

Durante su visita a nuestro país, Stiglitz habría afirmado que las retenciones tienen efectos redistributivos progresivos (Cronista Comercial 15/8/2012). Puede que sí, puede que no pero sin contextualizar es una afirmación que tiene raíces ideológicas más que económicas.
Hay dos efectos principales que analizar: precio e ingreso. Respecto al primero, el sustento para la afirmación de Stiglitz reside en el hecho de que las retenciones disminuyen el precio interno del bien afectado y sobre esto no caben dudas: en nuestro país, las retenciones han disminuido el precio interno de los principales cereales y carne vacuna. Este también ha sido el argumento político que ha justificado las retenciones durante los últimos años: proteger la mesa de los argentinos. En la línea de este razonamiento, existe sin embargo un salto entre decir que las retenciones disminuyen el precio interno de los bienes primarios, y que este efecto se traslada a los precios pagados por los consumidores. Los costos de producir bienes de consumo están influidos no solo por el precio de los insumos primarios pero también, de muchos otros incluyendo salarios y alquileres urbanos. Entonces, la incidencia de las retenciones sobre los precios en las góndolas es variable en el tiempo y en muchos casos es bastante menor a lo que usualmente se piensa. Por ejemplo, en el caso del pan, la incidencia del trigo (que tiene una retención del 23%) en el precio pagado por los consumidores es de solo 20%. El grado de traslación de los efectos también depende como se verá, de la estructura de los mercados.
El impacto más directo y menos incierto sobre los precios pagados por los consumidores no son las retenciones sobre la producción primaria sino, las que se aplican sobre los productos que ellos compran. Por ejemplo, la retención sobre las exportaciones de tallarines es del 5% y este es el porcentaje en que el precio en las góndolas es menor al precio internacional de la misma calidad.
En Argentina, la estructura de este impuesto es similar al ejemplo de los tallarines es decir, la tasa de retención es mucho más alta sobre los bienes primarios que sobre los productos en las góndolas. Entonces, si queremos proteger la mesa de los argentinos, ¿por qué no se implementan retenciones más elevadas sobre los bienes de consumo y se disminuyen los aplicados sobre la productos primarios cuyo efecto precio como se dijo, es mucho más incierto? Por ejemplo, ¿por qué no se eleva la retención de los tallarines al 15% y se baja la del trigo sabiendo que sin duda, con esta estructura los consumidores estarían mejor?
Acá es donde comienza a tallar la economía política de las retenciones: los productores de tallarines son pocos y están altamente concentrados. Lo mismo ocurre con la industria procesadora de leche, los molinos de harina, la industria del biodiesel, etc. Es decir, segmentos significativos de las industrias procesadoras de productos primarios son los principales beneficiarios de los efectos precios de las elevadas retenciones sobre la producción primaria y no los consumidores. Asimismo, debido a la concentración relativa, son estas industrias las que tienen la llegada mas fluida a las estructuras de poder político y no los productores primarios. De esta manera, el status quo persiste en detrimento de la población en general.
Respecto al efecto ingreso, cabe mencionar que durante 2011 la Tesorería recaudo unos 11.000 millones de dólares en concepto de retenciones agropecuarias. Dado que el Ejecutivo es el que dispone la asignación del grueso de esta recaudación y que la misma no es clara, el impacto social de este efecto ingreso es incierto. Existe sin embargo, un pensamiento que está ganando adeptos políticos de peso quienes argumentan que la actual asignación de la recaudación por retenciones no es jurisdiccionalmente equitativa y en este sentido, el efecto ingreso de las retenciones también sería regresivo y crecientemente inaceptable.
Existe un segundo efecto ingreso que tampoco es claro pero que a largo plazo de la últimas décadas ha sido muy dañino tanto en términos económicos como sociales. El mismo se refiere al efecto que la disminución de los ingresos agropecuarios como consecuencia de las retenciones tuvo sobre los incentivos a la migración rural-urbana. En general, el grueso de la población migrante ha tenido niveles relativamente bajos de educación y muchos de ellos dejaron el país rural con la esperanza de una vida urbana mejor pero terminaron engrosando la fuerza de trabajo informal ganando ingresos de subsistencia o indigencia.
Lo dicho ocurre en un marco que acepta las retenciones como instrumento central de la política económica pero incluso en términos de la economía tradicional, esta también es una posición opinable. De cualquier manera además de lo dicho, existen otros efectos de las retenciones que no han sido considerados (desarrollo tecnológico, balanza de pagos, empleo y crecimiento económico), pero es suficiente para concluir que en general, el efecto distributivo de las retenciones es incierto y que de la manera como se aplican en Argentina, es más probable que sean regresivos que progresivos. Resumiendo, el efecto distributivo de las retenciones debe contextualizarse porque de lo contrario, la ideología termina abusando de los instrumentos de política y dañando el bienestar de la población.










