Se ha instalado en las agendas de todos los países y organizaciones internacionales el concepto de Inclusión Financiera. Sin embargo el uso de la palabra ha crecido de manera más rápida que el consenso respecto de la profundidad de su significado. Así desde la agenda del G20 hasta los movimientos sociales, pasando por bancos centrales, ministerios de economía y los organismos multilaterales, comienzan a ser las palabras más mencionadas.

Según Financial Access Initiative y Global Findex del Banco Mundial, más de 2.500 millones de personas en el mundo no tienen acceso a ningún servicio financiero y cerca del 60% de los adultos de las economías en desarrollo no tiene acceso a una cuenta bancaria. La mala performance de algunos bancos ha generado desde los reguladores el desarrollo de mecanismos precautorios que permitan evitar perjuicios a los depositantes. Sin embargo, paradójicamente este aumento de medidas precautorias también genera mayor dificultad para profundizar los servicios financieros en segmentos menos atendidos (MiPyMes) puesto que los requerimientos para brindar servicios o para ser usuario se han incrementado. La inclusión financiera de estos segmentos se vuelve importante en sí misma y necesita ser pensada con la misma intensidad con la que se protege el sistema, teniendo en cuenta que el 77% de la gente de menores recursos de todo el mundo no tiene cuenta en una institución financiera.

La inclusión tiene al menos cuatro directrices: acceso; calidad; uso y beneficio.No alcanza con que estén disponibles (acceso) sino que estos servicios financieros (crédito, ahorro, seguros, etc.) sean de calidad. Esto permite diferenciar servicios que aun teniendo acceso no cuentan con las condiciones necesarias y deseables como, por ejemplo, utilizar un crédito de pago mensual para una actividad de ingreso estacional anual.

Pero un concepto amplio de la inclusión financiera también implica que el público haga uso de los servicios financieros de calidad. Entonces el uso está asociado a que los consumidores cuenten con información y educación financiera para poder utilizarlos. Lamentablemente la presión de la sociedad de consumo se ha desarrollado mucho más que los esfuerzos para poder informar y educar a los usuarios. Hace muchos años los alumnos de las escuelas visitaban el correo para abrir su libreta de ahorros y a partir de eso se desarrollaban los conceptos de ahorro, crédito e inversión de manera práctica y sencilla. Como contrapartida puede mencionarse los múltiples casos de sobre endeudamiento inducido desde algunas entidades financieras, o la baja propensión a la utilización de herramientas financieras por falta de conocimiento (garantías, factoring, leasing) que harían más eficiente el proceso productivo. Desde las organizaciones de base, los organismos multilaterales y hasta los gobiernos y bancos centrales comienzan a desarrollarse planes de educación financiera que permita generar conocimientos adaptados a los distintos segmentos (gacetillas técnicas, comics, obras de teatro). La utilización de medios magnéticos (tarjetas de débito o crédito) de las asignaciones universales o el pago de las jubilaciones a través de cajeros requirieron un trabajo de sensibilización y transmisión de conocimiento acerca del uso pero en todos los casos con enormes beneficios adicionales como mejor administración del tiempo, generación de información y conocimiento, mitigación del clientelismo.

El acceso, la calidad y el uso de productos y servicios financieros solo tienen sentido si generan algún beneficio o impacto positivo (y no solo a la rentabilidad de las instituciones). Esto implica tener el compromiso de evaluar, de medir si efectivamente en una unidad productiva o en una familia haber accedido a servicios financieros de calidad y haber hecho uso de ellos ha generado impacto positivo porque esto obliga a pensar en la herramienta financiera como medio y no como fin.

Así surge la diferenciación entre inclusión e integración. Mientras que la inclusión busca estar dentro porque supone un concepto opuesto como la exclusión, la integración implica no solo estar dentro, sino formar parte. La inclusión financiera es condición necesaria pero no suficiente para garantizar estrategias de desarrollo sustentable. La incorporación de la inclusión financiera en la agenda del G20 y los organismos multilaterales es importante pero se requiere de visión de bosque y no de árbol.