El G20 se ha convertido en el agrupamiento multilateral oficioso más representativo de sistema internacional. A pesar de ser un órgano de composición restringida -sus miembros son los países más desarrollados y los nuevos emergentes- su flexibilidad de convocatoria ha permitido la participación de otros actores, cuando un interés particular lo ha justificado.

La Argentina es miembro original del Grupo que fue creado en 1999 para preservar la estabilidad financiera para el desarrollo. La reciente extensión de la crisis global a muchas otras áreas más urgentes y delicadas ha motivado que los presidentes del G-20, en especial Barack Obama y Angela Merkel, hayan sugerido ampliar su agenda a cuestiones como los alimentos, la energía, el medio ambiente y, por iniciativa argentina, también al desempleo.

Precisamente en aquellos aspectos más comprensivos nuestro país ha tenido una participación significativa, en particular, en los últimos años. Propuestas como incorporar a la OIT a las deliberaciones en razón del impacto del desempleo en la seguridad humana y la estabilidad global, las políticas de estímulo en lugar de austeridad a ultranza y la modificación de la representación de los organismos de crédito, han sido posiciones en el pasado vistas como novedosas, pero hoy aceptadas en casi todos los ámbitos de discusión. El verdadero paradigma actual es que, sin una solución al problema del desempleo, no hay solución aceptable de la crisis.

El punto no pasa ahora por los problemas de los sectores financieros solamente. El punto real es la seguridad humana afectada por la desocupación creciente. Es esta última la que pone en riesgo la paz y la seguridad internacional y es, sin duda, la que requiere una rápida acción por parte de los gobiernos.

Para cambiar ideas sobre dichas cuestiones, recientemente tuvo lugar en la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia, una reunión de las Usinas de Pensamiento (Think-Tanks) más prestigiosas y enfocadas a los temas internacionales de los países del G-20. El Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) fue invitado exponer en un panel referido a: Nuevos emergentes, nuevos socios, nuevos paradigmas. Una visión desde el sur.

El interés de las discusiones derivó del hecho que los especialistas actuaron a título personal e independiente de las posiciones sostenidas por sus gobiernos. La circunstancia de que los presentes fuesen académicos, empresarios y altas autoridades de los Think-Tanks, ofreció un panorama original y constructivo, no obstante la sensibilidad de las cuestiones abordadas.

En lo que se refiere a la Argentina, resulta indiscutible que su lugar en el G-20 está fuera de toda duda, no obstante algunas insinuaciones un poco mezquinas que desde Europa llegaron a nuestras playas. Es que no se puede dudar de la histórica eficacia de la diplomacia argentina, ni de su permanente contribución a la paz y seguridad internacional. Se trata, además, uno de los principales productores y exportadores de alimentos del mundo, así como de biocombustibles, con reservas de energía y minerales entre las más significativas del mundo, un país que domina la tecnología nuclear con fines pacíficos y está al estado del arte en tecnología satelital. Pero, tal vez, el rol más significativo que podrían tener en el G-20, la Argentina y sus socios latinoamericanos, es el de oficiar de puente entre el mundo emergente y los países más desarrollados. Ello significaría un aporte concreto y muy positivo al incierto escenario internacional que amanece.