

Los avances logrados en el reconocimiento de los derechos e igualdad de las mujeres es, sin dudas, uno de los procesos políticos, jurídicos y sociales más trascendentes y transformador ocurridos en el siglo XX y de lo que va del presente. Nuestro país ha estado a la vanguardia de esos avances. Basta mencionar el derecho al sufragio (1951) o la patria potestad compartida (1984).
La historia argentina tiene ejemplos de mujeres fuertes, decididas, que supieron luchar por sus derechos y los de su patria, y transformar de raíz los cimientos de nuestra sociedad. Evita es un símbolo que trasciende las fronteras, y es referente universal de esa lucha por el reconocimiento de los derechos civiles y políticos de la mujeres.
No podemos dejar de mencionar a Martina Céspedes, Manuela Pedraza o esa inmensa mujer que fue Juana Azurduy en nuestra independencia. Alicia Moreau de Justo y ahora nuestras Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, que son el máximo exponente de la resistencia a la dictadura y defensa de los derechos humanos. Un legado que queda para toda la humanidad.
Está además el coraje, el esfuerzo y el compromiso de todas las mujeres que hoy tienen liderazgo en nuestro país y han sabido sobrepasar los obstáculos y dificultades, para seguir adelante. En primer lugar, nuestra presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que conduce un proceso de transformación, desarrollo humano, económico y social inédito en la Argentina, como no ocurría desde hace décadas.
En el terreno laboral también ha existido un notable progreso de las mujeres, sin bien subsisten aun asimetrías muy marcadas que colocan a las mujeres en una situación desfavorable con respecto a los trabajadores varones. Pese a los avances, las principales desigualdades persisten en temas como el acceso al mercado laboral y también a los puestos gerenciales o de dirección.
Sin embargo, muchas cosas han cambiado para mejor: actualmente las mujeres son propietarias o tienen cargos gerenciales en la mitad de las pymes industriales argentinas.
Estamos logrando que la mujer canalice sus proyectos en un contexto de participación ascendente en todos los órdenes de la vida social, económica, política y cultural, y que su consideración siga en ascenso.
Las condiciones de igualdad de la mujer, tanto en la vida política, como en la civil, económica, social y cultural, así como la erradicación de todo tipo de discriminación y violencia de género, son objetivos por los que toda la sociedad debe seguir bregando.
Falta mucho por recorrer, por alcanzar, pero creo fervientemente que trabajando diariamente desde nuestros lugares, como mujeres y protagonistas de nuestro destino, es la manera de mejorar y alcanzar nuestros objetivos individuales, pero fundamentalmente los que involucran al conjunto de la sociedad.










