

El Gobierno Nacional que declaró feriado el pasado 31 de enero en homenaje a la Asamblea del Año XIII, celebró su bicentenario con una fiesta en Plaza de Mayo que incluyó una clase magistral sobre los derechos y garantías establecidos por ésta.
Aunque tal charla abierta fue pródiga en merecidos elogios a la libertad de vientres, a la prohibición de la tortura, al reconocimiento de la igualdad ante la ley de todos los argentinos y a la derogación de privilegios de sangre y títulos de nobleza dispuestas por la Asamblea, omitió toda referencia a otros derechos y libertades igualmente consagrados por la misma.
Asimismo fue llamativo que, pese al Lincoln de Spielberg en cartelera, ninguno de los eruditos expositores advirtiera que fue también un 31 de enero, pero de 1865 o sea recién 52 años después, que el Congreso de EEUU abolió la esclavitud; altri tempi, evidentemente.
Al ser todos los disertantes fervorosos partidarios de la re-reelección presidencial, no sorprendió que ninguno mencionara que la Asamblea, en prevención al abuso del poder público, dictó un Estatuto para el Poder Ejecutivo que disponía que su titular debía rotar cada seis meses.
Ni que tanto el proyecto de Constitución redactado por la Comisión Permanente de la Asamblea, en su artículo 107, como el proyecto federal presentado por los diputados de Artigas, en su artículo 40, impidieran expresamente la reelección del primer mandatario.
La abierta contradicción entre estos límites republicanos y la consigna Cristina Eterna, explica tal silencio.
Menos explicable fue que una historiadora de Estado invocara el espíritu de la Asamblea en apoyo a la nueva Ley de Medios.
Ya que aunque también silenciada en la clase magistral otra de las libertades reconocidas por la Asamblea fue la de imprenta. Garantía ésta que protege las opiniones, los periodistas y los medios de prensa independientes de los atropellos del Gobierno de turno (y no a la inversa, como pretenden convencernos desde el AFSCA).
Entre los grises panelistas destacaba un juez con un voluminoso currículum académico que peroró entusiasta sobre el principio de igualdad, siendo prolijamente ovacionadas sus palabras por los militantes rentados de La Cámpora que copaban el acto.
Pero el alto magistrado, acaso distraído por tales vítores, olvidó que el principio de igualdad sobre el con tanta vehemencia pontificara aplicado al contexto social y político vigente, hace que por las mismas causas que doscientos años atrás se derogaron los títulos nobiliarios y los privilegios de sangre, hoy se deba poner fin de inmediato al rampante nepotismo y a las vergonzosas prerrogativas familiares que padece nuestro Estado.
La legión de fulanos, que sin más mérito que el parentesco con la familia Kirchner, ocupa altos cargos en la Administración (el Ministerio de Acción Social sin ir más lejos); el uso del avión presidencial, a costa del erario público, para llevar al nene al médico; los charters de Aerolíneas Argentinas para que los hijos del poder no se pierdan un partido de futbol; los 19 familiares del diputado Kunkel que según recientemente se denunciara y no se desmintiera, cobran del Gobierno; mientras el desempleo, la pobreza y la marginación social crecen desmesuradamente, son unos pocos ejemplos de esta escandalosa realidad.
En vez de fuegos artificiales, comparsas candomberas y sesgadas lecciones de historia oficial, un adecuado homenaje a la visionaria y progresista política de derechos humanos instaurada por la Asamblea del Año XIII sería respetar y hacer cumplir los principios de libertad e igualdad que la inspiraron.










