de su segundo local, en Punto Tigre. "Arranqué con una inversión mínima, de $ 4.000, que la destiné a mis primeros 12 pares de sandalias", dice Barceló.

De esa primera docena, pasó a vender hasta 7.000 pares por temporada, ya sea de zapatos de fiesta, para novias o para todos los días. Aunque aclara que su fuerte son las texanas, por lo que siempre incluyen alguna en la colección, sea verano o invierno.

La clave está en los detalles
Cuando Barceló tiene que destacar qué diferencia a su marca del resto, hace hincapié en los detalles: se ocupa de que el packaging tenga su toque original. Es que los que compren un par de zapatos no se los llevarán en una bolsa, como suele suceder, sino en una caja con manija.

También tiene en cuenta cada rincón de sus locales: el perfume, la comodidad de los sillones y hasta la exhibición de los productos, que está integrada con el stock, porque no usan depósitos. En vez de esto, cada sucursal tiene grandes bibliotecas con escaleras en donde se exhiben los zapatos y las cajas con el stock, acompañadas con etiquetas grandes que dicen el nombre de cada modelo.

La atención que reciban sus clientes es otro tema que Barceló no pierde de vista: "Tenemos una persona que se ocupa especialmente de esto, recorre los locales, escucha a las clientas y a las vendedoras", enumera. Y agrega que organizan concursos internos para mantener a las vendedoras motivadas: "Esto hace una diferencia notable", asegura.

La esencia del negocio

Bautizar de una forma diferente a cada modelo, de los que hacen unos 200 o 300 pares por temporada, es parte de la esencia de la marca. Barceló cuenta que al principio, los nombres fueron surgiendo como uso interno, "porque si llamábamos a los zapatos por número de artículo o código era muy difícil aprendérselos a todos, porque no tenés de donde agarrarte para armar una regla mnemotécnica si son solo números".

Esto hizo que, junto a sus colaboradores, terminaran poniéndoles nombres relacionados a alguna característica del zapato, para así recordarlos. "Por ejemplo, había uno que tenía una costura artesanal bien gruesa que parecía el repulgue de una empanada, y lo llamábamos 'empanada de atún'", recuerda. Hasta que un día, "nos pareció divertido compartir este 'juego' con nuestras clientas y empezamos a publicar los modelos en las redes sociales con su nombre arriba, y la gente se enganchó muchísimo".

Tal fue la complicidad que lograron con sus clientas que hasta hoy siguen llamando a cada zapato por su nombre: "Renemos un modelo que se llama 'Margaritas a los chanchos', 'Donde manda capitán', 'Tacha & go', 'Que noche Teté' y un montón más", enumera la emprendedora, y afirma que cada temporada disfrutan del bautismo de cada modelo y remarca que algo que comenzó como un juego "ya pasó a ser una parte fundamental de la esencia del negocio".

Ficha

- Año de fundación: 2010
- Inversión Inicial: $ 4.000.
- Empleados: 7.
- Facturación 2015: $ 8,5 millones.
- Volumen por colección: entre 5.000 y 7.000 productos por temporada.
- Cantidad de locales abiertos: 5 (dos propios y tres franquicias).