En los últimos días han comenzado a sonar las voces de siempre que, en un contexto internacional de estancamiento en los países centrales y de crecimiento menor en nuestros socios comerciales, ven la oportunidad de volver a medir fuerzas con el gobierno nacional.

¿Y como se les ha contestado a los especuladores desde el gobierno?

Con un Estado cada vez más presente y con medidas de regulación que son las que más les duele. Porque, lo que realmente se discute en estos días no es el valor del tipo de cambio, sino si está bien o no que el Estado intervenga en la economía. No, en cambio, si hay tres cuatro o treinta tipos de cambio, como menciono la presidenta CFK en alusión a la nota publicada por El Cronista el martes pasado.

La discusión que ya ganó Keynes en los años cuarenta y se renueva aquí en un país como el nuestro donde la teoría y la practica económica atrasan 50 años. Sólo hay que ver las notas de los gurúes y los reportajes en radio y tv: todo lo que sea regular a los sectores concentrados es visto como herejía. Como si las políticas neoliberales aplicadas en nuestro país desde 1976 hasta el 2002 -las que se siguen aplicando en el mundo, con particular virulencia en Europa-hayan sido exitosas. Una receta diferente es defender a rajatabla el peso con los instrumentos de las fortalezas macro y con el poder de fuego del BCRA, que puede resolver cualquier intento de ataque especulativo.

Si uno analiza la historia argentina de los últimos años, observa que han existido innumerables episodios de intentos de golpes de mercado que han sido la forma que encontró el poder concentrado para imponer sus decisiones, cuando los golpes de Estado no eran factibles. La diferencia sustancial con ese pasado ha sido que, en la etapa abierta en 2003, las pulseadas las ganó siempre el gobierno nacional y con ello se impusieron las reglas de las mayorías populares y no las del mercado financiero.

Pasó en el 2008 con la crisis de la 125 y lo vimos en noviembre cuando, derrotados por los votos de la Presidenta, intentaron que no se aplicara el plan de profundización del modelo -que ahora se está desplegando-y comenzó una minicorrida contra el peso. En ambos casos, la política regulatoria monetaria y cambiaria aplicada fue exitosa y el panorama se despejó rápidamente.