Que hoy accedamos a teléfonos celulares inteligentes, a alimentos abundantes y a tomografías computadas no se debe a la casualidad o a los planes elaborados en una oficina de un ministerio, sino a la acción de individuos que detectaron nuevas ideas y las utilizaron en forma provechosa. Nuevas formas de hacer las cosas reemplazaron otras que se volvieron obsoletas.
La necesidad de sobrevivir hace que en los mercados las buenas ideas se impongan. En los mercados las malas ideas no sobreviven, sin embargo en el mundo de la política no sólo sobreviven, florecen. Tomemos por caso la iniciativa del el actual Ministro (de facto) de Economía, Axel Kicillof, que introdujo el concepto Cost Plus como ordenador básico en el castigado mercado de la energía eléctrica. La idea se basa en calcular los costos de las empresas (Cost), y luego agregar un margen de ganancia (Plus) a fin de fijar el precio del servicio que estas empresas producen.
La idea de costo de producción puede ser de relativa sencillez para los contadores cuyo objetivo es presentar un balance o calcular la carga impositiva que una empresa debe pagar. El contador está interesado en lo que pasó (en el ex post) y no en decisiones que se toman en mirando hacia el futuro. Aspectos como el criterio admisible para amortizar un bien -de central importancia para el contador-son irrelevantes cuando el objetivo es analizar procesos decisorios de corto, mediano y largo plazo en la empresa. Y son irrelevantes para comprender como funciona el mercado en el cual esta empresa se inserta.
Los costos relevantes para decidir son los de oportunidad. No son costos históricos registrados en una planilla. Estos costos difieren de una empresa a otra, y para una misma empresa difieren según el tiempo disponible para ajustar procesos productivos, la cantidad producida por unidad de tiempo y otros factores. Los costos relevantes para muchas decisiones son costos marginales, especialmente difíciles de ser estimados por un observador externo.
El progreso económico, y el consiguiente progreso en las condiciones de vida de una población, se deben al reemplazo de procesos productivos caros por otros más baratos. En un mercado competitivo se premia la economía en el uso de recursos y no el despilfarro. El Sr. Kicillof descubrió que lo correcto es hacer lo opuesto: al pagar según Cost Plus, las empresas más ineficientes reciben un precio más alto.
Es de esperar que el sistema Cost Plus afecte las decisiones de uso de recursos que se tomen en las empresas que operan en el mercado eléctrico. Tomemos por caso, una empresa que emplea x trabajadores y usa z toneladas de crudo para producir y KW de electricidad. Con el sistema Cost Plus nada impide que esta empresa aumente la cantidad de trabajadores empleados, o que preste poca atención a formas de economizar el crudo. Los mayores costos los compensa el Cost Plus.
Pero no todos pierden. Los sindicatos ganan: ahora la patronal no tiene demasiado incentivo para controlar tanto la cantidad de trabajo contratado, como así también su retribución. Mayores rentas para los trabajadores implican menores dolores de cabeza para los que deben supervisar a estos trabajadores. Los accionistas también ganan: algún porcentaje del Cost Plus irá para ellos. La gerencia ahora vive más tranquila y tal vez ve su compensación incrementada -esta retribución forma parte del Cost-. Como en un sueño, en la empresa todos se benefician.
Pero la fiesta la paga alguien, los mayores recursos que usa esta empresa dejan de producir bienes y servicios en otras alternativas en las que estos recursos podrían haber sido utilizados. Menos patrulleros, camas de hospital o vagones de ferrocarril.
Para un individuo o una organización, lo importante no es el esfuerzo que se hace (Cost) sino el resultado que se logra. Premiar esfuerzo en lugar de resultado implica, justamente, dilapidar esfuerzo para terminar logrando poco. Lo contrario de lo que queremos.