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Hogar dulce hogar (y buenos negocios)

Desde utensilios de cocina para zurdos hasta pelotas que rebotan pero no rompen vidrios, pasando por protectores estéticos para ventanas y balcones. Muchas veces, detectar (y resolver) la necesidad del propio hogar se puede convertir en un emprendimiento exitoso. Los casos.

La idea de negocio puede no surgir de lugares ortodoxos, sino presentarse camuflada entre recuerdos, emociones y experiencias lejanas al concepto de empresa. Los sentimientos y las vivencias suelen superar a los métodos de provocación de la creatividad, y sus resultados, desembocar en ideas de negocio de elevada calidad”, comparte Sebastián Gebara, director del programa para Emprendedores de la Universidad Católica Argentina (UCA). Para ilustrarlo, amplía: “Basta recordar películas como Quién llamó a la cigüeña, donde Diane Keaton recibe de manera inesperada la tenencia de un bebé, lo que la lleva a desarrollar una nueva fórmula de puré de manzanas, con el que no solo lo alimenta, sino que lanza su propia marca de comida para chicos”.
Muchas veces, este ‘insight’, como llama Gebara a estas ideas de negocios que surgen desde una motivación personal, nacen en el hogar; en el hecho de tener una necesidad no satisfecha y, al encontrar un modo de abordarla, descubrir un potencial nicho para emprender.
Fue, en un punto, lo que llevó a Néstor Maldonado a crear, en 2006, Tienda de Zurdos, una plataforma online desde donde comercializa utensilios de cocina para aquellos que tienen mayor destreza con la mano izquierda. Para Maldonado, se hacía muy difícil abrir una lata o cortar con una tijera. Y, a partir de hallar cómo resolver su necesidad, creó un negocio para ayudar a otros. Corría el año 2000. La arquitecta Andrea Grün, madre de una niña de tres años, vivía en un departamento de un edificio alto en Santiago de Chile. “No teníamos conciencia del riesgo que representaba para los niños un balcón sin protección. Además, estaba Pampa, nuestra golden, capaz de saltar al vacío por perseguir una paloma”, recuerda Grün. Guiada por el deseo de encontrar una solución estética (ni rejas oxidables ni alambres tejidos), el matrimonio dio forma a Netzen, una emprendimiento que ofrece protección para balcones y ventanas. “Además de ser ser segura y estética, era importante, en Chile, que la solución no impidiera usar los espacios como vía de escape, en caso de sismos o incendios”, agrega.
Tras seis meses de preparación y una inversión inicial de u$s 5.000, el matrimonio comenzó el emprendimiento que, luego de su mudanza de regreso al país, trajo a la Argentina. “Desarrollamos un kit para quienes viven fuera de nuestra área de cobertura, para que el usuario pueda hacer la instalación por sí mismo”.
Netzen emplea a siete personas, tiene 15.000 clientes y factura $ 1,5 millón. De cara a 2014, busca duplicar el crecimiento. “Vamos hacia una etapa nueva con la patente otorgada en varios países”, dice Grün.

Pelotas que no rompen
Proteger su hogar de las travesuras (juegos y correteos) de sus sobrinos fue el motor que llevó a María Cecilia Fara, en 2009, a emprender. “Cuando mis sobrinos venían de visita, sentía que llegaba una topadora. Los espacios eran reducidos y los chicos necesitaban canalizar su vitalidad. Percibí la importancia de tener juegos que les permitieran descargar energías, sin necesidad de recurrir a la compu o la tevé, y que, al mismo tiempo, dejaran el hogar a salvo”, destaca.
Hacia 2011, y tras una inversión de $ 30.000, Abremundos dio sus primeros pasos en diseño de juguetes para usar en interiores. “No rompen vidrios ni destrozan adornos. Creé la ‘globolota’, una funda de tela, que adquiere forma de pelota al introducir un globo en su interior. Maximiza los beneficios de una pelota y un globo: se puede patear, arrojar, atrapar y hasta picar pero es más liviana y de movimientos lentos”, explica.
En la primera etapa, la emprendedora, ansiosa, no pudo esperar los tiempos de producción de un envoltorio para el producto. “Para ir a los locales, era necesaria una presentación. Busqué entre los remanentes de un emprendimiento discontinuado de mi marido, vinculado al underwear masculino, y transformé el packaging de los zoquetes en la presentación de las globolotas. Y fueron bien recibidas”, recuerda.
Abremundos planea cerrar el año con una producción de 8.000 globolotas y $ 380.000 en facturación. Comercializa a más de 50 clientes, entre jugueterías didácticas, tiendas de diseño y regalerías y analiza el desarrollo del canal minorista. “Hacemos ecommerce y estamos por lanzar combos de productos para incrementar el ticket promedio”. El proyecto es incubado en el Centro Metropolitano de Diseño.
“La necesidad de uno mismo despierta inspiración. Pero no hay que sobredimensionar las ideas que surgen de momentos de apremio”, alerta Gebara.

Con veta solidaria
Con el foco en el hogar, hace dos años, Mariana Peluffo pensó en hacer productos prácticos para el día a día casero. Junto a un socio, y tras una inversión inicial de $ 8.000, creó Dear Tota, que fabrica servilletas, individuales, almohadones y bolsas para lavar la ropa, que comercializan en su web y en 20 locales multimarca.
Poco a poco, se tornó en un fin solidario’. “Buscamos que los diseños hagan sentir a la gente que su casa es el mejor lugar del mundo. La idea de crear hogares nos llevó a pensar en inspirar a los demás a transformar todas las casas en hogares”, amplía Peluffo. Así, se sumó al programa Más Casita, mediante el cual, los productos son la herramienta para poder ayudar a familias sin recursos a construir su hogar. “E l0% de la venta de uno de nuestros productos va a la Fundación Sagrada Familia, que construye viviendas dignas”.
Este año, Dear Tota espera facturar $ 100.000. Para 2014, el objetivo será ampliar los canales de distribución y ventas. “Al término del año próximo, esperamos vender 14.000 unidades, modificando el mix de productos”, agrega.

Adaptarse a las tendencias
Ver que los nuevos departamentos son pequeños a las arquitectas Eleonora Ricci y Cecilia Monasterio, deslumbradas por el modelo sueco de Ikea, a pensar, en 2009, en armar mobiliario apto para pocos espacios. “Las grandes ciudades tienden a departamentos de espacios reducidos; no había en el mercado una línea que diera respuesta a esta necesidad”, comenta Ricci.
El emprendimiento se llama Minbai. Las socias se presentaron en la incubadora Baitec y ganaron la convocatoria 2011 y 2012. La inversión inicial, para el primer año, demandó un desembolso de $ 225.000, que se destinó a marca, web, equipamiento para el showroom, oficina. “El crecimiento esperado entre el 2012 y 2013 estaba calculado en el 60%, por una desaceleración marcada por el cepo y las trabas en la compra de inmuebles. Dicho incremento se superó en dos puntos (62% de crecimiento)”, comenta Ricci.
Para 2014, las socias proyectan subir la facturación un 70%. “Estamos focalizándonos en las constructoras, desarrolladoras e inmobiliarias; el objetivo es generar alianzas que ofrezcan departamentos con la opción de comprarlos equipado. Estamos en conversaciones con una empresa en Puerto Madryn para desarrollar el equipamiento de dos tipologías de monoambientes de un proyecto turístico”, dice.
Pensar en los más chicos de la casa, y en su experiencia como madre, fue lo que llevó a Paula Dubove, a crear El buhito, una marca de productos hipoalergénicos, confeccionados de manera artesanal con telas 100% algodón y tinturas naturales. Tiene seis líneas de producto: veladores, colchones, bolsos, cambiadores, sábanas y chichoneras. “Fabricando productos para madres, unía las dos cosas que más ocupan la cabeza de una mamá reciente, tu hijo y los productos que lo acompañan. Tanto los ‘colchonitos’ como los bolsos forman parte del kit mínimo que usas todo el día todos los días cuando salís con un bebé”, explica Dubove, sin previa experiencia en el mundo emprendedor. Con una inversión inicial de $ 5.000, la marca lleva vendidos más de 2.000 ‘colchonitos’.
El buhito comercializa sus productos a través de su tienda online, redes sociales y en distintos puntos de venta.