La 32ª Conferencia Regional de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) para América Latina y el Caribe que se realiza durante esta semana en Buenos Aires representa una buena oportunidad para meditar una vez más sobre la interrelación entre las políticas públicas y el acceso a los alimentos. Argentina es un caso paradigmático de las contradicciones fundamentales entre los objetivos de las políticas y sus resultados. Por ende, nuestro país también representa un ámbito donde la FAO puede extraer lecciones para mejorar sus recomendaciones para mejorar el acceso a los alimentos.

Las retenciones y las restricciones cuantitativas sobre las exportaciones agropecuarias han sido la base de la política alimentaria nacional. Para el período 2006-2011 el Cuadro presenta la tasa de imposición total sobre las exportaciones como también, la contribución de las restricciones cuantitativas. Se observa que en relación a los valores promedio vigentes durante este período, los productores de trigo recibieron precios que fueron un 40% inferiores a los internacionales mientras que los productores de maíz y soja recibieron precios 29% y 34% inferiores respectivamente.

En los casos del trigo y maíz, estos elevados niveles de imposición pueden atribuirse en un 42% y en un 26% a los efectos de las restricciones cuantitativas aplicadas sobre las exportaciones. Por otra parte durante los últimos cuatro años, el stock de ganado bovino disminuyó en 11 millones de cabezas lo que también se debe en gran parte, a las restricciones cuantitativas.

Estas políticas disminuyeron de manera aguda los ingresos de los productores y por ende, de todas las industrias encadenadas con la producción agropecuaria. ¿Cuáles han sido los beneficios para los consumidores argentinos? Muy pocos o negativos. El Gráfico muestra índices de tendencias de los precios nominales recibidos por los productores de trigo y los pagados por los consumidores de harina de trigo en las góndolas. La correlación entre ambas series no es distinta de cero. Tampoco hay correlación entre el precio al productor de trigo y el pan en góndolas, y entre el maíz y la harina de maíz. Las razones de esta falta de asociación no están claras pero probablemente otros costos incluyendo la mano de obra y el precio de la tierra urbana (alquileres) han incidido más que los insumos primarios en los precios de los alimentos pagados por los consumidores. Por otra parte, la importante caída de oferta de carne bovina también ha originado aumentos significativos en los precios minoristas de la carne.

De lo anterior se concluye que las políticas restrictivas de las exportaciones castigaron la producción sin beneficiar a los consumidores de una manera equivalente. Asimismo, los efectos negativos de las restricciones cuantitativas sobre la producción nacional también disminuyeron nuestra oferta a los mercados mundiales y por ende, estas políticas también fueron un factor explicativo de la reciente escalada de los precios internacionales de los alimentos.

Resumiendo, nuestras políticas comerciales no mejoraron de manera visible el acceso a los alimentos de los argentinos ni tampoco del resto del mundo. Dado que países como Brasil y Uruguay no restringen sus exportaciones con elevadas barreras, nuestro país está siendo criticado en foros internacionales como el G-20 y la Organización Mundial de Comercio. De manera más cercana, recientemente la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL también criticó la discrecionalidad con que Argentina decide muchas de sus restricciones administradas al comercio. La FAO debiera ser clara en el sentido de que políticas discrecionales han afectado negativamente el acceso a los alimentos.