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Bolsos 100% made in Argentina

La marca de accesorios Matriona tiene cuatro locales gracias al empuje de sus socios, Yamila Albahari y Ezequiel Singman, ambos experimentados en el competitivo mundo del diseño. La empresa factura unos $ 12 millones anuales.

El dicho popular que reza "más vale lento, pero seguro" aplica a la perfección al modelo de negocios que hizo que Matriona, una cadena de locales de venta de bolsos y accesorios, haya logrado tener éxito en un mercado de indumentaria altamente competitivo. Sus dueños, el matrimonio conformado por Yamila Albahari y Ezequiel Singman, diseñadora y abogado por la Universidad de Buenos Aires (UBA), tuvieron en claro desde un principio cómo iban a desarrollar la marca y, cuando el viento sopló a favor, supieron mantener los pies sobre la tierra. "Tenía la historia del negocio de mi papá que tuvo un crecimiento vertiginoso y que no mucho después cayó en picada", cuenta Singman.
Existen dos tipos de caminos que un emprendedor de la moda puede tomar para desarrollar su negocio: armar un modelo de prendas, obtener financiamiento, y poner en pie un local a la calle en una avenida reconocida, sería la opción que muchos toman, y no logran mantener en el tiempo. En cambio, la pareja decidió encarar la vía alternativa, larga, que conlleva más esfuerzo.
"Tanto con las oficinas como con los locales fuimos creciendo de a pequeños pasos. Abríamos locales de 40 metros cuadrados y de a uno a la vez, para poder cerrarlos rápidamente y achicarnos en caso de que nos fuera mal", aclara Singman, y completa: "Ésta fue la receta que decidimos llevar adelante para protegernos antes los vaivenes del país y la recesión".
De esta manera, la pareja comenzó a dar sus primeros pasos emprendedores en 2008, vendiendo bolsos y carteras para distintas marcas como Cristóbal Colón y Muaa, tercerizando las ventas y generando aceptación en el público. "Así también nos fuimos financiando y armando en paralelo el proyecto de Matriona", señala Albahari. Con los primeros ahorros, a partir de ese año, la pareja inició una carrera poco habitual: se lanzaron a instalar su propia marca en puestos de ferias ubicadas en los barrios de Palermo y Belgrano, y luego pasaron por una serie de pequeños locales en galerías. "Usábamos todos los recursos a nuestro alcance: las primeras telas y los muebles de los locales nos los regalaban familiares y el living de nuestro departamento era el depósito", dice el abogado.
Así, los entrepeneurs alcanzaron abrir este año cuatro locales ubicados en calles de gran circulación, como la Avenida Santa Fe, que facturan más de $ 3 millones cada uno, y asignaron dos franquicias.
La inversión inicial, cuentan, no es exacta ya que fue de a pequeños montos: $ 3.000 en los primeros puestos, $ 4.000 en artefactos para diseñar los locales, otros $ 3.000 en la compra de insumos para desarrollar los productos. "Las pocas ganancias las capitalizábamos en el proyecto", coincide el matrimonio.

Aprender el oficio

Para poder manejar un negocio dedicado a la moda se requiere de cierta cintura. La cantidad y variedad de componentes que lleva cada prenda hace de la búsqueda de proveedores un arte. Saber identificar la calidad de la tela, negociar el precio, llevar a cabo cada paso de la cadena de producción -el diseño, los bordados, los cortes-, hasta llegar al paso final: poner en marcha la campaña de marketing y promoción de la línea.
De todo esto, sabe, y mucho, Yamila Albahari. La diseñadora cuenta que se "fogoneó" en distintas marcas del distrito de la moda de Palermo, como Emblema y Lázaro. En este último, Albahari destaca que fue una experiencia fructífera: "Es una empresa de más de 60 años y muy profesional, con departamento de diseño, de corte, de producto y hasta jefa de campaña de prensa".
Con este rodaje encima, la pareja dio un paso más allá y se mudó por dos años a París: él viajó para cursar un posgrado en negocios; ella, para realizar una serie de talleres relacionados al diseño. "Apenas volvimos puse sobre el papel todos los modelos que tenía en la cabeza y comencé a venderlos a diferentes marcas", detalla la diseñadora.

Fidelidad, ante todo

Matriona creció y ayudó a crecer a otras pymes. Estas son las proveedoras de telas y demás insumos, todas del mercado nacional, que llevan años trabajando con la marca. En este punto, Singman asegura que, si bien el nuevo marco económico y político facilita la importación de materiales, como productores tienen "una responsabilidad con las familias que forman la cadena de valor de la marca" y piensan seguir produciendo con materia prima local. Aunque, aclara: "Ellos tienen que mantener el compromiso con nosotros de no disminuir la calidad de los insumos".
No obstante, los dueños de Matriona se permiten una excepción y hace algunos meses comenzaron a importar paraguas. "Es un producto que la gente siempre busca, y no se fabrica en Argentina", afirma Singman. La idea le surgió al abogado del negocio de su padre, quien vendía este producto en los noventa.
El futuro promete, pero la pareja emprendedora se mantiene firme con el modelo que los hizo crecer. Este año ya otorgaron dos franquicias y es posible que la expansión sea para 2017 aún mayor (ver recuadro). "Pasa a paso", ironiza el emprendedor, con la seguridad de quien encontró la fórmula correcta. Para 2017, ambos se encuentran optimistas.

la ficha

- Inversión inicial: $ 10.000
- Empleados: 22
- Facturación anual: $ 12 millones