Afirmó no hace mucho José Manuel Durao Barroso (Presidente de la Comisión Europea) que el comercio es el modo más barato de promover el progreso.
Argentina, empero, ha tenido en los últimos años, políticas que han puesto al comercio internacional más por debajo de techos que encima de pisos. Las exportaciones descendieron 3% el año pasado y también 3% en el primer trimestre de 2013. Midiéndolas por resultados mensuales alcanzaron un nivel en agosto de 2012 que nunca repitieron, y mientras en ese tiempo superaban los u$s 7.000 millones (mensuales) luego por cuatro meses estuvieron entre los 6.000 y los 7.000 millones (mensuales), a partir de lo cual descendieron a un rango de entre 5.000 y 6.000 millones de dólares (mensuales) últimamente.
Las importaciones, mientras, descendieron 7% el año pasado en medio de restricciones varias.
Ahora, algo de notar es que en estos primeros meses de 2013 las importaciones suben 5% (a 16.076 millones de dólares). ¿Qué ha ocurrido? Por un lado, como se sabe, la energía tiene una respuesta: las importaciones, si se excluye de la cuenta a combustibles y lubricantes, fueron en verdad de 13.976 millones de dólares en el primer trimestre, igual cifra que en el primer trimestre del año pasado (13.979 millones de dólares). Pero, además, hay algo que agregar a ello: en el primer trimestre se han dejado subir todas las importaciones de bienes de consumo: las de bienes duraderos (37%), las de los semiduraderos (8%), las de no duraderos (8%), y las de alimentos y bebidas para el hogar (nada menos que 29%).
Escribió hace poco Enrique Valiente Noailles que no es que las convicciones guían nuestros actos sino que son nuestros actos los que delatan la calidad de nuestras convicciones. Si además del crecimiento de las importaciones de energía (inevitables) crecieron las de bienes de consumo, esto algo denota. ¿Es que acaso la inflación pesó tanto como la búsqueda de dólares en las políticas públicas? Y, en ese caso, ante la caída del superávit comercial (y la incidencia de la energía) ¿prevalecerán ahora los dólares o la inflación?. Los indicios marcan que se volverá a la cerrazón: luego, si es así, la inflación tendrá una barrera menos.
Por el lado de las exportaciones, la caída del primer trimestre muestra algo significativo. El descenso se explica por varios productos: trigo, aceites crudos de petróleo, aceite de soja, biodiesel, tubos, leche, naftas, porotos de soja, maníes, butanos, cueros, carne, gas, pellets de soja. Todos ellos son objeto de altas regulaciones (retenciones, afectaciones cambiarias, cuotas y cupos, controles de precios, etc.). Mientras, como para entender que pasaría si se hiciera lo contrario, algunas exportaciones se han elevado (aunque no llegan a generar un saldo global favorable): cebada, maíz, vehículos, sorgo, alimentos para animales, aluminio, peras, cajas de cambio, carne de gallinas, pellets de girasol, plata, ajos, oro, laminados de hierro. Todas, liberadas de regulaciones como las que soporta el grupo que cae.
Es mejor discutir resultados que intensiones. Y luego, de paso, sería bueno aprovechar la advertencia de Enrique Rojas: la derrota enseña lo que el éxito oculta.
La administración del comercio exterior muestra, entonces, caídas para exportaciones sobrereguladas, subas de las menos obstruidas, alzas para importaciones de bienes desalentados en su producción doméstica e imposibilidad de mantener la administración del comercio sin afectar algún objetivo (por caso: ante la suba de las importaciones: ¿elegir cuidar dólares o agregar oferta ante la alta inflación?). No pocos efectos de no pocas manos en el plato.
La pregunta no debería ser, pues, ¿hay que regular o no?, sino ¿para que hay que regular o no? Y, luego, ¿qué instrumentos tengo y como mido resultados? Y, ante la duda, recordar la vieja enseñanza de Kant: cuando alguien decide algo respecto de otro siempre es posible que cometa injusticias, pero toda injusticia es imposible para aquel que decide por sí mismo.