La economía convencional sugiere que la crisis de la deuda europea, que está justificando severos programas de ajuste fue causada por un despilfarro fiscal por parte de los países europeriféricos y que el papel de la moneda común fue a lo sumo mínimo. Pero la crisis en Europa es el resultado de un desequilibrio entre los países del centro y de su periferia que es inherente al modelo económico adoptado. Merced a un proceso de unificación monetaria y de desregulación financiera, los países del centro persiguieron una modalidad de crecimiento impulsado por exportaciones o, más específicamente, una política de empobrecer al vecino, realizada a expensas de los desequilibrios y la acumulación de deuda en los países periféricos. Este desequilibrio se hizo insostenible.
Debido al hecho de que en una crisis los gobiernos deben aumentar el gasto (aunque sólo sea a través de los estabilizadores automáticos) con el fin de mitigar su impacto y que los ingresos tienden a disminuir (debido a la menor actividad), el mayor déficit presupuestario es inevitable, y emerge así una de las causas favoritas de los relatores banales de la crisis.
En la UE, la deuda pública está nominada en euros, moneda que los países no controlan directamente, y funciona de manera similar a una deuda en moneda extranjera. Dado que los miembros no pueden devaluar sus monedas domésticas, uno de los resultados usuales de los modelos de crisis cambiaria, como una fuerte devaluación de la moneda nacional, no puede ocurrir y el mecanismo de ajuste es el nivel de actividad.
Los países eurocentrales fueron capaces de seguir políticas de moderación salarial, como en el caso de Alemania y Austria y, más generalmente, en el caso de Bélgica, Francia y los Países Bajos, lo que permitió contener los costes laborales en niveles inferiores a los de la periferia europea. Entre 2000 y 2007, los costos laborales unitarios aumentaron 7% en los países centrales y 24% en la periferia. Bajo un régimen de tipo de cambio fijo y en un contexto donde el grueso del comercio es intrarregional, esto equivale a una devaluación real y es una base para perseguir políticas de crecimiento por exportaciones, que empobrecen al vecino.
Los periféricos no tienen los medios para contrarrestar y compensar las políticas de los países centrales. El esquema de la moneda común descarta las depreciaciones nominales para compensar el aumento de los salarios en la periferia. Además, no hay mecanismos para grandes transferencias fiscales que compensen la pérdida de producción asociada a la escasa competitividad de los países con costos laborales mayores.
Frente a estos costos laborales y la apreciación del tipo de cambio real, lo que socava su competitividad externa, para la europeriferia la única alternativa para crecer fue aumentar la demanda agregada interna.
La postura fiscal contractiva y la debilidad de la demanda privada implican que la única opción de recuperación debe provenir del sector externo. Sin embargo, la recuperación, en un contexto como el europeo, donde el grueso del comercio es intrarregional, y en una situación de estancamiento de la demanda interna, en particular en los países periféricos, la recuperación basada en el sector externo sólo puede implicar una alternativa donde los bajos salarios y la deflación harían el esfuerzo por incrementar la competitividad, lo que tiene altos costos en términos de desempleo y de contracción de la actividad.
Estos desequilibrios, en el contexto de una unión monetaria, son inevitables cuando los países miembros son económicamente heterogéneos. El reconocimiento de este hecho requeriría que la UE incorpore al menos mecanismos de compensación para resolver los desequilibrios en vez de hacerlos acumulativos. Esto equivale a reciclar los saldos del superávit hacia los países en déficit para mantener la dinámica de la demanda agregada. E implica que el país acreedor debe desempeñar un papel activo como parte de un mecanismo equilibrante y que el peso del ajuste no lo asuma el país deudor.
Otra medida tan importante como esa sería diseñar e implementar un paquete de rescate, donde sea el capital financiero es que se destruya y no el capital y los salarios productivos.
Los problemas del euro para los países periféricos solo tienen solución si el Banco Central Europeo compra su deuda nominada en euros, como prestamista de última instancia, y mantiene sus tasas de interés a la par con las de Alemania. Pero este país evidencia una total falta de interés en ser artífice de una integración económica para el crecimiento (lo que sería un esquema de keynesianismo regional), basado en mayores exportaciones alemanas hacia fuera de la región pero mayores importaciones con la periferia europea.
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