

Durante seis horas, el lunes, la capital norteamericana vivió pendiente del fugitivo.
El frenesí se apoderó de los canales de televisión y las estaciones de radio e inundó los medios sociales, desplazando las restantes novedades políticas del día, incluyendo hechos tan importantes como un fallo de la Corte Suprema sobre los derechos de los votantes y el paradero de Edward Snowden, el ex contratista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) que filtró a la prensa los detalles del gigantesco programa de espionaje telefónico.
Entre las 8:15, cuando se anunció la fuga y las 14:15, en que se produjo la captura, más de 65.000 twitters fueron intercambiados, incluyendo algunos emanados de distinguidos miembros del Congreso.
El objeto de tanta conmoción era Rusty, un cachorro panda de 11 meses, pelirrojo, de cejas hocico y orejas blancas y una mirada traviesa, que apenas tres meses atrás había sido adquirido por el Zoológico Nacional Smithsonian con la idea de aparearlo con Shama, la panda hembra residente.
Shama, según parece, sufría del mal de amores. Apenas dos años atrás había dado a luz a dos retoños de su ex Tate, pero su corazón se desgarró cuando Tate fue trasladado a Filadelfia para otros menesteres y los responsables del Smithsonian decidieron importarle un novio del Museo Infantil Lincoln, de Nebraska.
Por razones que se desconocen, tal vez por una fobia matrimonial agravada o pánico prenunpcial, lo cierto es que el domingo por la noche, sin decirle nada a nadie, Rusty desapareció.
Las autoridades descubrieron su ausencia a la mañana siguiente y después de una búsqueda infructuosa por el predio del zoológico, dieron la voz de alarma. Estamos buscando un panda pelirrojo perdido, un macho llamado Rusty. Se lo vio por última vez a la 6 de la tarde de ayer, decía el mensaje.
Los 140 caracteres que el zoológico despachó por twitter se reprodujeron 3000 veces en la primera hora. Pronto, CNN se apropió de la historia y a los pocos minutos, la capital más política del planeta no tenía otra preocupación que el paradero de Rusty. La cadena ABC se sumó a la búsqueda con una emisión continuada en vivo.
Vale la pena recordar que esta es la misma ciudad que enloqueció cuando dos pandas gigantes, regalo de China al presidente Nixon, llegaron al Zoológico Nacional en 1972. Más de 20.000 personas fueron a verlos en el primer día de exhibición y más de 1.100.000 en el primer año.
El lunes, los mensajes que iban y venían por las redes sociales combinaban el rumor, con la histeria, con el humor. Alguien sugirió que había una relación entre la fuga de Snowden y la de Rusty y que ambos habían logrado asilarse en la embajada cubana. Newt Gingrich, el perenne candidato presidencial republicano, famoso por su insistencia en visitar zoológicos durante su campaña, twitteó: En respuesta a los que me acusan de complicidad en la desaparición del panda pelirrojo, quiero decir que tengo una coartada: mi esposa Callista y yo pasamos la noche alimentando a nuestros elefantes mascotas. (Es una broma. Ayuden a encontrar a Rusty).
A la 1:25 de la tarde, la intensa movilización dio resultado. Ashley Foughty, una cantante y ocasional actriz que vive en el barrio Adams Morgan, no lejos del predio del zoológico, envió una fotografía por twitter del panda fugitivo retozando entre un lecho de flores.
Dos empleados del zoo, muñidos de una red para cazar mariposas, pusieron fin a la escapada. Con la formalidad de un anuncio de la Casa Blanca, el Smithsonian informó: Rusty, el panda pelirrojo, ha sido recuperado y enjaulado y se encuentra en camino de regreso al Zoológico Nacional, sano y salvo.
Los washingtonianos, acostumbrados a toda clase de conmociones, desde al asesinato del presidente Lincoln al escándalo Clinton-Mónica Lewinsky, pudieron, por fin, respirar.
Así y todo, al día siguiente, el Smithsonian se vio en la obligación de difundir un nuevo parte. Rusty duerme bien, come bien, hidrata bien y (esto es probablemente demasiada información) hace sus necesidades normalmente.










