No hay peor sordo que el que no quiere oír. El 25 de mayo de 2003, cuando Néstor Kirchner asumió la presidencia de la nación, hizo público su postulado de gobierno: aumentar la capacidad de producción, el consumo local y el PBI, era fundamental para reducir cada vez más el déficit hasta alcanzar el superávit, y luego recuperar la solvencia fiscal. Poner en funcionamiento la rueda de la producción permitiría salir del infierno. La economía al servicio de la política y no al revés. Pero el toque distintivo sería el desendeudamiento: durante décadas, la economía nacional fue prisionera de los condicionamientos que imponían los organismos multilaterales de crédito como el FMI y el Banco Mundial. Tras la crisis de 2001, se logró romper con ese paradigma y las políticas económicas adoptadas permitieron disminuir cada vez más la deuda pública para incrementar la soberanía nacional.

El modelo planteado hace casi una década por el presidente que rompió el molde, permitió reducir la deuda pública bruta (no sólo la privada), del 166% del PBI en 2002, al 41,8% en 2012, según los datos que aporta al Oficina Nacional de Crédito Público, del Ministerio de Economía de la Nación. Es decir que, lejos de desperdiciar el tan mencionado viento de cola, el modelo permitió equilibrar las cuentas y alcanzar relativa independencia del rumbo de la economía mundial, al no tomar deuda pública internacional. Pero no se tomó deuda pública no porque no se pudiese sino por decisión política. Y por ese motivo Argentina está hoy en condiciones de paliar la compleja situación que transitan varios de sus socios comerciales.Crisis en Europa: por qué les cuesta tanto salirParte del colapso en el viejo continente fue por el excesivo endeudamiento y el déficit fiscal, que tuvo una fuerte incidencia generando un círculo vicioso contractivo. A la incapacidad para articular un paquete de medidas que genere confianza y que recupere la senda del crecimiento, lo que terminó exasperando y globalizando la incertidumbre respecto del futuro de la crisis fiscal, financiera y de crecimiento; a eso se le suma la carencia de liderazgo continental y las diferentes posturas ideológicas. La austeridad fiscal propuesta por los ortodoxos, con la Alemania de Merkel a la cabeza, lejos de generar un shock de confianza ha asfixiado el crecimiento económico y destruido puestos de trabajos. De esta manera, es difícil imaginar una coordinación monetaria y fiscal de 17 ministerios de economía, y el euro hoy se ve más como una mera creación política que como una moneda sustentable en el tiempo.China, Estados Unidos y Brasil, desaceleradosEn ese contexto, China, que creció a tasas del 13% en 2007 y a un promedio del 9% en los últimos años, actualmente plantea un fuerte paquete de incentivos tendientes a crecer sólo al 6%. Por su parte, Estados Unidos prevé crecer sólo al 2% con un nivel de desocupación del 8,2%, y Brasil, que representa el 53% del PBI sudamericano, creció al 7,5% en 2010, al 2,5% en 2011 y prevé lo hará entre el 2% y el 3% en 2012; además, depreció su moneda en casi un 30% en los últimos meses.

Ante ese panorama mundial, nuestro país procura desvincular al mercado interno de la volatilidad de los mercados internacionales, con una fuerte apuesta a una política de ingresos que, en coordinación con la política cambiaria, nos permita preservar el empleo y el salario; es decir, el mercado interno.Las claves del modeloLo planteó John Maynard Keynes, lo recordó Paul Krugman, y lo implementó Néstor Kirchner: la política fiscal y el desendeudamiento de la última década fueron centrales para recuperar la solvencia fiscal y por ende la gobernabilidad.

La deuda externa del sector público, que en 2002 equivalía al 95,2% del PBI, hoy es sólo el 14,2%. Hace diez años, la deuda extranjera representaba casi 12 veces el nivel de las reservas, y hoy tan sólo la duplica. De ese monto, menos de la mitad es en dólares y sólo el 10% en euros. En contraposición, y para comprender las causas de sus actuales crisis, es fundamental ver el peso de la deuda pública sobre el PBI que tienen Alemania, 115%; Italia, 130%; Portugal ,180%; Grecia, 160%; e Irlanda, 110%. Pero también los déficit en función del PBI: Italia, 3%; España, 9%; Grecia, 10%; Holanda, 5%.

Decía Néstor Kirchner el 25 de mayo del 2003, enfrentado con la actual mirada europea: no se puede recurrir al ajuste ni incrementar el endeudamiento. No se puede volver a pagar deuda a costa del hambre y la exclusión de los argentinos generando más pobreza y aumentando la conflictividad social (...) Creciendo nuestra economía, crecerá nuestra capacidad de pago.

Esa clara y oportuna visualización del escenario fue la que generó un círculo virtuoso de la economía, que hoy nos permite continuar con las políticas de crecimiento con inclusión social. En el 2003 se fijó un rumbo, un modelo: la política de desendeudamiento y la solvencia fiscal no fueron obra de la casualidad. No fue el viento de cola sino una decisión política, la que lo hizo posible junto al esfuerzo de todos los argentinos. A pesar de eso, hay algunos que todavía hoy siguen negando lo evidente.